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Tomar la palabra
Por Agustín Ramos

Otra temporada en el infierno (III y última)

Democracia, elecciones, partidos, izquierda, derecha. Repetir palabras desgastadas. Repensar los fraudes de 1988 y 2006, que despojaron de la Presidencia a dos candidatos “izquierdistas”. Reconocer que, a diferencia de éstos, un candidato “derechista” contaba con un plan de acción en caso de que el régimen no respetara el resultado de la votación; así, mientras Cuauhtémoc Cárdenas reiteró denuncias, presentó pruebas que se siguen acumulando y encabezó protestas que sólo beneficiaron a los marchantes, terminó por desmovilizar a sus votantes en espera de tiempos mejores; López Obrador, aunque mejor entonado con la mayoría agraviada, también terminó cediendo a las presiones externas e internas; Manuel Clouthier, por su parte, supo iniciar un movimiento de resistencia civil que se enfilaba a la huelga general cuando sus compañeros de partido, cómplices de la tiranía priista, lo forzaron a trocar el sufragio efectivo por una reforma electoral inútil y vistosa. ¿Qué habría sucedido de contar Clouthier con el apoyo masivo de la ciudadanía?

Y, lo mismo, ¿que el gobernador de Chihuahua llevaría agua al molino panista de Anaya y estaba encubriendo a cómplices del asesinato de una periodista? ¿Que, aunque más honesto que sus correligionarios, seguía siendo un panista? Aun contestando que sí a todo, nada –ni siquiera el proceso electoral en curso– justifica las dioptrías políticas de quienes lo aislaron y descalificaron su lucha. Corral, como senador, se opuso en 2006 a la Ley Televisa, que había sido aprobada en minutos por los diputados con cínica unanimidad excusada por un jilguero estalinista. Corral vuelve a ser el único que denuncia y documenta lo por todos sabido: el financiamiento del PRI con dinero del erario que baja desde la Secretaría de Hacienda, por órdenes presidenciales, hasta los comités locales. Corral, repito, es el único gobernador entre los once panistas y cinco perredistas ganadores de gubernaturas antes ocupadas por priistas, que reveló esa triangulación a favor del PRI . Y México no se cimbró como había profetizado un auténtico extorsionador; por el contrario, hubo silencio, silencio ante la movilización de Chihuahua a Ciudad de México, silencio que sólo se rompió para calificarlo –a coro– de extorsionador, en vergonzosa sintonía con la línea melódica del principal sospechoso, el gobierno federal. ¿Que pasaría si Corral contara con… etcétera?

¿Que la candidata del Consejo Nacional Indígena dispersaría los votos de la izquierda? ¿Que no hay alternativa electoral al sistema de explotación depredador y mortífero que padece México? ¿Que los enconos derivados de estas dos candidaturas son de las cúpulas y no de las bases? ¿Que las firmas para Marichuy –aunque superan en valor y proporción las de los candidatos “independientes”– arrojan un saldo que excluye triunfalismos? ¿Que AMLO crece en las preferencias en la misma proporción que la ira de enemigos históricos cuyos nombres nadie se atreve a pronunciar? ¿Que esos enemigos históricos llegarán a donde puedan –y pueden mucho– con los medios legalizados e ilegales, institucionales y extraoficiales, para impedir un cambio adverso a privilegios e impunidad? ¿Que las encuestas, tan celebradas cuando dan ventaja amplia al único candidato popular en un siglo, se irán invirtiendo gradualmente y serán repudiadas demasiado tarde, cuando hayan cumplido su misión legitimadora y dicten un empate técnico? ¿Que ese y otros fenómenos ya se vivieron aunque ni el caudillo ni sus seguidores los quieran y puedan recordar y superar? ¿Que con o sin cabeza pasó la hora proletaria? ¿Que no obstante/ o más bien precisamente por/ nuestra homologación con la modernidad democrática, la miseria política global y la pudrición omnímoda del PRI y sus engendros colocan el destino del país en un sitio diferente a las casillas? Sin izquierda ni derecha, sin democracia ni libertad, sin ninguna seguridad de respeto a la voluntad mayoritaria, ¿es aconsejable la abstención?

Pese a/ y por todo/ lo anterior, una voluntad colectiva sigue erigiéndose desde abajo, por encima y en los márgenes de los comicios de julio y de los protagonismos. Imposible dar la espalda a los indígenas, a las mujeres, al periodismo heroico, al traspatio de provincia y de las redes y, menos todavía, a quienes van a resistir mediante el voto. Hoy lo único realista es resistir mediante el voto y defenderlo a toda costa antes, durante y después…

 

 

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