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Vidas fragmentadas
'Mestizas', Affinity Konar, traducción de Fernanda Melchor, Editorial Océano, México, 2017.
Por Elena Méndez

Uno podría pensar que ya se ha escrito lo suficiente sobre la segunda guerra mundial, sobre los nazis, sobre Auschwitz, pero son infinitas las historias, como infinitos fueron los padecimientos de sus víctimas. El asunto, claro, es cómo abordar el tema sin caer en maniqueísmos.

Mestizas, de Affinity Konar, es una novela que sale más que airosa de ese desafío. No sólo cuenta con personajes verosímiles, bien construidos, llenos de matices, sino sabe mostrar la belleza que hay en el mundo aun en medio del horror. La autora declara, en su página oficial, ser una judía polaca cuyo abuelo sirvió en la segunda guerra mundial, así que creció escuchando anécdotas al respecto; asimismo, que a los dieciséis años ella leyó una obra titulada Children of the flames, de Lucette Lagnado y Sheila Cohn Dekel, que le hizo desear escribir sobre este amargo episodio de la humanidad.

Las "mestizas" son Stasha y Pearl, mellizas idénticas, judías polacas en la pubertad. Han sido felices al lado de su padre, su madre y su abuelo paterno. Pero su origen y su condición de gemelas las condenan a un terrible destino: ser conejillos de Indias del doctor Josef Mengele, el Ángel de la Muerte.

Mengele, como estudioso de la herencia genética, estaba obsesionado con analizar todos los casos posibles de nacimientos múltiples y de personas con características anómalas, en su afán de contribuir a la ansiada “raza aria” para el delirante proyecto del Tercer Reich. Stasha y Pearl alternan sus testimonios, de manera que sus perspectivas se van complementando o contradiciendo. Así, narran los supuestos privilegios que el Tío –como se hace llamar el siniestro médico– les promete a cambio de prestarse a los experimentos; el martirio de verse mermadas física y espiritualmente; la rapiña que se suscita entre los mismos prisioneros, que no tienen compasión ni de los cadáveres; las macabras diversiones que ingenian los niños; la incertidumbre al verse separadas, fragmentadas…

Konar se muestra ampliamente documentada al mencionar casos verídicos muy específicos, como el de los gemelos que fallecieron gangrenados al ser suturados por la espalda para convertirlos en “siameses”; o el de la familia de artistas liliputienses que servían como bufones para los nazis. La obra cuenta con personajes secundarios que cobran una grandeza insospechada, como la albina Bruna, un personaje rebelde y picaresco, que toma a las gemelas como protegidas; Paciente Número Azul –o Feliks–, un niño “fenómeno”, gran aliado de Stasha cuando todo se complica; la doctora Miri, a quien Pearl le toma enorme afecto al entender sus razones íntimas; el enano Mirko, que muestra una nobleza que nadie imaginó….

Si bien la lectura tiene un ritmo fluido, conviene demorarse para apreciar mejor el lenguaje pulido, las hermosas imágenes, la filosofía que estas páginas rebosan: “las horas del superviviente son distintas a las de cualquier otra persona, y cada minuto de ellas responde a una historia que no puede ser cambiada ni restablecida ni convertida en algo soportable”; “cuando el mal ha hecho lo que le place con nosotros, no siempre podemos saber quiénes somos, en qué podríamos convertirnos, de qué acciones seremos capaces”.

Mestizas: una novela que conduce al lector de la devastación a la esperanza.

 

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