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Cinexcusas
Por Luis Tovar

De feminicidios y horrores aledaños

Como publicó la querida colega Columba Vértiz en Proceso, de acuerdo con la versión oficial y según los datos disponibles más recientes, de 2015 a 2017 fueron integradas en nuestro país mil 640 carpetas de investigación por el delito de feminicidio, es decir, 1.5 en promedio diario durante dicho período, mientras que el año pasado se registraron 106 mil 706 llamadas de emergencia relativas a incidentes de violencia contra mujeres, para una media de 292 llamadas cada día. Aun sin considerar que dichas cantidades son apenas una parte de la realidad –verbigracia, el colega periodista Pedro Miguel, autor de la columna Navegaciones, habla de siete feminicidios al día en México–, por aquello de la cifra negra de lo que no se denuncia, los datos son escalofriantes.

A tres días de verificado ése que llaman “día de la mujer”, por lo regular mero pretexto para una retórica todavía más exasperante en razón de la realidad arriba descrita, abrir estas líneas sin mencionar por su nombre la barbarie en medio de la cual llevamos lustros y hasta décadas hundiéndonos –y de la que el acoso sexual, hoy tan denunciado, es una parte–, habría sido un despropósito imperdonable, pues de lo que se trata es de contextualizar al filme De las muertas (2016), dirigido por el egresado del CUEC José Luis Gutiérrez Arias, exhibido por primera vez hace exactamente un año en el 31 Festival Internacional de Cine en Guadalajara, y que apenas el fin de semana anterior accedió a la cartelera comercial.

Mujeres otras

Confeccionado en clave thrilleresca, el guión de Rubén Escalante Méndez narra los pasos de un periodista llamado Julio Bocanegra; tras entrevistar al sujeto que las “autoridades” ya consignaron como el autor material de dos decenas de feminicidios signados por una brutalidad extrema que incluye tortura, sadismo y violación, a partir de una muy natural y alimentada desconfianza de la versión oficial y del alegato del propio acusado, que se declara injustamente inculpado, Bocanegra hurga en la información disponible y, cumpliendo con uno de los tópicos del género, pasa de reportero a detective, no sin enfrentar en ese camino tortuosísimo la oposición de la policía judicial precisamente encargada de esclarecer los hechos.

Aun cuando Escalante Méndez y Gutiérrez Arias decidieron ubicar la historia en un lugar ficticio llamado Malagua, la referencia abierta a cualquier ciudad de la República Mexicana es totalmente obvia: lo mismo puede tratarse de Ciudad Juárez –urbe que inspiró los primeros bosquejos del argumento– que de Ciudad de México, en virtud de un diseño de producción pensado precisamente para conseguir tal universalidad. Algo similar sucede con el tiempo diegético, pues la historia bien puede ubicarse hace un año, tres, seis o los que sean, el mes anterior o la semana entrante; da lo mismo, pues una vez más el contexto real –para desgracia colectiva– confiere al filme una actualidad constante.

En múltiples entrevistas, el director ha declarado el interés, tanto suyo como de la compañía productora, de que De las muertas consiga impactar la conciencia del espectador por cuanto a la gravedad del tema que aborda; asimismo, ha explicado su elección en términos de tratamiento formal aduciendo la facilidad que brindan los recursos habituales del thriller para hacer más digerible el horror intrínseco que la trama lleva en el fondo. Si bien el riesgo que se corre es el de trivializar en cierta medida algo de suyo tan grave, convirtiéndolo por instantes en la mera y consabida pesquisa emproblemada del género policíaco, al concentrar el foco dramático en el desfacedor del entuerto más que en el entuerto mismo, no obstante el filme sale aceptablemente librado, virtud en la que colabora –en muy buena medida– la decisión de no incurrir en tremendismos visuales, que habrían resultado irremediablemente pobres e insuficientes si se considera la terrible posibilidad que tenemos todos los mexicanos de encontrarnos, un día sí y otro también, con diarias muestras gráficas, y hasta presenciales, de ésta que es acaso la más vergonzante de nuestras abundantes taras sociales.

Con todo y el horror del que se hace eco –y precisamente por eso–, es altamente positivo contar, como espectadores, con un filme que hable de mujeres tan en las antípodas de las que no tienen filtro y otras por el estilo en el mundo de ficción.

 

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