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La otra escena
Por Miguel Ángel Quemain

Las teatralidades equidistantes en el DF: el INBA

 

A partir de las funciones de Testosterona, de Sabina Berman, dirigida por Ana Francis Mor y ese aliento de lo comercial en el INBA, me pareció importante revisar y exponer aquí los proyectos teatrales institucionales más importantes en Ciudad de México. Cuando digo institucionales me refiero a los modelos ejemplares de facturar el teatro por parte de las iniciativas artísticas privadas y las que patrocina el Gobierno Federal a través de las instancias de la Secretaría de Cultura como Bellas Artes, el Cenart, el Fonca y todo el sistema programático de lo que entendemos y muchos aceptan como el proyecto cultural de esta administración federal.

Habría que empezar por dar cuenta de lo que viene para la Compañía Nacional de Teatro y empezar a distinguir la autoridad artística y administrativa de Luis de Tavira y la de Enrique Singer, diferenciar los planes programáticos de las iniciativas personales, que marcan una manera de conducir a la Compañía, y observar los compromisos institucionales que adquiere de manera inevitable por acuerdo de las cúpulas administrativas.

Ahí pactan, se tienden la mano y organizan sus legitimidades artísticas a través de convenios, copatrocinios, apuestas que marcan las producciones de un sexenio, que muestran también las formas de continuidad transexenal y los huecos e iniciativas sostenidas por los monumentos profesionales que sostienen a la Compañía Nacional de Teatro. Monumentos marmóreos algunos, que, valga la metáfora, también le pueden caer encima a los más jóvenes y aniquilarlos o incapacitarlos de por vida.

Enrique Singer persigue un trabajo de conjunto con dramaturgos mexicanos que colaboren entre sí formando, con las iniciativas actorales, borradores literarios que se pretenden parte de un laboratorio que enriquece los procesos escénicos, convirtiéndolos en auténticas cátedras de dramaturgia, dirección, actuación y sugerencias espaciales, musicales y plásticas.

Van a estrenar en el primer semestre Instrucciones para ir al cielo, escrita y dirigida por Benjamín Cann, y El origen del mundo, de Jorge Volpi, así como Latir, de Bárbara Colio. Continuarán montando Conferencia sobre la lluvia, de Juan Villoro, en un trabajo sólido de Sandra Félix, tanto que Arturo Beristain ha hecho de ese trabajo un continuum que se presentará en abril en el Teatro de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica.

Hay un homenaje, cuyo origen y proceso desconozco, pero intuyo que viene de la gratitud de Luisa Huertas y Julieta Egurrola, a la figura de Víctor Hugo Rascón Banda, quien falleció en 2008 y cuya influencia en nuestro teatro permanece de maneras diversas.

Cuando se presentó la programación, Julieta Egurrola explicó por qué la Compañía Nacional reestrenará Desazón, una obra que sigue espejeándose con la realidad violenta y brutal de nuestro país. Dijo que fue estrenada en 2003 y se ha interpretado a lo largo de quince años. “El teatro es tan generoso que nos ha permitido envejecer con nuestros personajes, y Desazón es una obra que hemos seguido presentando en pequeñas temporadas.”

Alberto Lomnitz, titular de la Coordinación Nacional de Teatro (CooNT) del INBA, presentó su plan de trabajo y señaló que a partir de este 2018 se atiende lo que considera un “reclamo histórico”, pues se han mejorado las condiciones económicas de colaboración de los equipos teatrales, tanto actorales como creativos, ya que se han agregado dos nuevos pagos a cada producción. Ahora se les pagarán los ensayos a los actores, y al equipo creativo se le pagará cada función y no por temporada, independientemente del éxito que alcance en la taquilla.

A pesar de ese logro, el plan de Lomnitz fue recibido con desdén y reclamos de algunos medios y sectores del gremio teatral nacional, dado que la atención a los grupos del interior del país es mínima en la programación, como se puede constatar en www. teatro.bellasartes.gob.mx y en sus redes sociales.

El reclamo es justo, pero va más allá de las intenciones y posibilidades de Lomnitz. Creo que se ha hecho oídos sordos a sus señalamientos diagnósticos sobre el tema. Tal vez hace falta mayor énfasis en la problemática que explicó en el marco del programa. No es lo mismo ser el gran artista que es, que lidiar con una burocracia tan indolente en todos sus niveles, de lo federal hasta lo municipal.

No se quiere reconocer que falta apoyo al teatro en el interior, compañías estables y añejas que no cuentan con apoyo suficiente en sus entidades, para poder presentarse en escenarios con tantas posibilidades de convergencia nacional como los que hay en Ciudad de México.

 

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