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Artes visuales
Por Germaine Gómez Haro

El mecenazgo en el siglo XXI

 

En días pasados fui invitada a asistir a la ceremonia de entrega de la IV edición de los Premios Iberoamericanos de Mecenazgo que se llevan a cabo en Madrid por iniciativa de Carmen Reviriego, presidente de Wealth Advisory Services, firma independiente especializada en asesoramiento e inversión en arte, y también impulsora de la Fundación Callia (que significa “hermoso” en griego). Anualmente esta fundación reconoce la labor de dos grandes mecenas, uno español y otro latinoamericano, con el fin de dar a conocer a los grandes líderes empresariales y principales instituciones iberoamericanas que se destacan por su compromiso en la conservación, promoción y difusión del patrimonio y el talento artístico de Latinoamérica. Asimismo, Callia organiza los encuentros de “La suerte de dar”, en los que prestigiados mecenas internacionales comparten sus experiencias personales en torno a la filantropía y el mecenazgo. A decir de Carmen Reviriego, considerada “la mecenas del mecenazgo”, el objetivo de sus iniciativas es, ante todo, inspirar a las personas a compartir su sensibilidad a través del arte y proporcionarles las herramientas necesarias para que se pueda ejercer el mecenazgo. Con el mismo fin ha publicado varios libros, entre ellos La suerte de dar, en el que conversa con grandes filántropos y mecenas sobre sus motivaciones para compartir: “Convencemos a empresarios de que, si coleccionan arte, y si se hacen mecenas, van a ser mejores personas y mejores empresarios.”

Los Premios Iberoamericanos de Mecenazgo cuentan con un jurado de excepción especializado en el mundo del arte y la cultura que avala la excelencia de este reconocimiento. Los galardonados de las ediciones anteriores son todos personalidades destacadas cuya labor filantrópica ha dejado huella más allá de las fronteras de sus países. Entre ellos están las españolas Mayte Spínola Barreiros (Asociación Proarte y Cultura) y Elena Ochoa-Foster (Editorial Ivorypress), la colombiana Solita Cohen (Fundación Misol), la mexicana Bárbara Garza (Fundación FEMSA), Carlos Fitz-James Stuart, Duque de Alba, (Fundación Casa de Alba) y Patricia Phelps de Cisneros, destacada coleccionista y mecenas venezolana quien donó el año pasado al Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) un importante corpus de alrededor de 150 obras que conforman el panorama completo de la abstracción geométrica en Latinoamérica de los años treinta a los setenta, aunado a la creación de un instituto de investigación en el mismo museo que se dedicará al estudio y promoción del arte latinoamericano. En esta reciente edición fueron premiados la baronesa Carmen Thyssen Bornemisza (Fundación Colección Thyssen Bornemisza, Madrid) y el ingeniero Carlos Slim, cuya Fundación que lleva su nombre ha sido reconocida por la revista Forbes como la iniciativa más benefactora en México.

Una iniciativa como ésta resulta altamente inspiradora si consideramos que en los países latinoamericanos la cultura del mecenazgo está en pañales en comparación con nuestro vecino del norte y los países europeos. Si bien la brecha está abierta, nos falta un largo camino por andar, el cual deberá ser fertilizado con mayores incentivos fiscales a las empresas y con la labor de sensibilización en cuanto a la cultura de dar y compartir a través del arte. En entrevista especial para La Jornada Semanal, Carmen Reviriego expresa las motivaciones que avivan su pasión por el arte y su incansable labor de promoción del mecenazgo: “En las sociedades más ricas nos pasamos la vida corriendo. Vivimos inmersos en una sociedad de consumo en la que cuando no estamos produciendo, estamos consumiendo. Las sociedades más deprimidas económicamente son prisioneras de las necesidades más básicas, que incluso trabajando de sol a sol no llegan a cubrir. Unos y otros, al final todos esclavos, condenados a este invierno del alma de insatisfacción y de desesperanza que produce en nosotros una especie de desconexión de nosotros mismos y que nos lleva a funcionar como robots. Y las máquinas no están vivas. ¿Puede haber una causa más hermosa que la de recordarle al hombre que es hombre para que viva en paz consigo mismo, y así viva en paz con los demás? Yo creo sinceramente que no.” A su sentir agrego aquí el luminoso aforismo del gran Dostoyevsky: “La belleza salvará al mundo.”

 

 

 

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