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Bitácora bifronte
Por Ricardo Venegas

Panorama de la poesía mexicana

 

Las distancias entre las generaciones y grupos de poetas en México cobran vigencia; los grupos literarios siguen estando ahí. En un sistema de vasallaje y servilismo, un poeta actual enfrenta un panorama hostil, pero al mismo tiempo el gozo literario. Entre las generaciones podemos situar, por ejemplo, a los Estridentistas y en otro a los Contemporáneos: si los primeros menoscabaron las escuelas para sumergirse en el desfogue de los sentidos, su libertad, el sueño surrealista de André Breton (y su definición del surrealimo lo constata: “Una realidad por encima de la nuestra”), los segundos, inmersos en el clasicismo europeo y español, advierten en Charles Baudelaire a un maestro que consigna, entre otros, el interminable y eterno tema de la poesía: el amor, que en Walter Benjamin se tradujo no sólo al de la primera vista, sino al “amor a última vista”. Stéphane Mallarmé, con su fabuloso tema de la página en blanco, también fue maestro innegable –e inevitable– para muchas escuelas y generaciones. Pensaron en el poema no como en una emoción, sino como en un impulso. Al hablar de la blancura de la página, Mallarmé se perfila como el poeta que da tratamiento al tema de la creación, el arte en potencia, en gestación, lo que más tarde los lingüistas llamaran “la literatura posible”. También se torna influencia de muchos la presencia de Paul Valéry, para quien “la poesía es una fiesta del intelecto” (lo que el cubano Lezama Lima llamó “la fiesta innombrable”). Su comparación de la marcha con la prosa y de la danza con la poesía continúa siendo uno de nuestros temas a tratar en la teoría de la literatura, sobre todo para los formalistas rusos. La danza es una actividad artística, pero también intelectual en Valéry, quien además insiste en que “un poema no se termina, se abandona”.

Como es posible advertirlo en nuestra lírica, la poesía mexicana también ha oficializado a sus poetas. No sólo pueden leerse los mismos nombres que se repiten una y otra vez con galardones, premios y becas; las mafias se contestan autopremiando a sus agremiados. La carencia de talento nos acerca más a los usos y costumbres de la política que al Parnaso literario.

Máximo Cerdio (Chiapas, 1964), escritor y periodista, sostiene la experiencia vital que testifica el camino andado. Máximo es chiapaneco, cuna de grandes poetas, como Jaime Sabines y Efraín Bartolomé. El tono de sus poemas tiene variaciones, diversos registros, condición necesaria en una poética viva que busca su propia biología. En el “Poema de la banca (en la que se sentó Jennifer López), dice: “Me mean los perros,/ Todos los días soporto la lluvia,/ El aire;/ Todos los días la gente se sienta sobre mí,/ Y yo no digo nada/ (para eso estamos)/ Pero aquí, culeros,/ Here,/ Un 4 de junio/ Sobre mí/ Se posó/ El mejor culo del mundo./ Aquí, pendejas (les digo a las/ Demás bancas)/ Se sentó Jennifer López./ (Y entre nos, me echó un pedito.)”

Un aire fresco recorre la poesía actual, sin duda un panorama por descubrir y leer.

 

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