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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Taylor y Takahata, colaboración post mortem

 

Grabada para el documental sobre free jazz Imagine The Sound (1981) del realizador Ron Mann, la “Improvisación #3” de Cecil Taylor presenta muchas de las mejores premisas del género. Su técnica pianística es indiscutible. Su dinámica e interpretación son absolutamente persuasivas. Su imaginación oscila entre la furia instintiva y pasajes de reflexión poética. Su creatividad –que no es lo mismo– resulta reveladora como pocas. Viendo esa ejecución en Youtube (así es, la puede presenciar ya mismo), atestiguamos la química profunda de su fuego, el encadenamiento de gérmenes melódicos-rítmicos que acusan evolución constante y prodigiosa. Dicho en otras palabras: pocas veces podemos sorprendernos tan gratamente con la materia de un artista dedicado en cuerpo y alma a los avatares de la libertad espontánea.

¿Pudo terminar de leer esas líneas? ¿Le parecieron oscuras? ¿Le quitaron ganas de otorgarnos unos minutos de su domingo? Lo entendemos. Por lo mismo nos pareció increíble –literalmente hablando– que llegada la muerte de esta mítica leyenda del jazz su nombre ocupara un lugar en el llamado Trending Topic de Twitter. O sea: que causara sorpresa a una gran cantidad de gente común, melómanos de a pie que en ratos de lectura o preparación de pasta italiana en la cocina sabatina, gustan de provocaciones auditivas de altos vuelos. ¿De verdad?

¡Mentira! Si tanta gente en México tuviera la sensibilidad de escuchar –si conocieran y valoraran– a artistas como Cecil Taylor no estaríamos como estamos. Punto. Esos arranques de hipocresía estética sólo demuestran la capacidad de nuestros disfraces-de-un-minuto, como si celebrar aniversarios y onomásticos de escritores, pintores o escultores nos puliera el podrido magín que cada día se entrega al egoísmo. También demuestran, por supuesto, que la cantidad de gente activa en esas plataformas es mucho menor de lo que imaginamos. Eso es evidente cuando no hay festivales, finales de telenovela, premiaciones o eventos puntuales que disparen sus matemáticas bolas de nieve.

Más creíble parece, eso sí, que los amantes de las redes aplaudan en Twitter la vida del gran Isaho Takahata, muerto en Japón el mismo día. A él se deben dos joyas impulsadas por los Estudios Ghibli (de su amigo y competidor Hayao Miyazaki). Nos referimos a La tumba de las luciérnagas y La princesa Kaguya, obras cumbre de la animación nipona. Así es. Takahata era un artista gráfico y literario, no un músico, pero igual celebramos su paso por la vida pues, como Taylor, compartió el hermoso oficio de la creación extrema. Así pues, leyendo ambos nombres en Twitter se nos ocurrió un experimento que deseamos recomendar.

Lejos de la ingenuidad de quienes sostienen que Pink Floyd musicaliza secretamente The Wizard of Oz con su Dark Side of the Moon –factoide total–, y a sabiendas de que se trata de un diálogo imposible en tiempo y en espacio, ingrese por favor a internet y abra dos ventanas de su navegador predilecto. Dirija ambas a Youtube. En la primera reproduzca la película The Grave of The Fireflies, de Isaho Takahata, y baje todo el volumen (¿subtítulos?); en la segunda haga play a este disco: Silent Tongues, de Cecil Taylor. Póngase cómodo y renuncie al mundo por un rato. Observe esa entrada de piano, escuche los andenes del triste ambiente subterráneo. ¿Le faltan coincidencias lectora, lector? Constrúyalas con la furia que almacena semana a semana, esperando un mundo que no llega.

Opción diferente es que encuentre la improvisación de Taylor en el funeral de ese otro grande del free jazz, Ornette Coleman, muerto en 2015. Acordes aislados, agudos, espaciados… inicio de una melodía dulce, en trémolo… Comienzan las tensiones en la zona media del piano... Frases repiquetean insistiendo en la séptima de la escala menor armónica, se forman los violentos arpegios que hicieran famoso al músico... Se desata el impresionismo galáctico que tanto importara a su amigo Coleman. Cuesta trabajo creer que ese anciano sentado al piano sea el origen de la parafernalia estelar que estamos escuchando. Dice adiós… ha trazado el arco de una vida tan singular como la suya propia. Aplausos.

O puede ser que para despedirse de Takahata prefiera la película Goshu, el chelista. Realizada tras Panda Go!, pero antes de Mis vecinos los Yamada y Pompoko; en ella encontrará fuerzas que lo impulsaban. La vida sencilla que se complica por factores externos que obligarán a madurar y, finalmente, a ser mejores. Como quiera que prefiera, acérquese a estos artistas excepcionales muertos el 5 de abril pasado. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

 

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