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Cinexcusas
Por Luis Tovar

Rafael Aviña en las profundidades del mex noir

Es imperativo darle la voz al maestro, de modo que la cita es larga: “Pese a que no se trata de una producción muy amplia, el mex noir y el cine mexicano de temática policíaca y delincuencial fueron una de las manifestaciones fílmicas más inquietantes y provocativas, sepultada por esa otra cinematografía de prestigio nacional que traspasó fronteras. Poco valorado en su momento, e incluso hoy en día, el cine negro mexicano ostenta relatos a la altura de lo mejor del género desde su propio contexto nacional y con sus evidentes limitaciones de producción.”

Más adelante, en el mismo texto: [el mex noir es] “…una suerte de subgénero o movimiento estético que estiliza al máximo sus argumentos y su puesta en escena, explorando al límite sus conceptos de moralidad. Un estilo y una premisa, donde lo nocturno y lo hormonal se catapultan en una vorágine de sexo, maldad, heroísmo, muerte y predestinación fatal, cuyos destellos fulguran en la penumbra y en las sombras de una ciudad perturbada o una provincia misteriosa y solitaria. Desde finales de los años treinta y, sobre todo, en los cuarenta, la radio, la historieta y el cine se trastocaron con rapidez en un intrigante espejo social. Así, notables cineastas y eficaces artesanos se foguearon en tramas criminales de bajo presupuesto a la sombra de un cine oficial y de prestigio.”

El que habla es el insustituible y entrañable colega Rafael Aviña, y sus palabras han sido entresacadas del prólogo a Mex noir, cine mexicano policiaco, el más reciente de los ya varios volúmenes que ha publicado, por cierto muchos de ellos orientados por un interés común: el de recuperar, dar a conocer y reflexionar en torno al género negro cinematográfico, tanto mexicano como internacional. Basten como ejemplos previos los títulos El cine oscuro. El placer criminal: crónicas del infierno (Times Editores, 1998) y Orson Welles en Acapulco (y el misterio de la Dalia Negra), publicado por Conaculta en 2013, así como la sección “Los expedientes secretos (Me)X”, que durante alguna época publicó en la hoy extinta revista Cinemanía.

En Mex noir, Aviña sostiene –y con sobrada razón– que, de todos los géneros fílmicos, “el cine negro mexicano [es] el más perturbador y audaz”, que en su factura “proporcionó elementos psicológicos, sociales y en ocasiones poéticos a géneros de simple explotación como el drama policíaco, o el melodrama de temática homicida o detectivesca”.

Desarrollado desde finales de la década de los años treinta y hasta principios de los cincuenta del siglo anterior, ese cine supo ser atractivo para las grandes masas de espectadores, sin que tal condición lo obligase a la complacencia ni a la morigeración de su valor como elemento denunciante de una realidad bastante menos digna del optimismo oficial de aquel entonces, es decir el de Miguel Alemán y su “México moderno”, según el cual este país podía cambiar su nombre por el de Jauja. Como resultado de una investigación a fondo y, a partes iguales, de la pasión que siempre ha sentido por estos ámbitos fílmicos, Aviña revisita cintas emblemáticas del cine negro mexicano como La noche avanza, En la palma de tu mano, Distinto amanecer y A la sombra del puente, entre muchas otras, lo que es tanto como decir que pasa revista a momentos cruciales/cumbre de la trayectoria de cineastas insoslayables como Alejandro Galindo, Roberto Gavaldón, Chano Urueta y Juan Bustillo Oro, por mencionar sólo un póquer.

“Atípico y casi clandestino”, como lo describe el autor, el cine mex noir es reflejo fidelísimo del espíritu de una época, pero vista desde su lado más oscuro –“ese México de noche […] con sus elementos de sensualidad, sangre, pavor y paranoia”–, y no a través de esa otra filmografía canonizada que tantos han querido entender como si fuese la única del lapso conocido como Época de Oro. Contra esa simplificación, mero fruto del desconocimiento e inevitablemente deformadora y prejuiciada, Aviña propone una relectura cinéfila capaz de captar en las tramas, los contextos, los personajes y los diálogos de ese cine, un valor que por supuesto va mucho más allá del meramente nostálgico y alcanza el nivel de radiografía social, emocional e incluso política, en más de un caso.

Bien por la Cineteca Nacional, que se dio a la tarea feliz de editar el libro, y mejor aún por quienes no se hayan acercado antes a esta filmografía riquísima y a partir de la lectura sientan el deseo de abordarla, lo mismo que quienes, conociéndola, podrán ampliar enormidad sus perspectivas.

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