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La otra escena
Por Miguel Ángel Quemain

Convergencia, un teatro sin fronteras

En el recorrido de los proyectos teatrales que se desarrollan en Ciudad de México, El Círculo Teatral es uno de los más completos por la capacidad de incluir un proyecto pedagógico, contar con un repertorio y ser la sede de un proyecto creativo que ha aportado al conjunto, como el taller de dramaturgia de Estela Leñero, que también es un espacio de crítica y análisis del teatro contemporáneo y un espacio anfitrión que hospeda –con benevolencia y empatía– la itinerancia de muchos artistas que carecen de foros y/o que trabajan montajes con fechas de caducidad o de término muy precisas y encajan en los espacios como los que había en su afectada sede.

Un arte para sobrevivir y hacer sobrevivir; una idea del teatro viva y poderosa desde los inicios de esta aventura teatral, que este mes cumple quince años; que logró un trabajo autofinanciable e independiente no sólo en su estética sino en el manejo de sus recursos financieros y en la administración de una complicidad generosa, que en varios kilómetros a la redonda no tiene parangón.

A poco más de seis meses, el gobierno de Ciudad de México todavía no da luz verde para la demolición del inmueble que permita empezar la siguiente etapa de reconstrucción. Eso es lo urgente, dice Carpinteiro, porque los esfuerzos de la comunidad de amigos están ya ofertados y es necesaria una respuesta rápida de las autoridades capitalinas.

Si bien es cierto que no están peleados con lo comercial ni con los medios electrónicos, sí lo están con la mezquindad y la falta de compromiso. No deja de sorprender la solidaridad de muchos colegas que, en estos días aciagos, muchos, pero muchos de ellos, les han devuelto mucho más de lo que han recibido de El Círculo. Esto alienta para arrancar en una sede que estará pensada desde su construcción como un teatro.

Hay que mencionar que parte de ese esfuerzo para recuperar sus espacios es el montaje de 3:45 Am, de Verónica Musalem, dirigida también por Carpinteiro, con la actuación de Ángeles Marín, que se presenta bajo la modalidad de recorrer distintos espacios (principalmente en sábado) donde se pueda realizar este monólogo, armando así, al modo de una gira, varias presentaciones que se realizan con previa reservación; mayo está prácticamente agendado (55531383). La danza circular de María es otra obra en repertorio después de cuatro años, con la misma actriz y la misma dirección, que recorre distintos escenarios en los estados.

Teatro sin Paredes, sin muros, en libertad

Teatro sin Paredes es uno de los conjuntos teatrales más consistentes y creativos de la escena mexicana. Congruentes, valientes y arriesgados con estéticas o modos de concebir la belleza, que algo guardan de melancólico, de vitalidad oscura, beligerante y creativa, algo que se presenta también como una luz al final del túnel, opcional para quien comparte sus indagaciones, que son laboratorios del ejercicio del albedrío y la meditación activa y contestataria de un mundo que vive en la obediencia, la subordinación, la enajenación de los valores sustantivos.

Muchas veces muy concentrados en entender al mundo como dicotomía, bajo la lupa de las decisiones correctas y las equivocaciones que comparten con un público que a menudo es llevado a comprometerse con una opción, su teatro está lleno de vitalidad y riesgo. A menudo apoyado por las instituciones e incluido en espacios consagrados y consagratorios, que van desde el conglomerado de teatros del Centro Cultural del Bosque a la Casa del Lago, conservan su manera de trabajar que los distingue también como uno de los lugares y modos de hacer teatro de enorme originalidad: la capacidad de tejer una dramaturgia grupal, de crear también condiciones para que sus miembros la produzcan y los proyectos permanentes se transformen en publicaciones que le dan consistencia.

Ahora llevaron Last man standing, de Jorge Maldonado, al Teatro El Granero. Escrita sobre la escena y dirigida por David Psalmón, se trata de un ejercicio actoral y dramatúrgico sobre el boxeo, que incluye también una profunda reflexión sobre lo que significa dirigir y actuar, escribir para la escena. Hay que destacar a Maldonado (1988), porque no sólo es una figura nueva sobre la escena literaria mexicana, sino forma parte de esta tribu desde 2012, y ha participado en montajes hermanados estéticamente con éste.

Digo “tribu”, y no sé si sería más adecuado definir el trabajo exigente de Psalmón como una marcialidad épica o una épica marcial. Hoy es su última función en el CCB; vale la pena verla y discutirla en la próxima entrega, junto a la permanencia de esta compañía.

 

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