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Biblioteca fantasma
Por Eve Gil

Una mujer decente

Una exactriz porno desmantela, ella solita, una organización que prostituye niñas rumanas, húngaras y eslavas, y trafica con sus órganos cuando dejan de ser “atractivas” para su retorcida clientela. Tras semejante hazaña, Angel Dare abre su propia agencia de actrices porno, en regla y con todas las garantías laborales para sus trabajadoras. Realiza una crítica quijotesca de los títulos degradantes para la mujer que les aplican a los filmes Tres X: “Cerdas folladoras”, “Las putas no pueden decir no” o “Lo que sea por dinero”. Se enternece con los tipos que desean acostarse con ella, pero se cohíben porque temen que los encuentre demasiado “estándar”.

Angel Dare es la heroína de una novela titulada A la cara que va mucho más allá del noir y algunos críticos emparentan con el pulp. Su autora, Christa Faust (Nueva York, 1969), la denomina hardboiled, novela de crimen asociada con detectives y escaso o nulo sentimentalismo, como en Dashiel Hammett y Raymond Chandler. Angel Dare, ha dicho, es una versión femenina y más compleja del típico protagonista hardboiled: el tipo solitario y duro que no permite que la moral le imponga límites cuando se trata de caminar por el sucio mundo del hampa.

Christa Faust, que tiene una máquina de escribir tatuada en el ombligo, no ha hecho porno, pero trabajó en una peep show de Times Square como “chica de cabina”. Acudió a la universidad y llegó a impartir clases de literatura. Escribió una novela a cuatro manos con una gran autora del género de horror, Poppy Z. Britte, titulada Triads. Christa empezó con el splatterpunk, especie de gore con sensibilidad punk y existencialista, donde, por lo general, los protagonistas son zombis, sin embargo fue Money shot, publicada en castellano bajo el título A la cara, editada en España por Valdemar, la que la consagró.

Una de las razones por las que eligió como heroína a alguien con las características de Angel Dare, es que estaba harta del estereotipo de las actrices porno como víctimas patéticas… aunque un par de sus personajes encajan en el modelo de las que se dejan transformar en muñecas inflables que apenas se mantienen en pie por el peso de sus pechos de utilería. Es una chica racional que ingresó al “negocio” por gusto y no porque algún novio le sorbiera el coco, como a Linda Lovelace. No puede faltar una secretaria listilla y medio puta, la encantadora cincuentona Didi, también exactriz porno que trabaja a las órdenes de Angel y continúa vistiendo prendas ajustadas y ligando en los bares, y ambas tienen un corazón de oro que se conmueve con las muchachitas que pretenden salir de la miseria a través del porno… aunque aparezcan acarreando un enigmático maletín negro.

Angel recibe una llamada de Sam, que dirigió la mayor parte de sus películas, actualmente casado con otra exactriz porno que ahora se dedica a hornear galletitas. Le suplica a Angel que trabaje en su nueva película porque el actor protagónico, Jesse Black, un nuevo divo, está empeñado en no filmar con otra que no sea ella. La exactriz alega que está retirada, pero Sam insiste con algo que suena a desesperación… y Angel no soporta ver sufrir a sus amigos, así que se presenta en una casa que más parece set de película de fantasmas. La violencia comienza de inmediato con una interminable sesión de puñetazos emprendidos por el joven y guapo Jesse Black contra la recién llegada. Dos más mantienen encañonado a Sam, que no deja de rogar por la vida de su esposa que, al parecer, tienen secuestrada. Lo que les interesa saber es dónde escondió Angel “el maletín”… y tardará un buen rato antes de recordar a la chiquilla rumana que ese día acudió a su agencia.

¿Cómo sobrevive una chica desnuda, medio muerta, atrapada en el interior de un maletero, despojada de su “arma de chica” contra acosadores? Lo que salva a Angel es su dignidad como mujer y un ardiente deseo de venganza contra quienes la han vejado. Deseo que crece cuando se entera de que Sam ha sido asesinado, y que, no conformes con “matarla”, han arruinado su buena reputación y su negocio sembrando pornografía infantil en su ordenador. A quien recurre Angel es a un policía retirado de origen mexicano-irlandés llamado Lalo Malloy. Por él se entera de que la policía la busca por el asesinato de Sam. Angel tiene dos misiones: escapar de la policía y atrapar a quienes han destrozado su vida. Sin embargo, terminará haciendo mucho…mucho más que eso. El escritor Duane Swierczynski no exagera cuando afirma: “A la cara consigue que la mayoría de las novelas policíacas parezcan tan excitantes como la postura del misionero un martes por la noche.”

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