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Cinexcusas
Por Luis Tovar

Inmemoriam Salomón, Marco y Daniel

El texto que sigue pertenece al radiofonista, cineasta y poeta Adrián González Camargo, autor entre otras obras del largometraje Enero y el poemario Todavía es mañana. Como indica el título de la columna, se reproduce aquí a la memoria de Salomón, Marco y Daniel, los estudiantes de cine brutalmente asesinados en Guadalajara, así como para hacer más visible la rabia y la exasperación social producidas por un estado de las cosas insostenible, que debe ser detenido de inmediato. #NoSomosTresSomosTodos #NoSomxs3SomosTodxs

Despertar sin ilusiones,

de Adrián González Camargo

[…]

Empezar a hacer cine es atarse el pie a una ilusión y vivir con globos hasta que al fin podamos despegar del piso. Los alumnos de las escuelas de derecho tienen la ilusión, algunos, de ser penalistas, otros jueces, unos cuantos de llegar a la Suprema Corte y otros emprender carreras políticas, tal vez ser diputados. Los alumnos de medicina tienen la ilusión de tener su propio consultorio, o trabajar en un hospital, algunos inyectarán botox y otros serán capaces de introducir un corazón ajeno en un cuerpo nuevo. Los alumnos de ingeniería civil tienen la ilusión de construir un puente, un edificio o una presa o desarrollar nuevos materiales. Los alumnos de cine tienen la ilusión de filmar películas, de terminar un cortometraje, luego un documental, luego un largometraje. Tienen la ilusión de sentarse en una sala de cine, rodeados de desconocidos y ver en la pantalla grande lo que les llevó años, aquello que aprendieron a hacer en equipo, pues uno de los principios básicos del cine es el trabajo en equipo.

Sin embargo, hace un mes, el 19 de marzo de 2018, Salomón, Marco y Daniel, ilusos que querían hacer cine y que tenían que hacer una tarea de su escuela, fueron a una casa equivocada. Fueron inocentes al equivocarse. Y es que equivocarse en México ya es fatal. Es como estar en Siria o en Irak. […] Hemos llegado a una perversidad del Estado que refleja en sus jóvenes la impotencia y el fallo. En la población más vulnerable, como en los bebés de la guardería ABC, están las consecuencias de la violencia, pero también en la ignorancia. En México, el Estado no sólo quita conocimiento, también quita el mínimo necesario para la supervivencia. Es como mandar a un hijo al desierto o a la selva sin nada con qué protegerse. Es saber que morirán y salir a las cámaras a decir: no renunciaré. Es ver a Saturno devorando a sus hijos.

¿Qué ilusión, que eso es el cine, puede nacer de este status quo? ¿Cuál está naciendo? Se llama La libertad del diablo, se llama Tempestad. ¿Qué haría Georges Mélies –el padre de la ilusión en el cine– si hubieran secuestrado a su hijo y lo hubiera encontrado muerto? ¿Seguiría soñando en el viaje a la Luna?

¿Deben seguir teniendo ilusión los estudiantes de cine, los de leyes, los de medicina, los de todas las carreras, posgrados, preparatorias, secundarias? ¿O será que ya nos mataron la ilusión? Es posible que sí. Es posible que muchos hayan escogido la cruda realidad, seguir cavando en ella sin saber que no encontrarán nada en el fondo. La cruda realidad que está hecha de restos humanos, de ácidos, de ojos sin parpadear que miran las atrocidades como si fueran habitantes de un pueblo en el medioevo que asistieron a una tortura en una plaza blica.

Tres estudiantes de cine. Dos eran de Baja California y uno de Nayarit. Foráneos que tuvieron la ilusión en Guadalajara, lejos o no tan lejos de sus tierras. Porque en este país, ser iluso nos lleva a trasladarnos, a dejar la familia y las raíces atrás. Porque en este país nadie nos dice que los campos están minados, que el precio de equivocarse es tan alto como la tortura, la muerte y la desaparición.

En un video que subió el mismo Salomón a Facebook, con la nota “ya tocaba ensayo”, se ve a él grabándose y después tocando la batería, ensayando con su grupo Betray Me (Traicióname). Salomón trae una playera negra y unas bermudas azul y negro. Su pantorrilla izquierda está tatuada.

No ha desaparecido Salomón. Tampoco Marco o Daniel. Como dice André Bazin, el cine es el embalsamiento del ser humano. Lo creamos para sobrevivir al tiempo. Hoy, los videos y las fotografías que subimos a las redes sociales han suplido esto. Triste o alegremente seguimos ahí, vivos en la virtualidad, en la memoria que se reproduce con un clic. Y gracias a esta permanencia de la imagen, que es como un sueño que puede repetirse cada vez que uno hace clic, tanto Salomón como Marco y Daniel siguen ahí y todavía no han desaparecido.

 

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