Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Tomar la palabra
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Tomar la palabra
Tomar la palabra
Por Agustín Ramos

El enigma y sus fórmulas

En los estertores de la guerra en Vietnam, Kurt Vonnegut pregunta por qué leen a Hermann Hesse los jóvenes. Su respuesta comienza como las solapas de los bestsellers:

Viajero frecuente cuyo atractivo proviene más de su soltería que de su apostura, les cae bien a mujeres, pobres y ancianos. Además es lo suficientemente rico e inteligente para anular los tedios maritales, laborales y espirituales. Disfruta pero no se clava en el sexo ni en la magia y su aventura siempre termina bien o con promesas seguras. Las historias de búsquedas con estos elementos, dice Kurt, gustan a los jóvenes de cualquier época y lugar, desde hace ochocientos años. Pero “el autor moderno que mejor las ha contado es Hermann Hesse”.

Kurt Vonnegut, empero, no escribe una solapa. Hurga a fondo en las obras más leídas del bestseller Hermann Hesse. “Su historia de búsqueda más simple, clara e inocente es Siddharta”, dice. Para Hesse los vagabundos “siempre encuentran algo satisfactorio: santidad, sabiduría, esperanza”. Esa clase de búsquedas siempre serán bien acogidas. Pero a Kurt no le satisface esta conclusión. Sería demasiado fácil, dice, explicar esta popularidad por sus dosis de romance y esperanzas y por una buena traducción. En consecuencia sigue averiguando qué atrae tanto de Hesse a la juventud estadunidense. Y parece que por fin deshace el enigma, lo que más jala a la juventud es… “El revoltijo desesperadamente anticuado y totalmente germánico llamado Steppenwolf.

Steppenwolf, El lobo estepario, forma una suerte de trilogía junguiana. Publicada en 1927, es la tercera, después de Demian (1919) y Siddharta (1923). El lobo… viene precedida de Kurgast o Huésped en el balneario (1924), y de Viaje a Nuremberg (1927), dos novelas “bisagra” entre Siddharta y El lobo… Nuestro detective, el agente Kurt, encontró la pista gracias a un roquero para quien las experiencias de los personajes de Hesse se asemejan a las de sus lectores, sienten la misma nostalgia ambivalente de atracción y repulsión por el hogar paterno, les gusta “el whisky sin soda/ el sexo sin boda/ las penas con pan” y rechazan profundamente la guerra.

Para nuestro detective, pues, no es el budista Siddharta sino el misántropo Steppenwolf lo que mejor expresa el poder magnético de las búsquedas novelescas de Hesse. ¿Por qué? Por su conservadurismo ante los avances tecnológicos, así como por el carácter fársico, chaplinesco, de su pacifismo. Este lobo, dice, “es uno de los personajes menos carnívoros de la ficción. Es un tonto y un mojigato y un cobarde. Es un cordero”.

A Kurt le irrita esta pose del lobo ficticio tanto como el pacifismo del autor: “Mientras sus ex compatriotas morían y se mataban en las trincheras, Hermann Hesse se psicoanalizaba con Jung en una pequeña tierra pacífica y multilingüe.” El prefijo “ex” subraya la opción de Hesse por la ciudadanía suiza, pero no es esa su máxima culpa, lo peor es el escapismo que representa esa “cultura alemana… que había hecho las maletas y se había escapado de Alemania antes del comienzo del holocausto”.

Sin embargo, el pacifismo y el escapismo de los jóvenes estadunidenses le molesta todavía más a Kurt. Les anticipa, je, que no tendrán a dónde ir luego de otro Holocausto… Y cual detective típico de novela negra, el extraordinario novelista Vonnegut soslaya el desciframiento del enigma puesto por la maldad contra la inteligencia, porque lo principal es reivindicar el Sistema y sus valores. EU perdió la guerra de Vietnam no sólo gracias al heroísmo vietnamita, sino también a las manifestaciones antibélicas de los jóvenes de todo el mundo, los estadunidenses sobre todo.

Quizá la búsqueda de Günther Baumann sea menos prejuiciada que la de Kurt. En su exposición de la influencia de los arquetipos y la individuación de Jung en las novelas de Hermann Hesse, señala que “los héroes de Hesse son tipos –más concretamente arquetipos– y no tanto personajes…” Tal confección propicia que en todas las épocas y culturas, los lectores se identifiquen con eso que personifica las “posibilidades fundamentales del ser humano”. ¡Lo mismo decía al principio el detective Kurt, cuando parecía escribir una solapa y descubría una debilidad literaria de Hesse consistente en no crear personajes sino en ilustrar arquetipos y procesos de individuación!

¿Será que escribir con fórmulas detectivescas, psicológicas o de cualquier otro signo dan de rebote una degradación en la calidad de la lectura? ¿O es al revés?

 

comentarios de blog provistos por Disqus