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Biblioteca fantasma
Por Eve Gil

Duermevela

 

Si nos atenemos al curioso método de escritura del escritor protagonista de la novela Tinieblas de un verano, fidedignamente autobiográfica –no es muy propio de los japoneses escribir novelas de carácter intimista–, Takeshi Kaikô (Osaka 1930- Chigasaki, 1989) nunca se trazó una línea, ni se impuso disciplina alguna: se dejó llevar por impulsos. El protagonista sin nombre pasa la mayor parte del tiempo dormido. Dicho por él mismo, despierta sólo para comer, evacuar y hacer el amor. Pero hay un muy particular despertar en que su primer arranque es tomar papel y pluma y “cultivar como árbol” lo que por poco no es novela (cree estar escribiendo un ensayo a partir del quietiv de Schopenhauer, la voluntad sobre el conocimiento). Y se le vuelve hábito retomar la escritura entre el sueño y la vigilia, saciado en todo sentido.

En términos productivos, es casi el Juan Pérez Rulfo japonés, hasta en el nombre, de lo más común y corriente. Su primera novela, Ciudad sin nombre, fue flagrantemente ignorada por la crítica. Pero un relato corto, “Pánico”, publicado en una prestigiosa revista literaria, causó furor. En Japón no se estila mucho mezclar literatura y política, pero Kaikô lo hace admirablemente en esta fábula satírica sobre un guardabosque que enfrenta la incompetencia y corrupción del gobierno. En 1957 obtuvo el premio literario más importante que el Nobel para los japoneses, el Akutagawa, con la novela El rey desnudo que expone las terribles presiones del sistema escolar sobre sus educandos. Tras consagrarse como escritor, Kaikô hizo lo más apartado de dormir que pueda uno imaginarse: aceptó una corresponsalía en la guerra de Vietnam donde habría de concretar una cruel pero hermosa novela, En el sol negro, que lo hizo acreedor al prestigiado Manichi Book Award, en 1968. Algunas de estas experiencias son retomadas en Tinieblas de un verano.

Publicada en 1972 en Japón, Tinieblas de un verano demora casi cincuenta años en llegarnos a través de la editorial mexicana Sexto Piso, y la impecable traducción de Gustavo Pita Céspedes, que pone gran cuidado en las peculiaridades de estilo en Kaikô, como la reiteración y la prolijidad en los detalles. El narrador es un amodorrado turista japonés en el París de consignas pintarrajeadas en las paredes del '68. Hasta la página 50, un comentario casual nos hace descubrir que se trata de un escritor. Se reencuentra con una amante que no ve desde hace diez años, atípica para ser mujer pero, sobre todo, para ser japonesa. Ninguno tiene nombre (los nombres propios son reemplazados por puntos suspensivos), pero también, mucho más adelante, cuando ya nos hemos habituado, encariñado incluso con la japonesa de grandes pechos, voluptuosa e independiente, experta en pizzas, que prepara una tesis de doctorado, se nos indica en un pie de página que se trata de Chiyoko Sasaki, que con el pseudónimo Chiyo Sasaki publicó un libro de viajes titulado Youkoso! Yaponga (1962), al que Kaiko le escribió la cuarta de forros. Pero de la autora Sasaki se ha perdido toda huella, excepto como la exuberante y misteriosa presencia en el hedónico universo de Tinieblas de un verano. Un hombre y una mujer maduros –él de cuarenta; ella un poco menos, tal vez– mantienen una relación por completo atípica, no una aventura, tampoco un matrimonio. Él, que vive en una pensión parisina, sin ninguna responsabilidad, no tiene empacho en seguirla a Alemania donde su relación sufrirá altibajos a veces brutales. El hombre desarrolla una especie de agorafobia, quizá porque en el apartamento de la mujer tiene cuanto necesita. Se rehúsa a ser visitado por los amigos académicos de la mujer, que también comienza a aislarse. Ella se acopla a la extraña dinámica que incluye alimentarlo con sus pizzas especiales, tener sexo desbocado y leer mientras él duerme. Es en el tedio que llegan a conocerse de verdad. Chiyoko es una japonesa que odia Japón… más bien experimenta ese amor no correspondido de quienes no son profetas en su tierra. Vive sufriendo el rechazo de una patria que la ha obligado a forjarse un destino en una tierra ignota, pero que la acepta como es. Tinieblas de un verano es una historia de amor entre un hombre que no ama (o eso dice), pero comparte la soledad de una vituperante mujer con defectos equiparables a sus preciosas cualidades. En sus últimos años, Kaikô, que murió de cáncer esofágico, escribió abundantemente sobre comida y se presentó en programas de televisión y comercial en calidad de gourmet… seguro en memoria de Chiyoko, la mujer más importante de su vida.

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