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Bitácora bifronte
Por Ricardo Venegas

El poema con humor

 

El estudio de las estructuras formales de los versos se deriva la corriente formalista que profesa el ruso Roman Jakobson. Ante la problemática del verso con ritmo y métrica, opta por clasificar a éste como una figura fónica con carácter de reiteración.

Se refiere a la rima que arrastra rasgos fonéticos por su constante reiteración, que afecta el ritmo del texto. A esto se le denomina paralelismo, que proviene de los estudios de G. M. Hopkins: “La fuerza de esta repetición consiste en engendrar una repetición o paralelismo que le corresponda en palabras o ideas, y, hablando en general y más como tendencia que como resultado invariable, un paralelismo más marcado, ya en su estructura, ya en su elaboración o en su tono, engendrará un paralelismo más marcado en las palabras y el sentido... al tipo de paralelismo marcado o saliente corresponden la metáfora, el símil, la parábola, etc., en donde el efecto se busca en la semejanza de las cosas, y el antítesis, el contraste, etc., en donde se busca la desigualdad.”

La ambigüedad es uno de los rasgos más importantes de la poesía y ésta se traduce en todos los elementos, no exclusivamente en la función poética del lenguaje, sino en las funciones que operan en un verso.

En su Teoría de la expresión poética (1952), Carlos Bousoño se propone desentrañar los secretos del fenómeno poético: cómo surge el lenguaje poético de la deslexicalización del lenguaje cotidiano y en qué se diferencia del chiste, por ejemplo, como en este poema de Guillermo Prieto: “La mujer es una pera/ Que en el árbol está dura:/ Cuando se cae de madura/ La coge el que no la espera/ Y goza de su hermosura./ Querer a una, no es ninguna;/ Querer a dos es bondá;/ Querer a cuatro y a cinco/ es gracia y habilidá.”

Así, en la literatura mexicana hay ejemplos insignes de humor, el cual nos muestra su cara desenfadada en pleno convivio con el arte de la poesía. Como lo dicta el poemínimo “Imposibilidad”, de Efraín Huerta: “Por ahora/ No puedo ir/ A San Miguel/ De Allende/ No tengo/ Ni para/ El/ Paisaje”, o el titulado “Conseja”: “Cuidado/ Amigos/ Las/ Experiencias/ Engañan.” El poema popular, al igual que el humor, retoma elementos del habla cotidiana y de la literatura. Arduro Suaves y sus periquetes lo saben: “–Los amorosos andan como ofrecidos. –Poeta: pavo real sin plumas. –Abominando de las ciencias sociales, me refugio en los suspiros de Marcel Proust. –Tiene oficio y beneficio, pero le falta talento. –Los líricos no pierden los estribillos. –Faltan mil y una noches para que termine mi felicidad. –Jurados conocemos, premiados ya sabemos.”

Cuando se lee un texto literario con humor es inevitable pensar en cuánto ganaría la poesía mexicana si abandonara su solemnidad de acontecimiento poético y dirigiera sus naves hacia la gracia del chiste o del desenfado. En sus distintos períodos, la aparición de estos poemas oxigena la producción literaria y nos otorga una alegría fugaz y duradera.

 

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