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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

¿Adiós a Gibson y Guitar Center?

 

Un adolescente de quince años pide a su mamá que le compre una guitarra en su cumpleaños. Semanas atrás, en la fiesta de un amigo, vio ese documental donde varios tipos rudos agitaban la cabellera con sendas guitarras en las manos. Entonces notó el asombro desconocido en ella, la niña que le gusta. Ha discutido el asunto con su hermano menor, quien está dispuesto a tocar la batería en lo que rápidamente podría convertirse en su primera banda de rock. Mentiría si no dijera que ya ha pensado en el logotipo y, claro, en el –terrible–nombre: Ánimas Anónimas.

Negociación de dos meses que finalmente lo lleva a comprar esa guitarra roja que vio en la tienda Veerkamp de la calle de Bolívar, en el centro de Ciudad de México, incluyó arduas sesiones de estudio para superar los exámenes de matemáticas y química, también visitas regulares a su abuela y, sobre todo, atención al bote de basura, los trastes sucios, la ropa debajo de la cama, las luces de la casa y los paseos del perro. Además, claro, ha ahorrado todos sus domingos. Digamos que se ha ganado su regalo. Gibson es la guitarra elegida. Les Paul su modelo. Marca legendaria, ha investigado que muchos de los grandes de la historia sucumbieron a su tímbrica: Jimmy Page, Bob Marley, George Harrison, Robert Fripp, The Edge, Billy Gibbons, Slash, Santana, Eric Clapton, Mick Mars, Steve Jones, Billie Joe Armstrong y Gustavo Cerati, entre muchos más que vieron en esa combinación de maderas, metales y circuitos un vehículo para rebelarse, para decirle a los demás que la identidad se puede modelar con sonidos y que mientras unos se alienan otros se despeñan en los abismos del rock. Sí, es un adolescente ingenuo.

Para satisfacer su deseo, Gibson creó múltiples variantes de la Les Paul a través del tiempo (SG, Recording, Studio, Standard, Custom, Signature…). En la mayoría de ellas incidió su creador, el guitarrista de jazz Lester William Polfuss –conocido como “Les Paul”– quien creara un primer prototipo eléctrico en 1941. Empero, no fue sino hasta inicios de los cincuenta cuando recibió el apoyo de Gibson, pues Leo Fender estaba sorprendiendo al mercado con su amada Telecaster. Desde entonces las guitarras de cuerpo sólido han sido un negocio millonario. Tanto, que Gibson se engolosinó y creció erráticamente, por lo que no es casualidad que justo cuando la cadena de instrumentos musicales más famosa y poderosa de Estados Unidos y del mundo, Guitar Center, anuncia un proceso de reestructura financiera so pena de cerrar sus casi trescientas locaciones, Gibson dé a conocer su propia bancarrota. Un efecto dominó en el que se ven inmiscuidas marcas hermanas que ambiciosamente adquirió con los años: Wurlitzer y Baldwin, entre otras.

Para explicar el fenómeno, se argumenta que las propias tiendas no han sabido modernizar su servicio para brindar una experiencia de compra en la que clientes y asesores desarrollen una comunidad de valores musicales verdaderos. Esto puede parecer romántico pero, ante la velocidad y crecimiento del comercio electrónico, hay pocas salidas en el horizonte. También se dice que la industria de instrumentos no pudo recuperarse tras la debacle económica de 2008. Otra explicación más proviene de los géneros que imperan en el mercado. Con una mayor tendencia hacia la música electrónica y a un pop que reduce la necesidad y simbolismo de la guitarra, su caída se acentúa aceleradamente cada año que pasa.

Es insoslayable, además, que los controles para el comercio de madera –especialmente del Palo de Rosa–, se hayan vuelto más estrictos, lo que complica la subsistencia de diversas marcas de instrumentos. Incluso ha comenzado a suceder que músicos en tránsito se ven detenidos y despojados de guitarras y bajos por no portar documentos que acrediten el origen de las maderas con que están hechos. Un laberinto de pequeñas cosas que, sumadas, generan enormes obstáculos a vencer. Sin embargo, algo de lo que se habla poco es de la relación entre los jóvenes y los videojuegos, pues se trata de una segunda generación relacionada con la pantalla y los botones. Allí está el principal veneno que intoxica a las guitarras y a los instrumentos en general (a los libros y los juegos de mesa, a los parques y deportes), pues las manos han cambiado el destino de sus habilidades.

Sin caer en melancolías, confesamos que ese adolescente que está a punto de adquirir su guitarra Les Paul roja sólo es producto de la imaginación y del recuerdo de cuando fuimos a comprar nuestro primer bajo. Aunque seguirá ocurriendo, todo indica que será con menor frecuencia. Entonces veremos otras formas de composición urbana, así como ignotas variaciones del silencio. Mientras no se pierda el interés por un reto que sea vehículo de la belleza... pero ya veremos. Buen domingo. Buenos sonidos. Buena semana.

 

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