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Cinexcusas
Por Luis Tovar

En la punta de la lengua

Desde una perspectiva analítica que se ocupe preponderantemente de la trama, la estructura narrativa y casi nada más, Sueño en otro idioma es un cuento bien contado en clave cronológica dual, misma que, como suele hacerse, está compuesta por un presente diegético y un pasado que se intercala por medio de flashbacks de duración menor o mayor, colocados a lo largo del pietaje con más o menos distancia entre uno y otro en función de las necesidades de ritmo y progresión dramática. Los protagonistas en ambos tiempos son naturalmente los mismos: Evaristo (Eligio Meléndez), Isauro (José Manuel Poncelis) y María (Nicolaza Ortíz Monasterio), ancianos ya en el presente de la trama, tienen a sus correspondientes protagonistas en Juan Pablo de Santiago, Hoze Meléndez y Fátima Molina, respectivamente, cuando el filme expone lo que sucedió en el pasado y que –cumplida la función primordial de la simultaneidad narrativa de dos tiempos discontinuos presentados como si fueran simultáneos– arroja luz y explica lo que sucede en el presente.

En cuanto a los pormenores de la trama, aquí y allá circula una sinopsis que los explica, si bien a título de suficiencia: Isauro y Evaristo son los dos últimos hablantes de una lengua originaria en riesgo de desvanecerse con la muerte de ellos, y sucede que por desavenencias muy añejas dejaron de dirigirse la palabra hará unos cincuenta años. Enterado del asunto, un antropólogo hace el intento de reconciliarlos para recoger, en audio, la riqueza de ese idioma en vías de extinción.

Quiso cierto convencionalismo que se añadiera una subtrama de enamoramientos ni siquiera contrariados, algo sosos por lugarcomunescos, pero que por fortuna no alcanzan a estorbar al verdadero interés de la película. Quiso también cierta inclinación literaria –que se diría garciamarqueana o rulfista– rubricar la historia con un realismo mágico que hizo a más de un colega fruncir el ceño y hasta la nariz pero que, en opinión de este ponepuntos, lejos de anacronizar al cuento reivindica buenos atributos de una pulsión narrativa que, sólidamente concebida y puesta en práctica, siempre tendrá algo que aportar a esa suerte de neorrealismo crudo en el que –cuando no se trata de vomitivas comedias nacionales, meras copias de formatos gringos– últimamente se desenvuelve bien el cine mexicano de ficción.

Desde una perspectiva que indague respecto del tema de fondo expuesto en la película, es posible clarificarlo echando un ojo a las reivindicaciones que Sueño en otro idioma desarrolla: por supuesto, la primera de varias es la diada comunicación/incomunicación, representada en el silencio sin fisuras mantenido a lo largo de las décadas por los protagonistas, luego roto felizmente en virtud de la fuerza que alimentaba el diálogo en los tiempos primigenios de aquella relación, es decir, el amor que se profesan y que, no obstante silenciado, pulsa como la vida dentro de una semilla que parecía seca.

Otras reivindicaciones, no menos importantes pero que derivan de ésta son, para empezar, la importancia que tiene todo idioma en tanto vehículo de cosmovisión e idiosincrasia, cuya pérdida empobrece a la humanidad entera; otra sería eso que llaman “tolerancia” –ubicada demasiados pasos atrás de lo verdaderamente deseable, que es la normalización– ante la disparidad en preferencias sexuales; otra más, la lucha por lo regular tan cuesta arriba en contra del prejuicio y “lo correcto”, ese par de taras culturales que, lo mismo a nivel colectivo que individual, suelen suplantar a la felicidad con toneladas de costumbre y conformismo.

Finalmente, desde una perspectiva alegórica, Sueño en otro idioma expresa de manera convincente algo que se dijo en unos versos de otros tiempos y otros lares: “sólo el amor alumbra lo que perdura/ sólo el amor consigue encender lo muerto”. Idioma ficticio, el zikril representa la constancia y permanencia de una riqueza emocional necesariamente nutrida no sólo de palabras sino también de hechos para ser verdad, en cuya conservación vale la pena empeñar todos los esfuerzos, hechos además con la alegría en la punta de la lengua.

Sueño en otro idioma (México, 2017), Ernesto Contreras, dirección; Carlos Contreras, guión; Ericka Ávila, Ariel Gordon, Mónica Lozano et al., producción; Tonatiuh Martínez, cinefotografía; Andrés Sánchez, música; Jorge Macaya, edición; José Manuel Poncelis, Eligio Meléndez, Juan Pablo de Santiago, Hoze Meléndez, Fernando Álvarez Rebeil, Fátima Molina, Nicolaza Ortíz Monasterio et al., reparto.

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