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Bitácora bifronte
Por Jair Cortés

Willie Colón y garcilaso de la vega: la nieve de los años y el amor

 

 

Para los amigos del Galeón y Oro mai mai

 

"Idilio”, canción incluida en el disco Hecho en Puerto Rico (1993), y compuesta por Willie Colón, es una de las más hermosas composiciones musicales que el género de la salsa haya concebido. La correspondencia entre la nitidez de su letra y la emotiva estructura musical revelan una pieza digna de atención. Respecto a su letra, encontramos dos de los tópicos literarios más frecuentes en la historia de la poesía universal: el tempus fugit (el tiempo fugitivo) y el carpe diem (aprovecha el día) expresado por el hombre que, en su madurez, ruega (desde la primera estrofa) que la hermosa joven deseada responda a su amor: “Sólo me alienta el deseo divino de hacerte mía,/ mas me destruye la incertidumbre que estoy pasando,/ y es que la nieve cruel de los años mi cuerpo enfría,/ y se me agota ya la paciencia por ti esperando.” Aquí, “Idilio” nos recuerda al soneto XXIII, de Garcilaso de la Vega, en el que el poeta le advierte a la joven mujer que se apresure a amar “Antes de que el tiempo airado cubra de nieve la hermosa cumbre”, haciendo alusión a las canas que, una vez llegada la vejez, habrán de matizar su cabello, la misma “nieve cruel de los años”, a la que hace referencia Willie Colón. Volviendo a “Idilio”, el hombre describe, desde la ensoñación, cómo será el día en que se amen: “Que a besos yo te levante al rayar el día/ y que el idilio perdure siempre al llegar la noche/ y cuando venga la aurora llena de goce,/ se fundan en una sola tu alma y la mía.” La canción, cantada a dos voces (masculinas, una tersa y la otra grave), en la siguiente estrofa se divide en una suerte de textura musical polifónica, donde cada una canta por su lado de la siguiente manera: voz 1: “Que a besos yo te levante al rayar el día”; voz 2: “El día nos sorprenda corazón”, y luego: voz 1: “Y que el idilio perdure siempre al llegar la noche”; voz 2: “la noche sea tan sólo de los dos.” De esta forma, en la ejecución de la pieza podemos escuchar cómo los dos versos (y las dos voces) coinciden de manera simultánea en la palabra día y, después, en la palabra noche: las voces (el aliento del ser) comulgan en una sola voz en un mismo instante, de tal modo que las almas, representadas por el día y la noche (lo masculino y lo femenino) se unen en una sola cuando llega la aurora en “sólo un corazón/ que es para los dos”.

Quien animado por estas palabras escuche la canción (“soñando, contigo,/ queriendo, que se cumpla nuestro idilio”, mientras el trombón, desde su gravedad, suplica por el amor), también experimentará un deseo inevitable de bailar, al mismo tiempo que comprende que la “salsa” ha sido bautizada así porque es la música con la que sufrimos mientras gozamos.

 

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