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Recinto del alma
'Recinto de tu carne', Carolina Martínez, Ediciones Eternos Malabares, México, 2018.
Por Ricardo Venegas

Recinto de tu carne es poesía con aliento propio y pertenece a la estirpe del poema extenso. A la poesía mexicana actual le hace falta riesgo; estamos plagados de poetas que hacen uso de las palabras prestigiosas, de la lengua como herramienta del poema, del contar y cantar, pero no de mismos. Hablan incluso de lo que desconocen. Estudian, indagan, leen libros premiados para a su vez imitarlos y concursar en premios y reciclar lo que vende, la moda literaria. Así funcionan el apadrinamiento y el amiguismo; no generalizo, pero existe como tal. Los grupos premian los servicios de sus aduladores. Esto ha generado una suma importante de libros premiados más por la capacidad y el poder de las relaciones públicas, de imitar y servir, que por la calidad de la poesía. Libros olvidables y prescindibles al minuto siguiente de haberlos leído. Esto no quiere decir que todo libro de poemas auténtico tenga que ser estrictamente autobiográfico pero, ¿qué poema verdadero que toque las fibras del lector puede no serlo?

En el prólogo a este volumen, Hilaria Martínez habla del diálogo que también es la poesía: “Este diálogo nos remite de nuevo a los orígenes del mito y la poesía: …aquél que nos devela la cortina de ¿por qué el creador nos ha determinado el ser como somos, y por qué nos ha dispuesto también el camino para averiguarlo? En este oficio trashumante está el mito griego antiguo de Prometeo, el de acercarse a los dioses y saber lo que piensan y, luego de vuelta a la tierra, ofrendarlo a la humanidad en forma de rito; a este mensaje se le llamó poesía, es decir, extraer la sabiduría de la divinidad para la templanza y regocijo de los hombres”.

La fuerza y contundencia de Recinto de tu carne radica en la brutal sinceridad con la que la autora ha escrito un libro que bien podría ser una obesa novela autobiográfica, un libro que busca la identidad de aquella voz. Pero Carolina Martínez fue llamada a escribir, a cantar lo que de otra manera no hubiera salido a la superficie, o a la manera de Rubén Bonifaz: “De otro modo lo mismo”: “Cuando explota el alba,/ Un colibrí desciende a tu guarida./ Espolvorea con fuego las ramas del laurel,/ ataca al eucalipto con su furia/ de guerrero transparente./ Su sombra a contraluz se multiplica,/ espada armígera que se afila,/ que abate las brevas del durazno,/ pendientes,/ frescas,/ como la boca de Marcela/ El colibrí allá, tú inmóvil./ Perpleja de su sombra./ Ya olvidaste cuántos años has vivido./ Cuántos siglos agonizas.”

 

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