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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Telmary Díaz, la de la Habana Sana

Cubana salerosa, líder del conjunto Habana Sana (noneto con batería, percusiones, teclados, alientos, bajo, guitarra y coros), Telmary Díaz tiene una voz en la que se manifiestan el canto educado, la interpretación madura y el rapeo rebelde. Se trata de una artista inteligente que ofrece profundidad, crítica política y, claro está, resortes para un baile sonriente. Mujer empoderada, erige su mundo escénico en la espiritualidad yoruba sin olvidar el rito de la alegría habanera. Con tales premisas comenzó su carrera hace veinte años al lado de Free Hole Negro y, poco después, con el mítico grupo Interactivo de fusión global comandado por Roberto Carcassés, en donde destacó rápidamente.

Telmary forma luego su propia banda y lanza el álbum A diario, se traslada a Canadá por siete años y, de vuelta en La Habana, edita el disco Libre. Colabora con gente como Isaac Delgado, X Alfonso, Los Van Van, Pedrito Martínez y Dr. John; se presenta –como solista o invitada– en el Festival de Jazz de Montreal, en el Hollywood Bowl, en el South by Southwest, en el Music Center de Los Angeles, en el City Center de Nueva York y en el Festival de Jazz de New Orleans, entre muchos foros y festivales más. En otras palabras: crece y crece aunque el entorno se contraiga dificultándolo todo si te dedicas al arte y, peor, si eres de Cuba y para sonar como te gusta requieres quince boletos de avión. Porque sí, aunque Telmary puede presentarse con ensambles pequeños y triunfar, lo de ella son los combos grandes que envalentonan su caribeña geografía.

Empalme de idiomas que saben dialogar de sobra, sus composiciones combinan con naturalidad la música afrocubana, la salsa y un hip hop de métricas altaneras sobre un guión con drama efectivo que conmueve por energético y bien balanceado. Coreografías elegantes, vestuario a punto y una lengua con flow consiguen que la audiencia se ponga de pie apenas pasadas cuatro piezas. Dicho de otra forma, quien la mira entiende que está ante una artista de clase mundial, dueña de la yunta dorada: autenticidad cultural y calidad irreprochable. Así queda asentado en Fuerza arará, su más reciente trabajo en estudio. Una obra brillante.

Hoy, impulsada por Betto Arcos, profesor, dj, productor y periodista destacadísimo entre la mexicanía californiana, es inevitable que Telmary suene mejor en vivo que en disco debido a que sus inflexiones y ejecuciones atienden a una vena funky que se niega a permanecer en lo inmutable. De lo cuántico a lo astronómico, todo en ella funciona si concurren dos complicidades: la de un ingeniero de sonido que le dé legibilidad a su metralla vocal; la de un grupo que brinde dinámicas extremas para su congruencia textual. Búsquela, lectora, lector: caerá en la fascinación. Y rece a sus dioses por que nos la traigan pronto a México.

 

Colofón: Osos y Becerros

Se llaman Tripulación de Osos. Son de Quito, Ecuador. En su primera visita a Guadalajara están tocando al fondo de una pizzería en la que no hay nadie. Pasa la media noche. Hace un calor infernal. Las luces y el volumen no les ayudan a sentirse mejor, pero sí a vengarse de lo que parece una mala decisión. Están incómodos. Son jóvenes, sí, pero muestran síntomas diáfanos de su compromiso con la música en general, con los instrumentos en lo corporal y con las canciones en lo particular. Son buenos. Cantan con garra que desgarra. Nos gusta ser parte de una estampa en la que han de ser fuertes para seguir construyendo su temperamento. Termina una pieza y se revela el cuidado con que deciden prolongar la última nota. Viene un solo y resulta evidente su atención al uso de efectos. Aparece un silencio y nace un abismo verdadero. Es una banda de rock que sabe montarse en la tradición de guitarras distorsionadas y bases de poder, pero sin caer en clichés actuados. Concentrados individualmente, lamentamos que no levanten la mirada para poseer al mundo entero. Les auguramos cosas buenas.

Sube luego la siguiente banda: Becerros. Hemos escuchado cosas sobre ellos. Que usan dos o tres bajo-sextos, que traen acordeón, que la base rítmica es como de rock, que uno es el de Kinky, que otro el de Sussie 4… Apenas un día antes entusiasmaron a una audiencia de profesionales de la industria musical, pero no pudimos verlos. Tuvimos curiosidad: ¿qué harán ahora sonando a contracorriente en un restaurante vacío? Lo que vimos fue a un grupo que no cumplía ni en tamaño ni en forma con lo dicho; una suerte de alineación b; un combo que mezcla el norteño con la cumbia y pequeños toques de otros géneros, pero nada nuevo. Buscando videos notamos que valen cuando están completos, así que esperaremos otro momento. ¿Que por qué los mencionamos? Porque son el otro extremo. Hay Osos y hay Becerros. Buen domingo. Buenos sonidos. Buena semana.

 

 

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