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Ejemplar gratuito. Prohibida su venta

Las palabras que sirven de título a esta nota suelen estar en ejemplares de promoción que los editores envían a la prensa y a los críticos como parte de su campaña publicitaria. Alguien me contó que se empezó a usar, más que para evitar su comercialización semipirata, para llevar control de los ejemplares ante las posibles auditorías de inventarios y las sanciones hacendarias por ejemplares vendidos no reportados. No creo que sirviera de mucho, como no sirve el recurso de los ejemplares numerados. El libro como unidad es una mercancía difícil de controlar, como si se hiciera inventario del maíz por grano y no por una unidad de peso. Parece un absurdo comparar esas mercancías, pero en algunas ferias de remate los editores vendemos nuestros libros por peso, con una báscula y todo. Si seguimos con la comparación podemos encontrarnos con libros transgénicos.

El motivo de la nota es, sin embargo, muy distinto. Hace unos meses hubo un pequeño escándalo publicitario porque una librería Educal, creo que en Chilpancingo, vendió un ejemplar de Caribal, el infierno verde, la novela de Rafael Bernal, que traía impresa, con un sello, la leyenda “Prohibida su venta”. De inmediato el sospechosismo funcionó y lo que evidentemente era un error burocrático le costará (por lo menos) una reprimenda a un empleado de la librería que lo único que hizo fue pasar el código de barras por el lector computarizado y cobrar la mercancía que, seguramente, estaba inventariada. El precio al que la vendió es también sintomático: por un lado, es el precio que está en la red para su compra virtual, 126. 50, y –por otro– realmente eco-nómico para un libro de casi 600 páginas. Y la trivial anécdota me recordó mi periplo para tratar de conseguir un ejemplar de ese libro hace unos años.

Rafael Bernal es un autor conocido entre los lectores fundamentalmente por El complot mongol, considerada un clásico de la novela policíaca mexicana y el inicio de una novela negra nativa, hoy muy en boga, con la acepción de narconarrativa, pero es un autor de una obra bastante extensa e importante, con varios libros más, bastante singulares, como Su nombre era muerte, curiosa narración de ciencia ficción en el trópico –no es policíaca a pesar del título– de un hombre que aprende el idioma de los mosquitos, que recomiendo ampliamente a los lectores. Bernal es también autor de varios importantes libros de investigación histórica, con particular énfasis en el tema marítimo. Entre sus divulgadores e investigadores se cuentan Vicente Francisco Torres y Alfonso de María y Campos. Valdría la pena que el fce, que ha publicado varias obras suyas, recopilara sus textos completos.

En un tiempo lo leí mucho. Y buscaba sus libros, difíciles de encontrar, en librerías de viejo y en bibliotecas. Nunca pude conseguir Caribal. Creo que la primera edición fue por entregas y fue hasta 2002, con la edición de la Dirección de Publicaciones que vendió Educal, que el libro estuvo disponible como tal para el lector. Pensé que me sería fácil conseguirlo, pero no, tardé como diez años en comprar el ejemplar, si no recuerdo mal en una librería de la calle Donceles, pues en las Educal no lo tenían. Incluso le propuse a Vicente Francisco Torres hacer una nueva edición del texto como primer paso para una edición de la obra reunida de Bernal, proyecto que feneció antes de haber tenido visos de realidad. Pero, además, cuando conseguí el libro ya había pasado mi fiebre lectora de los textos de Bernal y tardé años en leerlo.

Cuando supe de la anécdota referida al principio concebí la siguiente esperanzadora posibilidad: el asunto se vuelve un escándalo y Bernal se vuelve a poner de moda, pero ahora ya no por su faceta policíaca ni por sus investigaciones sobre los piratas, sino por su temática tropical, donde textos como Tierra de gracia (novela dispareja pero con momentos extraordinarios, publicada por el fce) y Trópico merecen ser mejor leídos, sus libros se reeditan y se vuelve un bestseller. Y, ya entusiasmados, los editores le ponemos a todo el tiraje la leyenda de “prohibida su venta” y cumplimos con aquel otro fantaseo: si la prohibiéramos, la literatura tendrá tanta demandada como la droga. Y esto nos lleva a un segundo asunto: el lugar donde se vendió el ejemplar de Caribal, Chilpancingo. Hace un par de años pude asistir al festival de poesía El Avispero, que se realiza en esa ciudad, y me sorprendió lo bien surtida que estaba la librería Educal que conocí y lo atento que estuvieron a llevar material de los escritores invitados.

La ciudad es la capital del estado de Guerrero, región sumergida en una violencia terrible, mezcla de lucha entre cárteles, desigualdad social, pobreza, políticas erróneas y una serie casi infinita de problemas. No deja de ser sorprendente que allí haya un festival de poesía con bastante éxito y una buena librería Educal. Una nueva, no la que yo conocí, por la fotografía en el diario se ve muy bien. No deja de ser esperanzador. Según me cuentan, las librerías de provincia, tanto las de Educal como las del fce, tienen bastante más éxito de ventas que las de la capital. Algunas que conozco están realmente bien montadas y surtidas. Como sabemos, el principal problema en México para la cadena comercial del libro y la lectura es la poca cantidad de librerías que hay en el país. Al comprador de Caribal le sugiero no regresar el libro. Léalo y después, si quiere, ofrézcalo en Mercadolibre.com (en la red está más caro, 250 pesos). Que un libro que está prohibido vender se venda dos veces es buena señal y esperemos que no se considere un delito

 

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