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La poesía, un arma contra las dictaduras

Mircea Cărtărescu (Bucarest, 1956) es narrador, ensayista, profesor universitario y doctor en Literatura Rumana por la Facultad de Letras de la Universidad de Bucarest pero, ante todo, poeta. Considerado el más destacado escritor rumano de la actualidad, ha sido nominado al Premio Nobel de Literatura y ha obtenido importantes premios como el Médicis y el Premio de la Academia Rumana, entre otros. Se dio a conocer como poeta en el cenáculo Junimea y en el de Luni (Lunes) durante el régimen de Ceaucescu, quien sólo incluyó en la Unión de Escritores “a los propagadores de incitaciones fascistas, xenófobos y antisemitas, pagados por él”, según Ovid s. Crohmalniceanu, en el prefacio a Le rêve (Editions Climats), edición francesa de 1992 que contiene en su forma original las cinco novelas cortas El jugador de ruleta rusa, El juego, Los gemelos, Rem y El arquitecto, mientras que en la edición rumana, publicada poco antes de la caída de Ceaucescu en 1989, con el título Nostalgia, éstas fueron censuradas igual que el nombre del volumen, que por remitir a la película de Tarkovski, a juicio de sus censores, devino en El sueño. Se sabe que la primera película filmada por el cineasta ruso fuera de la Unión Soviética refleja su angustia al ser víctima de la persecución a su obra por las autoridades hasta verse obligado a aban-donar su país natal.

El “apparatchik –explica Crohmalniceanu– se encargó a toda costa de extirpar el ta-lento, cualquier brillo intelectual, por considerarse un acto subversivo”. El arquitecto debió titularse El organista, de modo que pudiera evitarse cualquier ironía contra el mandatario rumano: “Ceaucescu, se sabe –sostiene Crohmalniceanu–, se encargaba personalmente de la demolición y construcción de las ciudades y pueblos rumanos.”

Al finalizar el régimen de Ceaucescu, los libros de Cărtărescu se publicaron sin mutilar. En castellano, la mayor parte de su producción literaria –Travesti, Las bellas extranjeras, Levante, entre otras obras– se encuentra en el catálogo de la editorial Impedimenta. Nostalgia conserva su título original y sus relatos aparecen libres de censura.

La poesía es para Cărtărescu el arma más eficaz contra la dictadura. En una conferencia magistral, en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, expresó que “sólo la poesía nos permite levitar en contra de la tiranía de la gravedad, en contra de los sistemas sociales y políticos que nos tiran hacia abajo”. La poesía es así “un modo de ver el mundo, el retorno a un estadio anterior semejante al de un niño autista que observa las cosas desde un ángulo extraño ubicado más allá de lo que nos dicen los sentidos y la razón”. Nuestros “primeros recuerdos –puntualiza Cărtărescu– se parecen mucho a los sueños porque están vinculados con nuestra mente desnuda, antes de ser moldeada por la educación”.

En un breve encuentro con el autor rumano conversamos acerca de los sueños en su obra, incluida su novela más reciente: Solenoide. Heredero de Kafka y Borges, coincide con el escritor argentino en que la literatura “no es otra cosa que un sueño dirigido”. Sus perso-najes sueñan, levitan, se rebelan contra la pesadez del cuerpo. Cărtărescu confesó angustiado una pesadilla que tuvo la noche anterior a nuestra charla.

 

-Los sueños son la materia prima de su obra. ¿Cómo trabaja con ellos al transformarlos en ficciones?

Mi madre, quien era una mujer muy simple, iletrada, era una gran soñadora. Siempre nos contaba sus sueños a mi hermano y a mí, eran hermosos, agradables, pero ayer yo tuve un sueño muy angustiante, una pesadilla. Veía mi reflejo en el espejo y no me reconocía. Tal vez no era yo sino mi hermano, ya muerto hace muchos años. A menudo sueño con él.

 

El doble, el reflejo, es otro de sus temas recurrentes, acaso una influencia de Borges, a quien usted admira.

Borges decía que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres.

 

No es difícil suponer que usted tenga pesadillas, pues padeció en Rumanía la terrible dictadura de Ceaucescu.

Pertenecía a un grupo, Junimea. Hacíamos lecturas clandestinas, no publicábamos y utilizábamos la ironía como recurso literario, lo cual nos valió la censura. Durante esa época no publicaron Levante, un largo poema, porque es una crítica muy dura contra la dictadura. Censuraban todo lo que tuviera que ver con religión y sexo, sobre todo. No me encarcelaron aunque sí fui perseguido por la policía. La muerte de mi hermano se debió al régimen dictatorial, mi madre y yo investigamos la causa pero nunca la supimos.

 

¿Qué representa la poesía para usted?

Es un arma contra la dictadura, porque ésta prohíbe todo tipo de libertad y la poesía es un acto creativo, es la expresión más pura de la palabra. Levante es un libro que tuve que reescribir en prosa para que pudiera traducirse a varios idiomas. Por esta razón, el estilo parece barroco. La mayor parte de Nostalgia fue censurada durante la dictadura. Ahora se ha publicado por Impedimenta en traducción al español. Soy un escritor muy afortunado, he tenido muy buenos traductores de mi obra.

 

¿Cuándo escribió “Occidente”?

–“Occidente” es el poema más triste que he escrito, no lo leí en la fil de Guadalajara. Es el resultado del shock cultural durante mi estancia en Nueva York, ciudad que me parece desoladora. En cambio, leí en el Salón de la Poesía, en Guadalajara, otro poema titu-lado “Natalie Wood” donde se percibe la ironía como recurso contra la dictadura.

 

La crítica considera Solenoide como su novela más madura.

Bucarest en Solenoide es una ciudad inventada, una ciudad que levita. En ella hay un profesor con una carrera literaria fracasada que compra una casa antigua con forma de barco, construida por el inventor de un solenoide. Ese profesor sueña y apunta sus sueños. El escritor es como un director de teatro que dirige la escena, crea imágenes, es una suerte de demiurgo. El acto de escribir es semejante al de soñar

 

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