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La primera barra de sushi en Marte

“Si no abandonamos el planeta en aproximadamente cien años, estaremos condenados a la extinción”, subrayó el reconocido físico Stephen Hawking (8/I/1942-14/III/2018) durante una conferencia dictada en la NASA en 2008, palabras que llevaron al director de teatro Alvis Hermanis a montar La condenación de Fausto, de Héctor Berlioz, en la Ópera Nacional de París. En esta puesta en escena, estrenada en diciembre de 2015, el cosmólogo, caracterizado por un bailarín retirado, vendería su alma para levantarse de la silla de ruedas y viajar al planeta rojo junto con los elegidos de la Misión Mars One, interpretados por los integrantes del coro. En la vida real, y sin enfrentarse a Mefistófeles, a Hawking le hubiera gustado vivir más años para ser testigo del arribo de los primeros humanos a Marte.

EN EL ESPACIO NOSOTROS CREEMOS

El anterior es el título de un proyecto de arte incluido en la página web de la agencia espacial rusa para homenajear a los pioneros de la carrera espacial y, con fe en esas palabras, en 2025 este país dispondrá del prototipo de un cohete de propulsión nuclear, el YAEDU, con el cual una nave podría llegar a ese planeta en un tiempo récord de mes y medio, de acuerdo a la información publicada por una página de noticias de Univisión.

Mientras tanto, la NASA planea tres pasos para llegar a Marte: el Earth Reliant, que ya se realiza en la Estación Espacial Internacional con el objetivo de que los ≠astronautas aprendan a vivir en el Espacio y desarrollen experimentos en microgravedad, entre otros trabajos; el Proving Ground, que concluye en 2030 e incluye los envíos de un vehículo explorador en 2020 de una misión tripulada que viajará más allá de la Luna, así como de otra que trabajará con robots en un asteroide. En esta fase, el trabajo hombre-robot y la sobrevivencia por largo tiempo fuera de la Tierra serán importantes. El último paso, el Earth Independent, implica una misión de demostración con robots en Marte y un viaje tripulado que lo orbitaría, para más adelante lograr que humanos arriben.

En este deseo por llegar a sentir el cobijo de dos lunas, México coopera a través del doctor Rafael Navarro González, investigador del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM y colaborador de la NASA en la misión Curiosity. Recientemente anunció que participará con la Agencia Espacial Europea en una misión que será lanzada en 2020, que incluye al robot ExoMars y al instrumento HABIT. El objetivo de este último es capturar el agua existente en la atmósfera marciana para volverla líquida. En un futuro, esto ayudará a no llevar agua desde la Tierra.

Quienes lleguen a este casi desierto con temperaturas que pueden ir, en verano, de los 20 grados en la mañana a los -80 grados en la noche, requerirán de impresoras 3d con las cuales se puedan reproducir herramientas y alimentos. La NASA otorgó 125 mil dólares a la compañía Materials Search Consultancy para explorar esa última posibilidad. Una de éstas consiste en retirar la humedad de los nutrientes para que queden en forma de polvo y puedan durar hasta treinta años; cuando se quieran comer, se hidratarán e imprimirán. Es difícil no recordar las galletas soylent green (aunque no en el contenido), que consumen los personajes de la película de 1973 con el mismo nombre, y en México titulada Cuando el destino nos alcance. Posiblemente esa comida impresa –que sí será fast foodsea mejor que la propuesta por Christopher House, profesor de geociencias de la Universidad de Pensilvania: su equipo de investigación desarrolló un método que consiste en descomponer orina y excremento humanos para crear alimentos.

Danton, Tania y Etsuko

Danton Bazaldua Morquecho, alumno de Ingeniería en Telecomunicaciones de la Facultad de Ingeniería, y Tania Robles Hernández, alumna de Ingeniería Mecánica de la Facultad de Estudios Superiores Aragón, ambos de la UNAM, recientemente participaron en una misión análoga a lo que sería vivir con el Dios de la Guerra romano, en un laboratorio ubicado en un desierto de Utah. En este proyecto, avalado por la Mars Society, con un dron Danton tomó imágenes de percepción remota, tal como se mapearía una zona ya estando en el planeta rojo. En breve entrevista, aseguró que al final de las dos semanas que duró el proyecto, el estrés acumulado por el trabajo y las limitantes en la comida seca y en polvo– y el agua, deterioraron un poco las relaciones entre los siete integrantes. Tania, encargada de redactar la crónica, señaló que los días se alargaban, “todo se distorsionaba” y para la segunda semana el cansancio era mental; “no habíamos escuchado lo que es el silencio total”. Los dos cumplieron su trabajo, lo cual los acerca a proyectos con estancias más largas.

Estos ejercicios que ofrecen valiosa información sobre la psicología humana, son, sin duda, tema importante para la misión Mars One, iniciativa privada cuyo objetivo es instalar, en 2032, la primera colonia en Marte de terrícolas sin retorno. Etsuko Shimabukuro, una de las cien finalistas, con cincuenta y cuatro años de edad, que radica en León, Guanajuato y trabaja como chef de comida japonesa, en entrevista narró que en la época en que Mars One lanzó la convocatoria para conformar el equipo de colonizadores, hizo un viaje a Sudamérica hasta el Canal Beagle, imagen que la hizo remembrar los viajes de exploración de Charles Darwin. En ese momento sintió que debía proponerse para esa misión; “no podía ser sólo observadora”.

Shimabukuro estudió Ciencias de la Computación y Arqueología –la cultura Mesoamericana la trajo a México– y después de estudiar civilizaciones pasadas, pensé que podía ser parte de una nueva; si voy a Marte eso será posible. Si puedo servir a la evolución de la humanidad como integrante de este proyecto, me sentiré muy honrada. No necesito nada más en mi vida”. Su gusto por la comida japonesa la hace pensar en poner la primera barra de sushi extraterrestre. Que así sea.

 

 

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