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Patadas y palabras
Cerrado por fútbol, Eduardo Galeano, Siglo xxi Editores, México, 2017.
Por Antonio Soria

Este libro forma parte de la Biblioteca Eduardo Galeano que la editorial se ha ocupado de poner en circulación, sobre todo a partir de la muerte del autor de Las venas abiertas de América Latina, con el propósito de volver accesibles todos los libros escritos por el entrañable escritor uruguayo, para quien el futbol –en el título de este volumen, como en toda Sudamérica, con acento en la “u”– era literalmente una pasión de la que nunca habría podido, ni hubiera querido desprenderse. En sus propias palabras: “Desde chico quise ser jugador de fútbol. Y fui el mejor de los mejores, pero sólo en sueños, mientras dormía. Al despertar, no bien caminaba un par de pasos y pateaba una piedrita en la vereda, ya confirmaba que el fútbol no era lo mío. Estaba visto: yo no tenía más remedio que probar algún otro oficio. Intenté varios, sin suerte, hasta que por fin empecé a escribir.”

Como bien se sabe, no ha sido Galeano el único que se vio en la necesidad de recurrir al arte, casi nunca sencillo, de trocar, o vaciar, según el caso, una afición apasionante por otra; más específicamente, de sustituir la muy intensa de agarrar a patadas un balón, por el trato delicado y talentoso –que de todos modos se supone lo mismo debería ser con “la de gajos”– dado a las palabras. Ahí está, antes que cualquier otro, Albert Camus –alguna vez guardameta y siempre aficionado–, para quien el futbol representaba muchísimo más que un simple juego o un deporte, y era capaz de descubrir en ese ritual colectivo la inmensa carga simbólica que conlleva, más allá de la mercantilización, la farandulización y la trivialización mediática. Entre mexicanos, claro, el escritor panbolero paradigmático es, sin lugar a dudas, el querido Juan Villoro, para quien el Necaxa de los once hermanos lo sería todo al respecto, más que el equipo actual, desnaturalizado en una ciudad de Aguascalientes que quién sabe si los quiere mucho, pero de seguro menos de lo que el autor de Tiempo transcurrido. Y no es que haya escrito sobre futbol –al menos el autor de estas líneas ignora si existe algún texto suyo y en dónde podría encontrarlo—, pero volviendo al Cono Sur americano, imposible olvidar que a Ernesto Sábato le gustaba, y mucho, como puede desprenderse del brevísimo pero mítico intercambio verbal que, sobre el tema, sostuvo con Jorge Luis Borges, aquí citado de memoria: Borges: “No me gusta el fútbol, es una actividad para estúpidos.” Sábato: “A mí me gusta el fútbol y no soy ningún estúpido.”

Bien se sabe igualmente que, a lo largo de su extensa obra, Galeano abordó de manera recurrente el tema, y este volumen es precisamente una reunión de todos los textos escritos por él sobre futbol, aparecidos originalmente en diversos volúmenes, pero, como avisan los editores, “también varios inéditos y verdaderos hallazgos, como la crónica en que, con sólo 23 años, llama ‘traidor’ al Che Guevara en persona por haber adquirido en Cuba la pasión por el béisbol”. En total son casi una centena de textos, necesariamente breves como en buena medida es la escritura de Galeano, auténtico maestro del corto aliento y la intensa concentración semántica, agrupados bajo los rubros Cerrado por fútbol y El fútbol, la única religión sin ateos. Además de una nota inicial del editor, se incluye Historia de un mendigo, a cargo de Ezequiel Fernández Moores.

Para explicar la naturaleza del volumen y el título que se le ha dado, nada mejor que para cerrar esta reseña, sea el propio Galeano quien lo explique: “Cuando el Mundial comenzó, en la puerta de mi casa colgué un cartel que decía Cerrado por fútbol. Cuando lo descolgué, un mes después, yo ya había jugado sesenta y cuatro partidos, cerveza en mano, sin moverme de mi sillón preferido. Esa proeza me dejó frito, los músculos dolidos, la garganta rota; pero ya estoy sintiendo nostalgia.”

De cara al Mundial Rusia 2018, recién comenzado, un libro como el presente no servirá quizá de consuelo para los millones de suspirantes por un “quinto partido” mexicano que seguramente otra vez no será, pero sí tendrá la utilidad de encausar esa pasión jamás correspondida –más bien tratada a patadas por un equipo consistentemente decepcionante– por la otra, hecha de ideas y palabras, que sí sabe gratificar a sus bienquerientes.

 

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