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Prosaísmos
Por Orlando Ortiz

Dice el refrán: según el sapo es la pedrada; habría que añadirle, en ocasiones, que también según nuestras ideas, gustos y prejuicios. Porque no podemos negar la existencia de individuos que se horrorizan con la presencia de un sapo. Ignoro si es por su aspecto o por la idea tan difundida en algunas regiones del país de que los sapos son venenosos y las ranas no.

Las ancas de rana son deliciosas, dicen; no puedo asegurarlo porque nunca las he probado; en cambio nunca he sabido de alguien que haya comido sapos. Que hayan comido ratas, sí, de campo, me dicen, y en San Luis Potosí llegué a ver racimos de ratas colgadas en el mercado. También he escuchado que la víbora, las iguanas y los monos son manjares exquisitos. Esas mismas personas, al cuestionarles por los sapos hacen gestos de horror. A los sapos se les desprecia por prejuicio, supongo: se piensa que son ponzoñosos, están muy feos, su carne es dura, o argumentos similares. Sin embargo, ranas y sapos son batracios muy parecidos, tal vez aquellos se vean más feos, pero no más. Es como si a la hora de comer un bistec para acopiar proteína animal, despreciáramos la carne de cebú porque tiene joroba y exigiéramos que nos dieran solamente de angus. (Acepto que puedo estar completamente equivocado, pues no soy gourmet.) ¿Prejuicio? Sin lugar a dudas. ¿Fundado? No sabría decirlo.

Por eso en esta ocasión únicamente diré que detecto algo similar en los meses más recientes, o para ser más exacto, en los que llevan las precampañas, intercampañas y campañas electorales. Me ha sorprendido la ensalada de juicios emitidos por los opinólogos, es decir, los politólogos. En su mayoría presumen de objetividad y algunos hasta de científica evaluación, porque se apoyan en cálculos matemáticos (encuestas, pues, que no es lo mismo), no obstante me late que sus columnas y artículos adolecen de subjetividad (lo que no tiene nada de malo), porque no utilizan la misma vara para medir lo que un candidato dice y lo que declara el otro. Yo soy muy ingenuo y pienso que tal conducta obedece a falta de perspectiva y a prejuicios y no a intereses de otro tipo.

Porque veo muchas semejanzas en las propuestas (bastante simples o bocetadas) de los candidatos, no obstante los columnólogos acusan a uno de ellos de, por así decirlo, populista, y los otros emergen impolutos del pantano en el que supuestamente está el otro. Es decir, no se está utilizando la misma vara. Por ejemplo, Meade promete que becará a todos los jóvenes de educación media superior y les garantizará el ingreso a la universidad. Eso no parece despertar la inquietud de los comentaristas respecto a de dónde va a sacar el dinero para eso. Cuando lo hizo el otro, de inmediato saltaron a acusarlo de populista y etcétera; no repararon en otro aspecto cuestionable de éste, ¿educación de calidad o de cantidad? ¿Convertirán las escuelas universitarias y de nivel medio superior en guarderías? Ya se tienen elementos para evaluar resultados de una política educativa de ese tenor. No me preguntaré sobre los resultados de la Universidad de la Ciudad de México, pero sí sé que el porcentaje de egresados de prepas y ceceaches es de alrededor del cincuenta por ciento, y los titulados por la UNAM es de más o menos lo mismo. ¿Cuestión de oportunidad?

Cuando di clases, la cantidad de alumnos desertores o apáticos me quitaba el sueño. Yo hacía circo para evitarlo, hasta que un compañero docente me dijo: “Para qué te preocupas, ¿nunca te has percatado de que hay chamacos a los que no les interesa estudiar?”

Por ahí podría plantear más preguntas no sólo respecto a la educación, también en cuanto a seguridad, energía, minas, el campo, etcétera. Preguntas a los tres candidatos principales, y sus respuestas, estoy convencido, serían muy semejantes, si acaso diferentes en matices y entonación, acentos de más o de menos.

El caso más reciente respecto al candidato “populista” es el de los empresarios. Muchos se alarmaron, gritaron, se han espantado viendo salir de ultratumba el fantasma de la lucha de clases, la polarización a ultranza de los sectores empresariales, por un lado, y de los pobres y los trabajadores, por el otro. Yo, repito, soy bastante ingenuo. Aquí sólo veo color y sabor. Recordé, aunque muchos me han visto feo cuando lo digo, las palabras de alguno de esos teóricos del marxismo que dijera: los burgueses son capaces de fabricar la cuerda con la que serán colgados, si eso les reditúa ganancias. Yo la completaría: y los políticos son capaces de acomodarse cuando se les voltea el chirrión por el palito.

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