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Artes visuales
Por Germaine Gómez Haro

50 Aniversario del Museo

Nacional de San Carlos

A Carmen Gaitán

El Museo Nacional de San Carlos cumple sus primeros cincuenta años de existencia y se engalana con una magna exposición que reúne 255 obras entre pintura, escultura, grabado y dibujo provenientes de su acervo y de otras colecciones públicas y privadas. La exhibición, curada por la historiadora del arte Ana Garduño, plantea un diálogo entre la pintura europea y la mexicana a partir de una serie de sutiles Evocaciones, como atinadamente se titula la muestra. La colección cuenta con más de 2 mil piezas entre arte europeo y mexicano que recorren del siglo xiv a principios del XX. El Museo de San Carlos ocupa el suntuoso edificio del siglo XVIII que Doña María Josefa de Pinillos mandó construir al célebre arquitecto valenciano Manuel Tolsá para obsequiárselo a su hijo, el Conde de Buenavista. El soberbio palacete neoclásico pasó por varias familias nobles hasta que el emperador Maximiliano se lo obsequió a Josefa Peña Azcárate con motivo de su boda con el Mariscal Bazaine, por lo que el recinto fue conocido en ese tiempo como Casa de la Mariscala. Más tarde pasa a ser sede de la Compañía Tabacalera Mexicana, después de la Lotería Nacional y de la Escuela Nacional Preparatoria # 4. En 1968 el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) destinó el edificio para albergar la colección de arte europeo que hasta entonces se encontraba en la Escuela Nacional de Bellas Artes (antigua Academia de San Carlos).

El guión museográfico de la muestra no pretende una hilación cronológica ni una clasificación temática o estilística, sino que sugiere posibles narraciones visuales a través de la confrontación de piezas de diferentes épocas y procedencias; mediante guiños lúdicos y sagaces, se entrevera un diálogo entre Europa y México que nos hace reflexionar acerca de los procesos creativos que se desarrollaron en los períodos virreinal y decimonónico como etapas fundacionales de nuestra pintura nacional. A través de la yuxtaposición de los trabajos europeos y los realizados por nuestros artistas locales, Garduño insiste en demostrar que si bien éstos se apropian de ciertas imágenes y composiciones, también hacen un trabajo creativo marcado por su huella personal. Los artistas mexicanos abrevan en las fuentes de la historia del arte europeo, la revisitan constantemente, la estudian y la recrean según su propia mirada intrínseca. La muestra da inicio con un juego visual de una belleza exquisita: Mujer sentada, del escultor romano Odoardo Fantacchiotti (1809-1877) es una figura femenina en mármol colocada frente a La princesa Romana en traje de vestal, del pintor poblano Juan Cordero ((1822-1884), dos obras que se relacionan entre sí a partir del tratamiento de las telas y la grácil postura de las manos en ambas figuras, así como la búsqueda de sus autores por plasmar el refinamiento de la belleza clásica. La visita resulta de una frescura inusitada debido al original montaje museográfico que incluye atractivos colores en los muros de cada sala. En una de ellas, pintada de un azul intenso, se recrea el montaje de los gabinetes decimonónicos en los que las pinturas se colgaban de piso a techo creando un auténtico horror vacui. Ahí se encuentra la Madona con niño, de El Pontormo, pieza clave en la colección del museo que recientemente fue autentificada por el equipo de especialistas del laboratorio del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) de la UNAM dirigido por la doctora Clara Bargellini, misma suerte que corrió otra pieza fundamental que es Las siete virtudes, de Peter de Kempener.

Esta magnífica y ambiciosa exhibición es el resultado de la investigación exhaustiva que Ana Garduño llevó a cabo a lo largo de dos años en el acervo de San Carlos y en las bodegas de otros museos como el Franz Mayer. Es una muestra irrepetible que merece ser ampliamente visitada. Van mis felicitaciones al equipo curatorial liderado por Garduño y a la directora del museo, Carmen Gaitán, una incansable guerrera que ha conseguido que este recinto un tanto empolvado en otros tiempos, haya recobrado su esplendor y en la actualidad luzca como nunca antes en la conmemoración de su 50 aniversario.

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