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Cinexcusas
Por Luis Tovar

Estreno Nacional

No cinematográfica sino sociopolítica, la cartelera que hemos visto en los recientes meses –y que en su fase crucial culmina el día de hoy– ha consistido básicamente en una cuarteta de refritos, una potencial doble secuela y una sola novedad, que muchos consideramos inminente aunque su estreno todavía está por confirmarse, lo cual debería ocurrir antes de que acabe este domingo 1 de julio de 2018.

Estrenos que no lo son

Refrito Uno o Ya paren esta mierda fue la cascada de spots, promocionales, anuncios espectaculares y de los otros, elementales cancioncitas pegajososas, cursis, ridículas o todo al mismo tiempo, pseudodebates más anticlimáticos que ver el Canal del Congreso, capaces del contramilagro de hartar incluso desde antes de haber comenzado en forma las campañas, en todo lo cual incurrieron, sin que faltara ni una, cada entidad e instancia involucrada en el proceso electoral.

Refrito Dos o Ahí viene el coco fue la fastidiosa reedición de una guerra sucia mediática que ni de lejos alcanzó el éxito de taquilla conseguido hace seis, pero especialmente hace doce años: que si de nuevo el “peligro para México”; que si el “oro de Moscú”; que si la “venezolización” con Hugo Chávez reencarnado en Macuspana; que si el caos, la fuga de capitales y la pérdida de empleos; que si “no votes por un viejito enfermo”, más un etcétera que solamente demostró dos cosas: la primera, una absoluta falta ya no se diga de argumentos, sino también de creatividad por parte de un poder que acabó ahuyentando de la sala a los pocos espectadores que aún quedaban.

Todavía exhibiéndose, Refrito Tres o A ver si nos alcanza con el fraude, consiste en ver una vez más a la mula en el trigo de la obtención de votos a favor del status quo, a cambio de lo que sea: dinero contante y sonante, promesas monetarias “en caso de ganar” por medio de tarjetas de hule, amenazas de perder la chamba y hasta el nombre, robo anticipado de boletas electorales, acarreo de huestes con su bien conocida cauda de “estrategias”: ratón loco, carrusel, casillas zapato, robo de urnas, sustitución a última hora de funcionarios de casilla, alteración de actas y paquetes electorales y, desde antes y mucho peor, el asesinato selectivo de contendientes incómodos o poco dados a la anuencia o a la franca transa.

Refrito Cuatro, cuyos productores quisieran estrenar hoy mismo, lleva por título El segundo lugar va a rebasar, y según esto sucedería lo mismo que hace una década y dos años: “sorprendentemente”, las tendencias de votación irían cambiando de tal modo que, falso suspenso de por medio, el mejor posicionado en las encuestas vería cómo se le escapa el triunfo, haiga sido como haiga sido. El coproductor de este refrito cibernético, apoyado a continuación en una negativa igual de rotunda que de sospechosa a revisar lo que sucedió realmente, es eso que los dinosaurios llaman “voto duro” y “estructura partidista”, partes fundamentales del argumento que se repite desde hace por lo menos ochenta años.

La secuela y el estreno real

La secuela es doble y doblemente indeseable: Secuela Uno es el consabido conflicto postelectoral, al que más vale no apostar porque esta vez, tigre mediante, la cosa puede no parar en meros plantones en Reforma.

Secuela Dos es terrorífica por donde se le vea: consiste en la enésima parte del agujero profundo en el que los productores hasta hoy hegemónicos de Realidad Mexicana nos han sumido, especialmente desde hace cincuenta años: masacres, represión, Estado policial-militarizado, devaluaciones, crisis y pauperización económica, desánimo, depresión, desesperanza, hartazgo, estúpidas guerras inútiles y falsas contra el narco, polarización social, más un etcétera excesiva y exasperantemente largo.

El único verdadero Estreno Nacional sería, un siglo y ocho años más tarde, el añejo anhelo mexicano del sufragio efectivo, después del cual, y sin milagros ni ingenuidades sino con trabajo, trabajo y más trabajo, por fin empezaremos a sacar a este país de su marasmo.

Salvadas las enormes diferencias de importancia entre uno y otro actos, el símil es de una claridad meridiana: votar es como elegir qué película quiere uno ver.

 

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