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Artes visuales
Por Germaine Gómez Haro

En la Galería Metropolitana de la uam (Medellín 28, Col. Roma Nte.) se presenta hasta el 28 de julio la exposición ¡La última y nos vamos! Homenaje a Felipe Ehrenberg, como parte de la conmemoración de su primer aniversario luctuoso. Tuve el privilegio de recorrer la muestra en compañía de Santiago Espinosa de los Monteros, director de Artes Visuales y Escénicas de la UAM, quien fuera amigo cercano y profundo conocedor del trabajo del celebrado neólogo que, como queda patente en esta exhibición, se movió a sus anchas y como pocos en todos los terrenos de la creación: pintor, dibujante, performer, videoasta, instalador, actor de cine, poeta, crítico, editor y, más allá de todo eso, fue promotor cultural, activista social, y hasta Agregado Cultural en Brasil entre 2001 y 2006, actividad que después consideró con su infalible ironía “el performance más largo” de su historia. Esta exposición, curada por al artista visual Víctor Muñoz y la que fue compañera de Ehrenberg hasta el final de sus días, Lourdes Hernández, no pretende ser una retrospectiva, sino apenas una “probadita” por demás exquisita del vastísimo –diríase inabarcable– universo ehrenberguiano, y la oportunidad de ver su trabajo de los últimos años.

La exposición da inicio con un pequeño autorretrato de Felipe realizado a lápiz sobre papel en 1955, cuando tenía doce años de edad; un “caramelo”, como bien señala Santiago Espinosa para referirse al dibujo sutil y delicado que contrasta con otros dos autorretratos de trazos expresivos, pintados con lápices de colores, ejercicios espontáneos que ya barruntan el prodigioso dibujante que fue. De esos años se muestran también dos fotografías en las que vemos al hermoso adolescente desnudo jugando con barro, literalmente “con las manos en la masa”. De ahí, el recorrido lleva al visitante por distintos estadios de la creación del neólogo, guiados por textos de la autoría de Lourdes Hernández y citas del propio artista que arrojan luces sobre las variadas y complejas obras que proponen múltiples lecturas. En sus trabajos tempranos realizados en Londres predominan las intervenciones en fotografías, revistas u objetos que indistintamente arrojan comentarios críticos con el humor y mordacidad que caracterizan toda su creación, así como registros fotográfícos de sus acciones. De especial belleza sugestiva son las cinco piezas tituladas Concomitancias que reviven el arte postal que practicó ampliamente en los sesenta y setenta, estos últimos enviados en 2013 desde Brasil a México. Dentro de una vitrina que se antoja especialmente íntima, se presentan dos piezas singulares: una se titula Hecho a mano y consiste en un largo rollo de papel en el que alcanzamos a ver unas huellas impresas con sangre de su torso que resultaron de un performance que llevó a cabo en Los Ángeles en 1995. A su lado, un pequeño dibujo que garabateó en una carpeta la noche anterior a su muerte mientras disfrutaba en el televisor de la película Children of men, de Alfonso Cuarón.

Llaman poderosamente la atención las piezas de la serie Factor Rh que presentan un collage de imágenes que hacen alusión al meme con mensajes mordaces e incisivos de una feroz crítica político-social. Por primera vez se presentan juntos los veintiocho portentosos dibujos de la serie Dr. Jekyll y Mr. Hyde en los que deslumbra la finísima calidad dibujística. En un tono radicalmente opuesto, cautivan los dibujos de la serie Pas de deux, acompañados de un testimonio filmado en el que Felipe explica en un un perfecto portugués cómo concibió estas joyas que son la representación de los cuerpos desnudos y entrelazados de él mismo y de su modelo, plasmados in vivo en pleno acto erótico que él iba dibujando con una línea fluida y precisa. La belleza y sensualidad de estas piezas es sublime. Su última obra de gran aliento es el tríptico titulado Caminata. Tengo para mí que esta fue una meditación sobre la vida en su inminente premonición de la muerte. Vida y muerte, Eros y Tánatos, se abrazaron a lo largo de toda su creación. Y Felipe permanece vivo porque celebró la vida en su creación y siempre se rió de la muerte.

 

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