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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Muy estimada secretaria de cultura

BienvenidA al cargo. Le contamos que hace unas semanas asistimos al debate organizado en la sala Roberto Cantoral para que representantes de los candidatos a la Presidencia –entre ellos usted– mostraran sus planes de cultura en caso de salir victoriosos. Aunque sabemos ya el nombre de nuestro nuevo presidente y el sentido general de su propuesta, pensamos que las ideas nacidas allí deben seguir en pie. Aquí algunas de ellas.

Primero está la inaplazable separación de la secretaría de Hacienda de la de Cultura, pues ha sido terrible la manera como el gobierno utiliza a múltiples instituciones para fiscalizar y maltratar a los artistas. La curaduría y programación de eventos y espacios culturales ha llegado a laberintos insondables, pues se les exige el alta en padrones de proveedores de bienes y no de servicios, lo que golpea la naturaleza de su hacer. No se trata de evadir controles de calidad o impuestos, pero todo se ha agravado en un ambiente de desconfianza paralizante. Ejemplo: los propios burócratas interesados en contratar a los artistas les exigen inventar falsas licitaciones para “comprobar” que su proyecto es el “más barato”. Como nos dijera hace poco uno de ellos: “los artistas deben entender que para el procedimiento burocrático son iguales a proveedores de papel de baño”. Eso debe acabar.

Por otro lado, no hay una cultura de la Evaluación. Luego de que terminan festivales, ferias, ciclos y cualquier tipo de producción –pequeña, mediana o grande–, los responsables institucionales parecen darse vacaciones mentales para reiniciar una nueva planeación que soslaya graves despilfarros e incumplimiento de objetivos. Nos ha tocado vivirlo con delegaciones mexicanas en distintos países, así como en festivales internos (Cervantino, ferias del Libro…). Aunque muchos artistas llevan a cabo estas evaluaciones con sus propios equipos, al compartirlas parece que mordieran la mano que los alimenta y por ello prefieren entrar al juego de la simulación (con tal de no perder invitaciones ni prebendas). Eso debe acabar.

Ello nos lleva al punto de la corrupción. Sí, la famosa palabra. Como es un hecho que el sector cultural siempre es golpeado con recortes presupuestales y no conviene auditar-agitar esas aguas de perfil rebelde, los intermediarios pagados, los compadrazgos y el nepotismo están a la orden del día. Eso por no hablar de las jugarretas con bancos e instituciones que guardan dineros asignados por la Federación a diferentes plazos (30, 90, 120 días), generando intereses que desaparecen entre escritorios; o la costumbre cada vez más común de pagar actuaciones con dinero en efectivo, a la manera del narco. Eso debe acabar.

Otro asunto abordado en la Cantoral fue el de la seguridad social para los artistas. Sí, hay que generar criterios y estructuras y la creación de incentivos fiscales para el desarrollo de mecenazgos en la iniciativa privada. En un mundo de fondeos colectivos online y en un país tan dinámico, esto es perentorio. Igualmente creemos esencial desarrollar en el sector público lo que estados como Jalisco han aprendido en torno a las industrias creativas y a la manera de sanear sus finanzas convirtiendo el asistencialismo artístico en una relojería sustentable, que compromete felizmente a las audiencias y que contribuye a una educación humanista. Esto independientemente de que se exija un presupuesto digno para la Secretaría de Cultura.

Finalmente, el eterno asunto de la descentralización; algo relevante cuando el turismo y el boom gastronómico pervierten a las comunidades necesitadas, sobre todo indígenas. No podemos rendirnos ante los visitantes y su sacrosanto dólar. Hay que respetar a las culturas e involucrar artistas locales, impulsar escuelas de iniciación y fortalecer las normales de maestros, imprescindibles para la paz futura. En fin, estimada secretaria de cultura. Hay mucho más en el tintero, pero para esto alcanzó el espacio. La estaremos observando. Buen domingo. Buenos sonidos. Buena semana.

 

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