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Tom Sharpe y el nuevo sistema penal

Entre la amplia producción de Tom Sharpe (Inglaterra, 1928-2013), la novela más famosa es Wilt. Su éxito dio para cuatro secuelas, adaptaciones al cine, al teatro y al audiolibro. Este autor cómico encontró en el personaje del profesor Henry Wilt el mejor modo de burlarse de una sociedad británica, donde la sociedad esconde mucho sobre temas familiares, educativos y, sobre todo, policíacos.

La farsa como exposición

La anécdota central del primer libro de Wilt es la desaparición temporal de la esposa de Wilt, por haber confiado en una pareja de estadunidenses intelectualoides, y cómo la policía intenta inculpar a Wilt. La maestría de Sharpe en lograr personajes y situaciones absurdos, pero verosímiles, es manifiesta. Henry Wilt sufre en su casa a la esposa más ingrata imaginable: abusiva, mandona, corta de inteligencia y de una fortaleza corporal comprobada por Wilt y cuantos le rodean. Wilt sufre en su trabajo de profesor a un alumnado ingrato, procaz y capaz de frustrarlo en sus intentos de hacer llegar la obra de Proust o Golding a los plomeros que van a cursar sus materias, pero también sufre a un profesorado donde los conceptos de empatía laboral, capacidad académica y organización escolar son tan inexistentes como en muchas de nuestras escuelas mexicanas.

El tino de Sharpe se da tanto en las situaciones como en diálogos y personajes. La esposa, siempre en busca de algo que le dé un poco de emoción a su aburrida vida, ha pasado por todas las actividades imaginables, además de ser una esposa insoportable, y de tratar de adherirse a grupos de personas que le den un poco de estatus social. Así, cae con la ninfómana Sally y su sometido esposo Gaskell, quienes la llevan a una fiesta donde Wilt terminará borracho, rechazando las demandas sexuales de Sally y humillado por ésta al dejarlo en el piso del baño, desnudo y con una muñeca de plástico para recreo sexual. La esposa creerá a Sally que Wilt trató de tener relaciones sexuales con ella y lo deja para irse de paseo con los esposos, en el yate que Sally ha robado, para terminar encallados en un paraje perdido. Para exorcizar sus enojos, Wilt tiene el tino de echar la muñeca inflable al agujero

de la construcción junto a la escuela donde trabaja. Por error, los trabajadores echarán toneladas de hormigón en el maltrecho juguete sexual y todos supondrán que era una persona. Mediante extraños mecanismos de asociación, la policía terminará por suponer a Wilt el asesino de la esposa que no aparece por ningún lado.

El largo tramo para que ella vuelva y se conozca la verdad se traduce en una burla sostenida sobre la policía y sus limitaciones conceptuales y operativas. Además de evidenciar un sistema escolar compuesto por burócratas e inadaptados, incapaces de ser una oferta escolar acorde a las necesidades sociales.

 

La policía y sus investigaciones

A pesar de que Wilt habla con los investigadores para exponerles toda la verdad, ellos no le creen. Y conste que, a diferencia de los policías mexicanos que gustan de los interrogatorios “científicos” (golpes con directorio telefónico para no dejar huellas visibles), los policías de Sharpe son totalmente respetuosos de la integridad de Wilt. Claro, el detalle de tenerlo por una semana en interrogatorio, para no dejarlo dormir y ver si cae en contradicciones, se parece. Entonces Wilt comprende que los policías son más tontos y necios que sus alumnos regulares (plomeros, yeseros, etcétera) y se burla de los investigadores, llevándolos a confiscar miles de embutidos, a sacar el hormigón y a decirles cómo llevar la pesquisa. La incapacidad policíaca para comprender cuándo el detenido les dice verdad es proverbial: son tan autosuficientes que sospechan siempre del inculpado. Hacen competencias entre ellos para ver qué oficial puede hacer caer a Henry, pero terminan siendo ellos los sometidos.

El poder del conocimiento y del diálogo que Wilt ha adquirido durante los años en que le han negado el ascenso como profesor, le sirven para lidiar con la policía. Al final, es un intelectual que domina a los funcionarios que nunca comprenden cuándo parar la línea de investigación: es la confrontación de una sociedad culta contra su policía (al revés de México). Wilt siente repudio por los intelectualoides que “se reían para oírse reír y exhibían una sensualidad que nada tenía que ver con los sentimientos ni siquiera con los instintos, que procedía de una imaginación mezquina y de una lujuria mimética” y esos falsos sabios son la correspondencia de una policía arrogante y abusiva.

Los policías de Sharpe nos resultan cercanos por representar la estulticia gubernamental que más tememos: la que nos deja en indefensión ante los inmisericordes delincuentes. En lo aparentemente inevitable, Sharpe nos ofrece la risa para compensar.

 

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