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Bitácora bifronte
Por Jair Cortés

Robert Herrick: Ámame poco,ámame siempre

De entre la abundante obra del poeta inglés Robert Herrick (1591-1674) hay dos poemas en los que podemos descubrir el doble filo que un mismo ser experimenta a la hora de amar y ser amado. En “A su amada (porque le reprochó que no hablara ni retozara)”, Herrick escribe desde la perspectiva de quien ama, exponiendo el porqué de su actitud mesurada: “Dices que no te amo, porque ya no juego con tus rizos, ni me paso el tiempo besándote; también me reprochas que no pueda inventar algún juego que divierta las niñas de tus ojos. Juro por la religión del amor: cuando menos lo digo, más amo. Solamente los dolores leves pueden expresarse; se sabe que los toneles llenos hacen poco o nada de ruido. Las aguas profundas son silenciosas; los arroyos más ruidosos tienen poca hondura. Por eso, cuando el amor es mudo, expresa una profundidad y esa profundidad es infinita. Y ya que mi amor es tácito, comprenderás que hablo poco porque amo demasiado.” Aquí encontramos al amor (comparado con el agua) como una práctica que sólo puede enunciarse a través de su misma acción.Robert Herrick, un hombre de palabras, concluye que entre más silencioso, más intenso es el amor.

Por otra parte, en “Ámame poco, ámame siempre”, el poeta se dirige a quien lo ama: “Dijiste que tu afecto hacia mí era grande; por favor, ámame poco, pero ámame mucho tiempo. Despacio se va lejos; el término medio es mejor: el deseo violento, o muere, o cansa.” Herrick desea, a la hora de ser él quien recibe el “afecto”, un amor como una compañía perdurable, encontrando en el tiempo un aliado, y enalteciendo la calma como una cualidad que puede ser cultivada entre los amantes para su beneficio.

La distinción que Herrick hace entre amar y ser amado deriva de dos motivos: mientras él ama tiene el control del amor, mismo que depende de él; pero si él es el objeto del amor, entonces aparece el miedo a dejar de ser querido y por ello implora a quien lo ama que tenga la voluntad necesaria para dosificarle su amor, prefiriendo la duración a la intensidad. En los dos poemas (como amante y amado) amar se presenta como una facultad con cierto dominio de las emociones, en
la que no sólo se elige a quién amar sino cómo amarlo, sin que ello demerite la legitimidad de un amor verdadero, equilibrando así el impulso instintivo y la serenidad de la razón en un amor que dirige sus fuerzas de manera consciente y plena

 

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