Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Bemol sostenido
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Bemol sostenido
Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Para que no muera la música viva

El nombre de este foro tiene que ver con las serpientes. Está en un segundo piso, arriba de un bar en la avenida Nuevo León de la colonia Condesa. Fuimos hace una semana para escuchar a un grupo de flamenco del cual hablaremos pronto en este espacio (toda una revelación). Allí caben poco más de cien personas sentadas. Es un espacio con decoración, iluminación y mobiliario agradables. El escenario es pequeño pero funciona bien. Suena bien. Se ve bien. Lo malo, por lo menos el día que fuimos, es que los decibeles de la música que sucede antes del conjunto en turno alcanzan alturas innecesarias. Ello nos hizo pensar en la cultura del volumen que vivimos en México.

Víbora que se muerde la cola, efectivamente, la del sonido excesivo puede cambiar negativamente la experiencia que propone la música. Se trata de algo que los músicos sufren directamente pues, apenas van a iniciar, ya se sienten obligados a llenar el enorme vacío dejado por lo que volaba en el aire antes de su presencia. Hablamos de establecimientos en donde la audiencia combina el arte de leer los labios con el del grito que lucha entre gritos participando de un efecto dominó que privilegia sonrisas resignadas y lecturas corporales a falta de conversaciones reales.

Tal costumbre conlleva a una de las peores inercias de nuestra vida nocturna: la de no prestar atención a quienes tocan, sobre todo si se trata de piezas originales o de repertorio poco conocido. En tales situaciones, muchos clientes se comportan como si la música siguiera rodeándolos desde un archivo digital disparado por un diyei y no desde instrumentos tañidos por manos dedicadas, estudiadas… ¿Sonamos conservadores? Lo sentimos. Deseamos contribuir a un cambio de hábitos urgente.

Desde luego hay foros en que esa conducta sería impensable e incluso se invita a que la gente apague sus celulares y guarde silencio, pero más allá de ellos –abocados a géneros clásicos, dancísticos o teatrales–, la cultura del parloteo ha crecido para causar un conflicto decisivo en el consumo musical. Y lo peor es que, aunque muchos lo comentan (“¿por qué ponen la música tan fuerte?, no se puede ni platicar”), pocos reclaman; se acepta el sometimiento como parte de un entramado estético incuestionable.

Y no, no hablaremos de la contaminación por ruido (alguna vez hemos abordado el asunto), ni haremos comparaciones con otras ciudades del mundo en donde hay un sano balance entre “quiero platicar” y “como vine a escuchar a un grupo mostraré algo de respeto cuando actúe”. Sólo diremos que la mayoría de los dueños, gerentes e ingenieros de foros nocturnos en donde se combinan la música viva y la de catálogo, creen que los cimientos del “buen ambiente” se generan saturando el aire al máximo, poniendo a prueba toda legibilidad, porque son como esos vendedores que frente a una tienda compiten, micrófono en mano, por la mirada de transeúntes agredidos sónicamente, subrayando la supuesta e indivisible relación entre el éxito –o su posibilidad– y los músculos que alcancen sus bocinas.

Es allí, al filo de la noche ensordecedora, cuando añoramos espacios en que la voz humana persista subordinando a la música grabada para que, en el momento en que un grupo de artistas tome el escenario, descienda a zonas de silencio que entreguen el comando a los oídos, esos buenos camaradas que no tienen párpados ni reciben ayuda en el desciframiento del estrépito. ¿De veras es tan difícil suponer que los de la mesa de al lado, o la mujer que se parte la madre en el tablado tras miles de horas practicando esos tresillos taconeados, apreciaría algo de espacio aéreo?

Parece que la violencia se nos ha ido tan arriba, tan lejos, que ya no vemos las muchas formas en que nos pervierte su estela. “¡Escuchemos!”, tal es el ruego que en forma de grito flamenco dispara un amigo nuestro mientras borda con su cajón la bulería. Hagámosle caso, para que no muera la música viva. Buen domingo. Buenos sonidos. Buena semana.

 

comentarios de blog provistos por Disqus