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Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Animalario musical

Hemos estado inmersos en libros sobre animales –animalarios, bestiarios–, lo que nos llevó a recordar discos, portadas, canciones y grupos musicales relacionados con ellos (hay más de cuatrocientos que tienen la palabra animal en su nombre). ¿Todos valen la pena? Lejos de gustos subjetivos, los que mencionamos aquí han dejado huella –nunca mejor dicho– en distintas épocas y géneros. Además: resulta harto entretenido seguir tópicos que no tienen que ver con la estética convencional.

Comenzaríamos con The Animals, banda de la llamada Invasión Inglesa que a finales de los sesenta triunfara en las listas de popularidad y cuyo frontman, Eric Burdon, es recordado como uno de los más interesantes “animales” escénicos del rock. Animal Logic, por su lado, fue un trío que en los ochenta ensayó un pop fino, siempre bien recibido por los oídos. Hablamos de Stewart Copeland (baterista en The Police), Stanley Clarke (bajista afamado del jazz) y Deborah Holland (voz y cantautora notable), quienes alcanzaron a sacar dos álbumes plagados de un virtuosismo singular que tristemente no convenció a los programadores de radio.

Ahora que, si toda canción es pájaro que levanta el vuelo, entonces los grupos serían el nido en que se gesta. Eso nos hace pensar en La Máquina de Hacer Pájaros. Tal es el nombre del combo argentino de progresivo que, planteado por Charly García y Carlos Cutaia, se sumó a la estética de Yes, Genesis y Pink Floyd a mediados de los años setenta. También del Cono Sur nos llegan Los Pericos, conjunto señero del ska con miles de seguidores en suelo mexicano. De Uruguay, algo menos conocidos, recomendamos hoy a los Buitres Después de la Una, cancionistas de poca distorsión y mucho oficio que no han tenido eco suficiente. Desde Chile vuelan los Criacuervos y en México cacarea la Gallina Negra.

Continuando con la avicultura, es imposible soslayar a las míticas The Byrds (fundada por Ron Wood, guitarrista en los Rolling Stones), The Yardbirds (donde coincidieran Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page), The Black Crowes (de los hermanos Robinson) y, por supuesto, a las aves más famosas del rock: Eagles (sí, los de “Hotel California”). Incluimos finalmente al combo de new wave inglés A Flock of Seagulls (Rebaño de Gaviotas), quienes se perdieron en los terrenos de los One Hit Wonders tras sacar la fantástica “I Ran (So Far Away)”.

En plan “rastrero” suenan Whitesnake y Scorpions, bandas dedicadas a un heavy ligero en el que cupieron el glam y algunas baladas de poder emblemáticas (“Winds of Change”). En tiempos más recientes y en su vertiente homínida, llegaron a la radio los Arctic Monkeys y Gorillaz. Ambas inglesas, abrieron brechas novedosas para un rock alternativo oscuro e inteligente. En otro extremo están Rata Blanca y Ratones Paranoicos, dos grupos de roedores provenientes de Argentina. La primera de metal y la segunda de rock-blues, las dos sonaron por vez primera en los años ochenta convirtiéndose en pioneras de la urbe sudamericana.

En el mundo felino, empero, tenemos a Los Gatos, Jaguares, Tigres del Norte y hasta a los Tres Tristes Tigres. Dentro de los insectos se hacen escuchar Los Grillitos de Graneros y, claro, Los Piojos. En un chiquero uruguayo se gestan las buenas rolas de La Vela Puerca. Legendarios como pocos, Los Jaivas de Chile terminaron identificados como crustáceos luego de traducir High Bass con la letra v, lo que no ha dejado de causar confusiones en su patria a causa de la homofonía. Así, podríamos seguir hablando de elefantes, pandas, ovejas, camellos y un sinfín de criaturas involucradas en la música pues las manadas, parvadas, enjambres, jaurías, cardúmenes y demás colectivos animales son inmejorables como símbolo de unidad, solidaridad y trabajo por el bien común. Más que las hordas humanas –casi siempre reunidas en pos de guerras que subrayan diferencias–, el símbolo que conforman otros grupos de seres vivos nos recuerda el estado salvaje y puro que tanto bien le hace al arte musical. Buen domingo. Buenos sonidos. Buena semana.

 

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