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Cinexcusas
Por Luis Tovar

Cine mexicano: ¿sólo por hoy?

Con declaratoria oficial y toda la cosa de por medio, emitida el pasado 20 de abril por la LXIII Legislatura –es decir la actual, que termina sus funciones dentro de once días y cuyos miembros, la mayoría priistas, panistas y perredistas, antes de largarse están robándose literalmente hasta los focos–, se instituyó el llamado Día Nacional del Cine Mexicano y se determinó que la fecha señalada es el 15 de agosto. El Instituto Mexicano de Cinematografía informó que tal acción tiene como propósito “reconocer la contribución de nuestro cine a la cultura e ideología mexicana”, que “busca promover estímulos para la industria cinematográfica”, que con él se pretende “procurar la creación de públicos”, y que “representa un reconocimiento a la relevancia del cine mexicano como expresión artística en la imagen de México y como parte esencial de la identidad nacional”.

No quedará el asunto en un solo día, pues se anunciaron actividades de diversa índole desde el pasado miércoles 15 y hasta el próximo viernes 24, comenzando por la obvia proyección de películas nacionales e incluyendo exhibiciones fotográficas, funciones de realidad virtual, homenajes a figuras rutilantes y mesas de discusión sobre temas alusivos. Los detalles pueden consultarse en el sitio web www.imcine.gob.mx

¿Será que sí?

Sin escamotear a sus creadores, promotores y difusores la bondad de los propósitos que animan el establecimiento de algo como un Día Nacional del Cine Mexicano, el hecho es que uno se llena de preguntas, comenzando con las relativas al posible (in)cumplimiento de dos asuntos específicos que se plantean: ¿“promover estímulos para la industria cinematográfica” realmente será materia abordable desde una perspectiva celebratoria? Es decir, intenciones como “reconocer la contribución de nuestro cine a la cultura e ideología”, lo mismo que “la relevancia del cine mexicano como expresión artística”, suenan acordes con el espíritu que, se supone, anima la constitución de una fecha festejable y, sobre todo, no implican una labor continuada y programática, materia de planes y medidas concretas, mensurable, como es por cierto ese otro cometido que se anuncia: ni más ni menos que “procurar la creación de públicos”, respecto del cual uno se pregunta si un día, o diez en este caso, están siendo considerados como las proverbiales golondrinas que harán el verano jamás alcanzado de crear un público no sólo masivo sino sobre todo constante para el cine mexicano. ¿Será que sí? ¿No será, muy por el contrario, que focalizar la atención en el cine mexicano en una fecha determinada actúe a modo de indeseado búmerang y provoque en las audiencias un efecto similar al que suele tener ese tipo de fechas, trátese de lo que se trate? Siempre queda flotando la idea, del todo equívoca, de que una vez festejado el festejable –la madre, el padre, el niño, la mujer, la virgencita de Guadalupe, etecé–, uno “ya cumplió” y puede, por lo tanto, volver a la normalidad, entendida como el cotidiano acto de no pensar ni ocuparse demasiado ni especialmente de aquello que se festejó.

Los días que faltan

A propósito del remencionado #DíaNacionalDelCineMexicano diversos espacios aprovecharon para realizar ejercicios de sondeo útiles para tomarle el pulso a las audiencias. Uno de ellos, @SectorCine, puso a sus lectores a votar por sus diez películas mexicanas favoritas de todos los tiempos, para obtener una lista de “las primeras cien”. Como a ellos mismos, a este juntapalabras le sorprende para bien la composición general de dicha lista, pues “entre las 25 primeras se cuelan seis películas de la década reciente […] dos dirigidas por mujeres, una de éstas es un documental y una tercera, un potente romance homosexual: tres elementos que resultaban prohibitivos o cuestionados, ya no digamos en la Época de Oro sino a inicios de los noventa”.

Quizá suene tan iluso como hablar de un Día Nacional pero, con ganas de ser optimistas, dígase que ahí la llevamos: ya nada más nos faltan otros trescientos sesenta y cuatro.

 

 

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