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Artes visuales
Por Germaine Gómez Haro


Nahui Olin: entre la melancolía y el arrebato

(i de ii)

A cuarenta años de su fallecimiento, Carmen Mondragón Valseca, mejor conocida como Nahui Olin (sobrenombre que le da el pintor Gerardo Murillo, el Dr. Atl, y que significa “el cuarto movimiento del Sol”), llega al Museo Nacional de Arte (MUNAL) en la primera gran exposición que abarca casi la totalidad de su trabajo creativo: Nahui Olin, la mirada infinita. Tuve el privilegio de hacer el recorrido con el curador de la muestra, Mariano Meza, y Adriana Malvido, autora del libro Nahui Olin, la mujer del Sol, profundos conocedores de la vida y obra de esta polémica mujer libre de prejuicios que cimbró a las “buenas conciencias” de su época. Comenta Mariano Meza para La Jornada: “La idea fue hacer una revisión clara y puntual de la obra plástica de Nahui Olin y encajarla dentro de la historiografía mexicana donde se le ha mencionado apenas en unos renglones y por lo general como la esposa de Rodríguez Lozano o la amante del Dr. Atl. La tarea era reivindicarla como artista y mostrar su importancia en su contexto histórico.” La exposición integrada por 250 piezas entre dibujos, pinturas, sus publicaciones y fotografías, revela la urgencia de una revisión integral de la creación de esta singular artista que ha pasado a la historia en mayor medida por su excepcional belleza física y su vida un tanto desenfrenada para la época, que por su obra plástica y literaria. La muestra revela facetas poco conocidas de su vida y obra que dan pie a una nueva lectura y apreciación de su trabajo, y la colocan –más allá del personaje mítico e icono feminista– en el lugar que merece entre los creadores del arte moderno mexicano del siglo XX.

Carmen Mondragón Valseca –hija del general Manuel Mondragón, cercano colaborador de Porfirio Díaz– nace en 1893 y crece en una atmósfera culta que le permite viajar a París, aprender el idioma francés y desarrollar su vocación literaria y dibujística desde muy joven. En 1913 se casa con el pintor Manuel Rodríguez Lozano y la familia se ve obligada a salir al exilio en París y San Sebastián debido a la participación del general Mondragón en la Decena Trágica. Al inicio de la exposición se presentan dibujos tempranos de corte académico, y destacan las primeras obras que realiza en San Sebastián, las cuales denotan una notable calidad dibujística. Se trata de una serie de caricaturas que marcan la pauta de lo que más adelante será su personalísimo lenguaje pictórico: de ahí provienen los ojos desmesurados y la pequeña boca de corazón en sus retratos. Así lo expresa Meza: “Aquí vemos cómo a partir de unas cuantas líneas va creando profundidad e inclusive consigue una perspectiva que no era usual en la época. Vemos cómo capta los gestos en la síntesis de las formas y eso va a aparecer más adelante en sus pinturas. Toda su obra proviene de la caricatura.” El rescate de la obra caricaturística de Nahui es una aportación de esta curaduría y llama la atención si tomamos en cuenta que en la época no era un género común en las mujeres artistas. A esto agrega Adriana Malvido: “La exposición revela la faceta humorística de Nahui. Así vemos que no todo fue drama.” En 1920 regresa a México y se separa de Rodríguez Lozano. Comienza en estos años una espiral de acontecimientos y experiencias que marcarán su vida y obra: ingresa a la Academia de San Carlos a estudiar pintura y escultura, presenta su primera exposición, inicia su tórrida relación amorosa con el Dr. Atl, publica su primer libro, Óptica cerebral. Poemas dinámicos, comienza su labor docente con niños –oficio que fue determinante en el desarrollo de su pintura–, forma parte del Sindicato de Obreros, Técnicos, Pintores y Escultores (SOTPE) con los grandes muralistas y como únicas mujeres Carmen Foncerrada y ella, y participa en el renacimiento artístico impulsado por Vasconcelos. A partir de entonces, Nahui Olin hace honor a su nombre –“el movimiento renovador de los ciclos del cosmos– y surge la pintora, poeta, musa y modelo que cautivó a propios y extraños con sus ojos verdes profundos como el mar.

(Continuará…)

 

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