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Bitácora bifronte
Por Ricardo Venegas

Guillermo Prieto, poeta
del humor popular


Si hemos de hablar de Guillermo Prieto como poeta popular, es importante mencionar sus vínculos con el humor, muy cerca de la comicidad que ha estudiado Carlos Bousoño en su Teoría de la expresión poética, sobre todo cuando entabla un diálogo con el lector y se vuelca en el personaje que emerge en sus poemas; ese alter ego que sabe tocar las fibras de sus lectores es el que apela a las distancias entre la tradición, la poesía culta y el uso de recursos literarios (figuras retóricas, licencias, métrica), en contraposición con el habla popular, el humor, el chisme y el chiste; sobre el particular Bousoño sostiene que “el chiste y la poesía tienen, pues, algo en común: tratarse en ambos casos de un conocimiento de lo ‘individual’, esto es, tratarse en ambos casos de la impresión de que se conoce individualmente, ‘saturadamente’, algo: en el chiste lo que se conoce de ese modo es una rigidez o mecanización psíquicas, o sea, la individualidad de un contenido psíquico ilegítimamente nacido, mientras en la poesía lo que se conoce de esa manera es un contenido psíquico legítimamente nacido, no fruto de mecanización ni torpeza alguna”.

Y es la ilegitimidad humorística la que valida la obra de Prieto: “Deja la humilde pocilga/ para brotar en los Tívolis,/ y le hace a Lerdo la guerra,/ con trufas y con budines./ A unos la risa provoca;/ a otros derrama la bilis;/ a unos les produce palos;/ a otros títulos insignes./ con que… ¡chitón!, y no lancen/ anatemas contra el chisme.”

De la pobreza de una “pocilga” a la ostentación (antítesis) de los “tívolis” (en Tacubaya existieron varias casas de juego, conocidas con este nombre), el poeta marca la trayectoria del chisme pasando encima del expresidente Lerdo de Tejada, embadurnándolo de “trufas y budines” (burlando la solemnidad del personaje).

Cuando Bousoño afirma que “hay toda una tradición teórica que niega que la poesía comunique cosa alguna, incurre en la polémica que también es una tradición: en poesía no es posible pontificar y descartar la comunicación, si por ello entendemos la transmisión de ciertas intenciones del autor a través de determinados artificios o artes literarias. Al autor de “Los lunes de Fidel” le preocupan sus lectores y es contundente cuando él mismo se asume como personaje de su obra. Prieto construyó a su personaje, al yo lírico que representa una voz inconfundible, indisociable e imperecedera, que se sumerge en la vida diaria de casi todo el siglo XIX.

 

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