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La religión como colonización
'Genealogía del monoteísmo. La religión como dispositivo colonial', Abdennur Prado, Akal, México, 2018.
Por Orlando Lima Rocha

Pensar la modernidad desde su faceta colonial ha sido una lectura donde, entre muchas otras posturas, las postcoloniales y descoloniales han puesto el acento desde las últimas décadas del siglo XX hasta la actualidad. Pero es sobre todo con estos últimos enfoques que se acentúa tal análisis, a partir del trabajo del célebre y recientemente fallecido sociólogo Aníbal Quijano (1928-2018), quien planteó el término de “colonialidad” como estructura de dominación mundial de larga duración y núcleo de la modernidad eurocéntrica originada con el “descubrimiento” de América (siglo XV) y gestada por medio de la consecuente clasificación social excluyente, expandida al resto del mundo hasta nuestro presente.

Dicho enfoque es retomado por el pensador barcelonés Abdennur Prado para destacar y problematizar lo que, a su juicio, ha sido un punto ciego tanto de gran parte del pensamiento descolonial como de “gobiernos y la intelectualidad occidental”: la religión cristiana como fuente de colonización occidental imperialista moderna o “dispositivo colonial”. Tal es el objetivo de su reciente obra, Genealogía del monoteísmo. La religión com o dispositivo colonial.

Se trata de la obra de un creyente y militante del islamismo, detalle nada menor, que realiza aquí una provocadora investigación desarrollada en cuatro partes sobre lo que llama “cristocentrismo” (gestado en culto oficial de la Roma imperial de Constantino i, durante el siglo IV, y elevada a grado de “religión del imperio”), entendido como fundamento del colonialismo imperialista existente en la modernidad eurocentrada aún vigente.

Prado afirma que “el colonialismo es un humanismo” (I) pues se sustenta en la clasificación excluyente y denigrante de lo no “cristiano” entendido como no “civilizado” y factible de “evangelizar” como modo de colonizar; por lo cual es necesario analizar “la religión como dispositivo colonial” (II) y retomar la dificultad de su misma conceptualización en tanto es definida desde un “cristocentrismo”, hasta caracterizar a la noción misma de religión como “universal vacío” de triple raíz: occidental, moderna y colonial, opacando así tanto a religiones no-cristianas como a invenciones occidentales de religiones identificadas con las naciones en que se “originan”, todo ello de modo estratégico para la colonización por parte de los imperios en turno –según Prado, el hinduismo como invención del imperio británico es un claro ejemplo.

El autor plantea la necesaria tarea de hacer una “descolonización de las religiones” desde la “genealogía del monoteísmo” (III), para mostrar que éste es una invención de raigambre moderna colonial y occidental (inglesa del siglo XVIII); invención difundida tanto en lo intelectual (por la historia de las religiones sobre todo), como en lo político-estatal, e imperialmente. Así se llega a moldear (colonizar) nuestra mentalidad tanto sobre las religiones “del libro” como “monoteístas” (judaísmo, cristianismo, islamismo), como a toda religión e inclusive a la secularización misma, según un modelo “cristocéntrico”, hasta homologar a toda religión con el cristianismo y a éste con el liberalismo. Por lo tanto, en opinión del autor, si colonizar es invadir la mentalidad humana de los sujetos a dominar hasta homologarlos en términos no sólo eurocéntricos sino cristocéntricos, la necesaria “descolonización de la religión” pasa, en definitiva, por su historización misma y la “recuperación de las epistemes olvidadas”, desde estrategias genealógicas, desconstructivas y discursivas, todo como expresión de las tareas de un “giro decolonial” y apertura a modos de ser “no occidentales”, donde “las palabras del Islam” (IV) sean entendidas como un “movimiento comunitario de liberación” que busca la convivencia plena con toda alteridad en sus diferencias.

Genealogía del monoteísmo es un ambicioso trabajo, de largo alcance y erudición, posicionado desde el llamado giro descolonial, que problematiza la forma religiosa del cristianismo como fundamento del colonialismo moderno occidental. Con todo lo sugerente y valioso de su aporte, y entre todos los posibles puntos críticos, destaca el hecho de asumir que sólo desde su posición se ha realizado una mirada crítica (“decolonial”, en términos de Prado) que busca historizar el hecho religioso como una creencia sólo “moderna” y al cristianismo como fenómeno meramente occidental, llegando a obviar, si no es que hasta desconocer, distintos aportes como, por ejemplo, los del plural pensamiento latinoamericano, que han reflexionado este fenómeno desde hace ya varias décadas. Eurocentrismo del propio Prado, que de cualquier manera no le resta a la imprescindible reflexión de su estudio.

 

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