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Cinexcusas
Por Luis Tovar

A título personal

 

Quien haya HECHO el favor una o más veces de leer esta columna sabe que no suelo recurrir al uso de la primera persona, pero ya que las reglas están para romperlas o para confirmarlas mediante las excepciones, y sobre todo debido a que tengo motivos de sobra para hacerlo, como se verá a continuación, por una vez me voy a dar el gusto de ir con el “yo” por delante.

Así pues, diré a título muy personal que tan pronto tuve la fortuna de que llegara a mis manos La novedad del cine mexicano, de Jorge Ayala Blanco, no veía la hora de ponerme a leerlo, y cuando finalmente pude hacerlo me sucedió lo mismo que con cada volumen entregado por Jorge a la imprenta: me lo chuté de cabo a rabo, en una sola sentada, dejando el resto de actividades para después, salvo encender un enésimo cigarro y prepararme un enésimo café. (También me llegó El cine actual, delirios narrativos, pero de esa otra delicia hablaré en otro momento.)

Dudo mucho que los lectores aludidos al principio ignoren quién es Jorge Ayala Blanco y, por consiguiente, a qué se debe el entusiasmo lector de un servidor, pero por si acaso: Ayala Blanco es el crítico cinematográfico más interesante, más inteligente y, en consecuencia, el único de verdad insoslayable en un panorama mexicano de la crítica que va de él, cima indiscutible, a las cada vez más abundantes simas de quienes mejor sería no saber nada, por no decir lisa y llanamente que sería mejor que se dedicaran a otra cosa. También es el más longevo y el más galardonado –lo cual no es poco mérito–, pero hablando de méritos, lo importante en realidad es que le asiste uno mucho más valioso: es el crítico de cine mexicano que más ha aportado a este oficio, de quien más se aprende y, otra vez dicho a título estrictamente personal, a quien más se disfruta. Vaya lo último dirigido a sus detractores, que los tiene, a los cuales el trabajo de Jorge les resulta indigesto, ora por su estilo escritural, no apto para perezosos mentales, ora por su postura invariablemente intransigente, de total exigencia, respecto de lo que mira y analiza. Sin darse cuenta, lo que esos chaparros del cerebro deploran es algo para lo que parecen haber nacido sin entendederas, llamado rigor profesional, amén del propósito que evidentemente anima los textos de Jorge, y que debería ser el de todo escritor que se respete, sea periodista, narrador o cualquier otro: disfrutar el hecho mismo de la escritura.

Hágalo usted mismo

 

Editado por el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM, escuela de la cual Ayala Blanco es decano y profesor de tiempo completo, en La novedad del cine mexicano consiste la decimocuarta entrega del célebre –y voy a insistir, indispensable– abecedario del cine nacional, que su autor viene publicando desde muchos años antes de que yutuberos, influenceros y otros opinadores desavisados y rebuznantes pergeñaran su nombre en un papel –o un teclado o, para el caso, que se grabaran diciendo “críticas”, porque eso de la escritura nomás no se les da–, que comenzó con la aventura y ha seguido con la búsqueda, la condición, la disolvencia, la eficacia, la fugacidad, la grandeza, la herética, la ilusión, la justeza, la catarsis, la lucidez, la madurez y, ahora, la novedad. Catorce volúmenes esparcidos a lo largo de seis décadas, lo cual se dice requetefácil pero ahí te quiero ver, y más si esas miles de páginas consignan la existencia, la improbable permanencia, el valor intrínseco y el relativo, de todo el cine hecho en México desde aquellos lejanos años sesenta.

En efecto, ni una sola palabra se ha dicho hasta este punto, que hable específicamente del contenido de La novedad… Por supuesto es algo deliberado y el propósito es dejar que usted, lector, descubra por sí mismo, si es que no lo ha hecho con anterioridad, esa maravilla consistente en volver a ver, pero con ojos renovadamente abiertos, aquello que vio primero en la pantalla, o si es el caso que no vio la película, que la vea gracias y a través del discurso ayaleano. Créame que lo va a disfrutar.

 

 

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