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La vigencia perpetua
'Instantáneas de la beatlemanía y otros apuntes sobre música y cultura', Alejandro Toledo, Dosfilos Editores, México, 2018.
Por Juan Gerardo Sampedro

¿Qué fenómenos sociales en Inglaterra y en Estados Unidos fueron los desencadenantes para que surgiera, al inicio de la única e inigualable década de los sesenta, un fenómeno musical y cultural conocido casi inmediatamente en todo el mundo como la beatlemanía, concepto usado por la prensa inglesa?

A decir del autor de estas instantáneas, se trató de dos hechos fundamentales (una mezcla de escándalo sexual y tragedia colectiva) que los jóvenes de entonces hallaron para decidir, conscientemente o no, que la vida tenía por delante nuevos desafíos. De manera sorpresiva, encontraron la manera de oponerse a una política tramposa e hipócrita que siempre ha representado una doble moral; enfrentaron por igual las restricciones familiares conservadoras que limitaban la realización de sus proyectos e hicieron suyas las nuevas propuestas que brotaban fuera de todo límite.

El primero fue el escándalo conocido como “Profumo”, en la Inglaterra de 1963, cuando el ministro de Guerra, John Dennis Profumo, no logró desmentir su relación extramarital con la call-girl de veintiún años Christine Keeler. Fue un escándalo mediático que llevó al suicido al osteópata Stephen Ward, quien había introducido a Christine al Partido Conservador. El segundo fue el asesinato en Dallas, Texas, del presidente John f. Kennedy el 22 de noviembre de 1963. En el marco de esos hechos, los llamados genios de Liverpool serían, en muy pocos meses, más conocidos que Cristo, tal y como lo expresara John Lennon. Es muy explicable entonces que las nuevas generaciones buscaran asideros que les señalaran otros caminos a seguir. Viene el desencanto hacia la política vacía y se busca salir del duelo que en los estadunidenses había dejado la muerte de j.f. Kennedy.

La figura, la presencia musical de los Beatles en todos los límites de la Tierra, inicia lo que después se conoció como “La invasión británica” al resto del mundo. Es indiscutible que en todo esto hubo muchos más ecos sociales. Brian Epstein, su mánager, les creo una imagen acorde al momento y convenció a Ed Sullivan para que los anunciara en su celebrado programa como un número especial.

En efecto, 1963 puede ser considerado (y ahora entendido) como un año trascendental: el deceso de Aldous Huxley, de Edith Piaf y de Silvia Plath, además del estreno de Los pájaros, de Alfred Hitchcock y la aparición de Rayuela, de Julio Cortázar, conforman y marcan el inicio de la década. Pero, apunta Alejandro Toledo, habrá quienes fijen límites y piensen que los sesenta inician el 22 de marzo de 1963 con la aparición del álbum Please Please Me y que concluye el 10 de abril de 1970, cuando Paul McCartney anuncia que se separa de Los Beatles.

Lo verdaderamente certero es que, a principios de aquel 1963, cuatro jóvenes músicos que recorrían las carreteras de la Gran Bretaña en una cuasi destartalada furgoneta alcanzaron la cumbre de la fama, dejando atrás el anonimato y convirtiéndose en una gran industria. Todo habría de cambiar para John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Star.

En las páginas de este volumen, Alejandro Toledo hace un recuento no sólo de los Beatles como el grupo musical que, en expresión del propio McCartney, estuvo en el lugar adecuado y en el momento adecuado, sino de todo contexto cultural que se gestaba en el mundo. Un ejemplo: los límites y la correspondencia de la literatura y la música. El conocido boom literario de los años sesentas lo representan los “beatles de las letras latinoamericanas”: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Julio Cortázar. No se olvida, por supuesto, al quinto beatle (Billy Preston) en una analogía con el “quinto beatle” literario: José Donoso.

El 30 de enero de 1969, los Beatles dieron la última de sus presentaciones desde la azotea de Apple; su elepé de despedida fue Abbey Road (1969), aunque en 1970 se lanza Let It Be, cuando los Beatles –escribe el autor– ya eran historia.

El sueño había terminado… “Y los sesenta parecen todavía un asunto vivo.”

 

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