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Artes visuales
Por Germaine Gómez Haro

 

Nahui Olin: entre la melancolía y el arrebato

 

 

La exposición de la pintora Carmen Mondragón Valseca, mejor conocida como Nahui Olin, en el Museo Nacional de Arte (MUNAL) ha dado mucho de qué hablar. En la entrega anterior de esta columna (3/IX/18) se esbozó el contexto histórico y artístico en el que este singular y controvertido personaje inició su quehacer plástico y literario. El objetivo de la curaduría del historiador del arte Mariano Meza en esta exposición, cuyo concepto original estuvo a cargo del investigador Tomás Zurián, ha sido desmantelar la noción de una pintura a menudo tildada de naïf y decorativa, y mostrar una faceta poco conocida de la artista: su interés y profundo conocimiento de la ciencia, la astronomía, la física y la teosofía latente de manera velada a lo largo de todo su quehacer artístico. La variedad de temas que Nahui abordó –retratos y autorretratos cargados de un erotismo salvaje; circos, corridas de toros, paisajes, fiestas populares, salones de baile, etcétera– ha sido en ocasiones sujeta a una lectura meramente superficial, pero las investigaciones recientes que se plantean en esta muestra ofrecen otra perspectiva para apreciar sus pinturas. A diferencia de lo que algunos críticos han apuntado, Nahui Olin no puede ser considerada naïf pues conocía perfectamente los cánones de la pintura académica y eligió deliberadamente transgredirlos. Se palpa en sus obras el eco de las vanguardias de la época –el primitivismo, el fauvismo, inclusive el estridentismo– en cuyas fuentes abrevó para crear un estilo personal basado en el desarrollo de una teoría del color propia. Otro punto crucial que destaca la exhibición es la importancia de su creación literaria, para mostrar que en su obra pintura y literatura son un binomio indisoluble. Para comprenderla cabalmente no basta recorrer su producción plástica, hay que leer sus libros en los que revela sus tribulaciones filosóficas y existenciales, así como sus incursiones en el pensamiento científico de la época. El núcleo de la exhibición titulado Nahui Olin: la ciencia como utopía moderna da cuenta de ello. Uno de los focos de interés de Nahui fue el relacionado con la óptica, a partir de la teoría de la perspectiva curvilínea que por esos años planteó el pintor Luis G. Serrano, y cuyo método la artista plasmó en pinturas como las plazas de toros y El paisajista Carlos Landi en la Concha de San Sebastián. En un texto revelador en el catálogo de la muestra, Mariano Meza cavila sobre la relación de la pintora con la ciencia y comenta a propósito del poema “Electricidad Éter”: “Nahui Olin emplea el concepto de la electricidad para hacer una metáfora del papel del artista como un medio para llegar a algo más grande e imperecedero”, y agrega: “La energía representada en las obras plásticas de Nahui Olin fue adquiriendo nuevos matices hasta transformarse en un erotismo donde la energía eléctrica es plasmada a partir de la pasión carnal y de la sexualidad.” Nahui Olin pintó el erotismo que experimentó a través de su cuerpo, pero más aún, se sirvió de éste como medio creativo para desarrollar una complicidad con los pintores y fotógrafos para quienes posó. Los numerosos retratos fotográficos espléndidamente museografiados que integran la muestra –en su mayoría desnudos de autores tan variados como Edward Weston (de quien se presentan varias obras inéditas), Antonio Garduño, Martín Ortíz, Librado García Smarth, Elguero, Ocón, Clarence Sinclair Bull, entre otros– invitan al espectador a ver más allá de la imagen de una modelo excepcionalmente bella con una silueta exuberante que es la misma personificación del erotismo, y captar que la artista utilizó su cuerpo como un medio per se para realizar un acto creativo en complicidad con el fotógrafo. Así lo expresa para La Jornada Semanal Adriana Malvido, autora de la obra biográfica recién reeditada Nahui Olin. La mujer del Sol: “Ella crea sobre sí misma, es su lienzo, es su papel. Nahui Olin es una artista total,” La vida y la obra de la mujer de mirada infinita siguen siendo un pozo insondable, un laberinto de misterios.

 

 

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