Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Biblioteca fantasma
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Biblioteca fantasma
Biblioteca fantasma
Por Eve Gil

La culpa


 

Desde niña, Emma Flint comenzó a rastrear historias de mujeres poco convencionales. No es una teórica feminista; tampoco planeaba hacer algo concreto con sus hallazgos. La historia de la rutilante Ruth Malone, protagonista de Muertes pequeñas, se gestaba en su mente desde la curiosidad de la infancia, concretándose en 2017, cuando Emma, quien, por cierto, oculta el año de su nacimiento, rasgo de coquetería que la emparenta un poco con su personaje, era ya una mujer madura.

Pese a ser inglesa, nacida en Newcastle, Emma ambienta su primera novela en la Nueva York de mediados de la década de los sesenta, época en que tuvo lugar el asesinato de dos niños del que se culpó a la madre, Alice Crimmins, que al igual que Malone era pelirroja, guapa y divorciada, combinación que, por default, la colocó en la mira de la policía. Este caso inspiró una novela previa, Were Are The Children?, de Mary Higgins Clark, pero Muertes pequeñas (Malpaso, España, 2018, traducción de Beatriz Galán Echevarría), le otorga un matiz mucho más rico. La certeza de la culpabilidad de Ruth es tal, que el tiempo que debería emplear en seguir la pista de los posibles asesinos, la policía lo consagra a seguirla y vigilarla, encontrando sospechosos cada uno de sus actos que, fuera de contexto, serían simples y cotidianos.

Muertes pequeñas, catalogada como “novela negra”, fue elegida entre las diez mejores del género en 2017 por The Guardian, The Wall Street Journal y The Irish Times, pero se trata, más bien, de una novela psicológica y un análisis crítico y devastador de una sociedad regida por estereotipos de orden misógino. Mucho antes del asesinato de los niños, Ruth Malone, de veintiséisaños, era objeto de curiosidad y envidia; no se parece en nada al resto de las madres de familia de su comunidad: es una camarera joven y hermosa, impecablemente maquillada, que regresa a su hogar a altas horas de la noche. Su exmarido, Frank, en cambio, es un “buenazo”, aunque no dure en los empleos y contribuya de manera muy irregular a la manutención de los niños. Su única verdadera amiga es “la solterona” Gina, que tiene toda la libertad para acompañarla en sus correrías nocturnas. En efecto, Ruth tiene varios “novios”, bebe y fuma con escasa moderación… pero la forma en que se dirige a sus hijos… los piensa, los abraza, huele sus cabellos… en especial cuando la obligan a mirar las fotografías de sus cadáveres, desgarra el corazón.

Pete Wornicke, incipiente periodista de un diario local, es de los primeros en escribir sobre “la espectacular pelirroja” sospechosa de haber asesinado a sus hijos. Termina tan obsesionado con ella como el inspector a cargo, Devlin, que no concibe que otras manos que no sean aquellas, de perfecta manicura, hayan ahogado a esas criaturitas. Pero Pete logra ver más allá de la sensualidad –y sexualidad– de la única sospechosa, y concluye que ella no pudo haber matado a los niños. No existe una sola prueba en su contra, sólo conjeturas maliciosas. Gina es la única que ha presenciado la interacción entre Ruth y sus hijos, y asegura al periodista que nunca ha conocido madre más dedicada y responsable.

Que la vieron comprando ropa nueva al día siguiente del hallazgo del cadáver de la niña, cuando todavía no encontraban el del niño; que no le han visto derramar una sola lágrima, que no luce lo suficientemente compungida…. Ruth está moralmente destrozada, pero decidida a librar una batalla contra aquellos que la persiguen y la señalan. Ni siquiera el abogado defensor que pone a su disposición uno de sus amantes –a quien Pete cuenta entre los sospechosos, que nadie investiga– la convence de dejar de ser quien es para conmover a un jurado compuesto exclusivamente por hombres. Ruth ha perdido ya lo que más ama en el mundo. De ninguna manera permitirá que le arrebaten lo único que le queda: ella misma. Una lectura feminista de la obra arrojaría muchas más dudas, por ejemplo: ¿es que acaso las mujeres que se salen de la norma están condenadas a reivindicar a la mujer de Lot, abordando un taxi que las lleve a quién sabe dónde, sin mirar atrás?

 

comentarios de blog provistos por Disqus