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Señales desde el más allá literario
'El favor de la sirena', Denis Johnson, Penguin Random House, España, 2018.
Por Federico Hernández

“Es evidente para usted que mientras escribo esto no he muerto. Pero puede que sí cuando lo lea”: con estas palabras de su libro póstumo, El favor de la sirena, Denis Johnson hace un guiño a sus lectores desde el más allá literario. Que un escritor que debutó a los diecinueve años con un libro de poemas, autor del aún deslumbrante libro de relatos Hijo de Jesús —una piedra angular de la narrativa estadunidense de fin de siglo—, se haya mantenido en activo hasta el final de su vida a pesar del cáncer, es de reconocerse. Que su última obra esté a la altura de sus mejores trabajos merece nada menos que una ovación.

El favor de la sirena es el epílogo de una aventura literaria que, desde Ángeles derrotados, el debut narrativo de Johnson, sorprendió con su visión distorsionada del mundo a través de una voz expresionista, vibrante, por momentos brutal, y un humor negro que estremece la prosa como una corriente eléctrica. En su obra, el sentido y la palabra confluyen en un lenguaje sin adornos, pero impregnado de fosforescencia poética y sinceridad frente a lo humano.

Desde el arranque, el libro póstumo de Johnson obtiene lo que cabe esperar de la última obra de un maestro, una muestra de experiencia acumulada. Los fragmentos que integran el primer relato, que da título al volumen, emulan los solos de guitarra de Eric Clapton y Jimi Hendrix, a quienes Johnson contaba entre sus influencias. Cada episodio genera la potencia necesaria para impulsarse, la melodía que despega, a menudo para venirse abajo en llamas. Un hombre adinerado se pasa de copas y descuelga una obra de arte de la pared de su casa para echarla al fuego de la chimenea. En medio de la llamada que recibe de su exesposa que se está muriendo, el narrador se pregunta con cuál de sus exesposas está hablando.

Mantener el ritmo después de esta portentosa introducción debió ser un reto. El segundo texto abre el abanico de registros, conservando la cohesión del libro, pero la fuerza inicial se diluye. En “El Starlight de Idaho”, un drogadicto en rehabilitación escribe cartas desesperadas, estridentes, algunas conmovedoras, otras más bien caricaturescas, en las que relata su estadía en un centro de desintoxicación.

El voltaje vuelve a escalar en el tercer relato. “Bob El Estrangulador” es el compañero de celda de un joven condenado a cuarenta y un días de cárcel por alteración del orden público y vandalismo. Malviajes con LSD, una delirante regresión a la prehistoria y la macabra profecía de Bob El Estrangulador, son vueltas de tuerca que llevan, a través de destellos de imaginería poética —”Parecía estar posicionado en el portal, bañado en recuerdos prehistóricos”— hasta el asombro en el párrafo final. Johnson no se empeña en reconstruir las experiencias de los reclusos: introduce al lector en el cerebro perturbado del narrador, en sus visiones insólitas para que, por sí mismo, como a través de un prisma que mezcla horror y psicodelia, el lector experimente el mundo pavoroso que anida en sus recuerdos.

En medio de la permanente crisis de abuso de drogas que vive Estados Unidos, Johnson ha tenido el acierto de retratar con gentileza a los adictos. En vez de repugnancia, uno siente simpatía por los junkies que habitan sus historias. Son personas que tomaron muy malas decisiones, pero en parte también han visto malogradas sus vidas por su contexto político y social. Al dotar de creencias mágico-religiosas a sus drogadictos —uno de ellos de hecho tiene la sensación de ser Jesucristo tentado por el Diablo—, el autor parece yuxtaponer la crisis de la fe y el abuso de drogas en una sintonía que tal vez nadie ha querido ver con la debida atención. En un mundo sin magia, los alucinógenos proveen a los desesperados, a los que siempre pierden, de experiencias místicas, epifanías oscuras, revelaciones, vaticinios fatídicos y quizá ninguna redención.

En “Triunfo sobre la muerte”, un relato que empieza con la revelación telefónica de una muerte fortuita y mantiene hasta el final un tono de necrología, es inevitable preguntarse cuál podría ser el tal “triunfo” entre tantas defunciones. Será acaso que no se sabe si Darcy, el veterano escritor de Texas que cohabita con fantasmas en su finca, sigue vivo o se encuentra, ya, en una etapa del Libro tibetano de los muertos.

Una teoría sobre el asesinato y suplantación de personalidad de Elvis Presley funciona como gatillo tragicómico en manos de un poeta metido a detective en “Doppelgänger, poltergeist”, el último relato. Formidable crescendo de humor negro, manías literarias y conjuras demoníacas, que pone punto final a la obra que nos deja Denis Johnson, un paisaje de claroscuros sobre el que, recordando una legendaria escena de Hijo de Jesús, la noche se cierne despacio, el cielo se enturbia, el silencio se expande y sólo queda el aliento.

 

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