Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Tomar la palabra
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Tomar la palabra
Tomar la palabra
Por Agustín Ramos

La Genara (ii y última)

La Genara vive un tiempo propio, exclusivo de los personajes y de sus lectores. Esa temporalidad novelística respira los rasgos sobresalientes de la obra literaria completa de la autora –no de manera repetitiva sino diferenciados, especificados, exigidos tanto por esta novela como por cualquier otro poema o narración–, de modo que La Genara sirve para señalar algunos de sus recursos –estructurales, temáticos, retóricos– que expandidos al máximo por una potencia creativa derivan naturalmente en la artista multidisciplinaria que es Rosina Conde.

Novela por entregas, La Genara transcurre en poco más de dos años, sucede mediante cartas, telegramas, faxes y e-mails y ocupa una metrópoli y la provincia pero, ojo, este último espacio se halla en la frontera norte. El carteo medular es de las hermanas Genara, que vive en Tijuana, y Luisa la mayor, habitante de La Ciudad y de otras zonas. En el resto intervienen, con dosificación de chef, otros personajes tan sólidos como las hermanas, los padres de éstas, sus amores y amistades y Cuquita, línea demarcatoria y chiste familiar. En ese microcosmos de precisión metalúrgica y gracia bailarina los mensajes se suceden ágiles y directos, culinariamente administrados, remisos o urgentes como comunicados bélicos que son, para avanzar en las peripecias amorosas con sus complicaciones morales, en los misterios y en los balbuceos existenciales, con iluminaciones e incertidumbres.

–¿Por qué todo te sale bien, Rosina? Porque lo que no me sale bien mejor no lo hago, dice, y echa otra risotada sobre el frío de la tarde pachuqueña. Al terminar algo lo lee y si no la convence lo deja. ¿En la papelera? “Pues sí, porque si no me convence a mí, ¿cómo espero que le guste a los demás?” Eso en las lides literarias, no con tu voz, ¿qué haces ahora con esa voz cantante? Dedos toscos alisan la cabellera rubia y un tic aparece, casi imperceptible, como cambio de luces de gris plomo a verde oscuro… A los dieciocho años, recién llegada a México, Rosina entró a la primera clase de Teoría literaria cargando a su bebé de meses. El maestro Huberto Batis dijo “¿No llora?” Ella respondió con idéntica neutralidad: “Si llora me salgo.”

Ni la Genara ni Luisa están lejos de esa Rosina de dieciocho ni de su Tijuana adoptiva, sin embargo los procedimientos artísticos y su actitud vital interpusieron la distancia suficiente para que La Genara pasara a propiedad, primero pero no solamente, de quienes recibieron los capítulos periódicos de la primera versión, hombres y mujeres que leyendo se leían. La escritora adoptó y acató lealmente la técnica epistolar y el método folletinesco, formas imperecederas que dejan a la imaginación del lector las escenas y los contextos pertinentes, formas idóneas para su acrobacia de verter en costumbrismo las intimidades de una generación particular que impactó las entregas semanales, moldeando, a su modo, un mundo donde lo adulto consolidado en materia y orden demarca lo juvenil esbozado a golpes de prueba y error, de vitalidad y caídas.

Para 1989, año de la edición en libro de La Genara, la autora había alcanzado el virtuosismo y la autenticidad plenas. Su enérgica disponibilidad, su rebelde entrega al mundo y su compromiso con la vida, más la experiencia laboral de guionista, correctora, traductora; más su fertilidad literaria, más unas cuantas costuras e ingredientes invisibles, consumaron la novela. La riqueza de registros, el grosor de sus significaciones estaban dados desde la concepción. Por tanto el fenómeno de la recepción tijuanense de La Genara no había sido sólo gracia y casualidad. El frío de Pachuca, donde ella “presentara” la tercera edición de esta novela, escarba la piel, apretemos el paso. Al llegar al estacionamiento del Polideportivo universitario, encuentro a la científica social Elvira Carballido y voy a presentarla, pero en cuanto ella oye el nombre de Rosina la abraza y exclama “Yo soy una Genara.”

comentarios de blog provistos por Disqus