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Eso que queremos ser
'Mundo sin dioses 1. Camino a Sognum', Benito Taibo, Planeta, México, 2018.
Por Roberto Feregrino

En Ciudad de cristal, de Paul Auster ocurre lo siguiente: Quinn, el escritor de novelas policiacas

—quien firma bajo el seudónimo de William Wilson, creador del detective Max Work— tiene la oportunidad de vivir en la realidad las experiencias de su personaje ficticio, gracias a una llamada accidental en busca del detective Paul Auster, alter ego del verdadero. A medida que avanzamos en los vericuetos de la lectura encontramos un leitmotiv: el enmascaramiento: ser otro y dejar de ser el que se es. Quinn asume ser Paul Auster e inicia un camino que lo llevará a perderse a sí mismo. Los lectores caemos en el ovillo que fue tejiendo para nosotros el narrador; nos entregamos absortos a la lectura para presenciar el desenlace que nos traerá de nuevo a la realidad al llegar al punto final. No en balde George Steiner dice que “la capacidad de mentir, de concebir y representar ficciones es inherente a nuestra realidad”, es decir, por naturaleza imaginamos y ofrecemos ficciones que, a su vez, generarán otras hasta el infinito. Cuando el lector tiene entre sus manos un libro y es atrapado por la historia, sucede algo; “la iluminación” sugiere Wolfgang Iser.

Un hacedor de ficciones es Benito Taibo (México, 1960), periodista, director de Radio UNAM, escritor y promotor cultural con una preocupación primordial: los jóvenes. Sus inicios fueron entre versos y después incursionó como novelista; sin embargo, ahora apuesta por un mundo totalmente distinto a lo que venía trabajando: el género fantástico. Bajo el título de Mundo sin dioses 1. Camino a Sognum (Planeta, 2018), Taibo rinde un homenaje a las pasiones humanas. Mediante un mundo épico engarza personajes de diferentes comarcas imaginarias como Candiló, Arbitria, Almirán, Sertera, o ese sitio que le da nombre a la primera parte de su trilogía: Sognum.

La novela cuenta con tres ejes temáticos; el primero es el que nos remite a la unidad familiar integrada por Yorik (padre), Desdémona (madre), Yago (hijo), Miranda (hija) y Oberón (primo) —en dichos personajes hay claramente un homenaje a Shakespeare por obras como Otelo, La tempestad, Hamlet o Sueño de una noche de verano. Nos cuenta cómo y por qué se funda el pueblo de Almirán, un sitio, por cierto, que pierde su cariz de tranquilidad al ser invadido por los belbuz. Los únicos sobrevivientes al ataque deberán emprender un largo viaje en busca de Desdémona.

El segundo eje es el de Azur Banná, el matemático, apresado por sus habilidades en las cuentas al jugar al “crim”. Es condenado a muerte porque creen que hace trampa, pero no, más bien razona, cuenta, se adelanta al oponente en el tablero cada tiro de dados. No obstante, es librado de la pena de muerte por una mujer, una Intocable, que al tocarlo intencionalmente lo convierte en uno como ella y luego desaparece. El matemático queda prendado de su belleza y decide ir a su encuentro a cualquier lugar del mapa; es decir, Sognum.

El tercero, y no menos importante, es un asesino a sueldo, Rovier Dangar, rescatado de su naufragio por el visir de Sartera para encomendarle que mate a Aka Ilión, amo y señor de Sognum. Rovier piensa que lo mejor es reivindicarse, escapar con su familia y volver a comenzar, pero es una opción muy alejada a su realidad; deberá volver a matar o ser asesinado.

Lo que ninguno de los personajes advierte es que el lugar al que irán —y es lo único que tienen en común— está sufriendo una revuelta que los pone en peligro; los esclavos se han levantado en armas y han tomado preso al amo de Sognum, así que las cosas no serán fáciles para nadie.

Taibo crea un mundo con la intención de evidenciar las pasiones humanas como la venganza, la soberbia, el amor, la envidia, etcétera; sin embargo, detrás de ello hay más, es un microcosmos de 220 páginas con engranajes que generan múltiples interpretaciones. Luis Villoro decía que “el hombre es un pequeño mundo que contiene todos los órdenes del universo. Pero esta correspondencia sólo se realiza porque el hombre puede ser aquello que de algún modo elija, mientras que las demás cosas no pueden ser más que aquello que ya son”. Entonces, elijamos ser Pedro Páramo, José Arcadio Buendía, Paul Auster, Olegaroy, Sherlock Holmes, Aguste Dupin o, por qué no, viajemos al mundo de Taibo para acompañar a sus personajes a Sognum. Sin palabras mágicas, construyamos aquel vaticino de Sergio Pitol donde advierte que “uno es los libros que ha leído” y seamos eso que queremos ser.

 

 

 

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