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La explotación de la periferia

Los tiempos de optimismo son (en el mejor caso) tiempos de cambio o (en el peor) de cruel aletargamiento. El optimismo puede volvernos complacientes con el estado de las cosas y pasivos frente a los enemigos. En tanto emoción, no cancela (por sí solo) el pasado, ni rediseña el futuro: exalta el presente. Además, nuestros más aberrantes problemas son cotidianos, incansables. Y el sistema es esa aberrante cotidianidad y producto de un estable arreglo económico y político, de una suma de reglas. En política, sin cambios efectivos, todo optimismo es estéril.

El periodista Emiliano Ruiz Parra –autor de crónicas esenciales sobre el activismo y la disidencia en el violento México contemporáneo– ha publicado recientemente Obra negra (FETA, 2017), un breve libro que puede servir para sentar cabeza en tiempos de optimismo exacerbado. El libro propone un estudio exhaustivo del barrio Golondrinas, en Ecatepec, Estado de México, uno de los territorios con mayor densidad poblacional del país que ha permanecido borrado de la narrativa nacional. Las crónicas sirven, asimismo, como síntesis perfecta de los fracasos del Estado de México y del Estado mexicano.

El panorama que narra Ruiz Parra concentra la corrupción y coacción imaginable en un territorio en la periferia de Ciudad de México: un espacio donde el machismo es un cuchillo perenne; donde el agua debe ser negociada porque las pipas y pozos están a kilómetros; donde la inseguridad por la tenencia de la tierra es un conflicto heredado de décadas; donde, axiomáticamente, todas las patrullas llegan tarde y la justicia es un mercado de rentas gestionado, más que por intermediarios, por las mismas autoridades; donde, por lo mismo, la muerte se hace presente en toda la infraestructura del barrio: en canales, casas, calles; donde hay personas que, a pesar de este imperdonable contexto, sueñan.

En efecto, las crónicas de Obra negra rescatan historias de personas que, contra todo, se han atrevido a seguir, que buscaron una “segunda oportunidad” en tierras inermes. Los habitantes de Las Golondrinas saben (como tantos otros) que en ese contexto la ética del sobreesfuerzo es el prerrequisito de la supervivencia. La prosa de Ruiz Parra permite explorar con detalle biografías, ilusiones, gustos, violencias –y también las diferentes estrategias con las que los habitantes de Golondrinas enfrentan al Estado o, más bien, la cotidianidad que les ha moldeado el Estado mexicano.

Porque Obra negra retrata precisamente el reverso del régimen plutocrático mexicano, a saber, un régimen de hurtos bien estructurado. La historia de las zonas periféricas –se infiere del relato de Ruiz Parra– no es la historia de Lo Olvidado por el Estado, o de un territorio sin Estado, sino de un espacio de explotación. El Estado de Obra negra es uno que en sus diferentes configuraciones históricas –antes autoritario y priista, luego “democrático” y neoliberal–, más que olvidarse de esas poblaciones marginadas, se ha servido de ellas. En la periferia todos los servicios públicos, del pavimento a la representación política, pueden ser negociados por intermediarios. La democracia mexiquense prácticamente no se puede entender sin el funcionamiento de los aparatos clientelares que nacen a partir de estas meditadas omisiones, sin la precarización e invisibilización que los posibilita.

Desde hace años lo mejor del periodismo mexicano esclarece los testimonios sobre lo que ese Estado (sin mesuras) ha ido aniquilando: territorios, comunidades, cuerpos. La mayor virtud de Ruiz Parra, empero, no es proponer un drama sobre los márgenes, sino un relato que describe el funcionamiento real de la zona metropolitana y que recupera la potencialidad política de la esperanza.

El propósito (político) de Obra negra es, así, reñir con la producción habitual de relatos y representaciones miopes de Ciudad de México, reactivando la crítica a un Estado que, en general, sigue potenciando escrupulosamente desigualdades. Se trata finalmente de un texto-denuncia que reclama –más allá de discursos complacientes y programas estériles– proyectos y propuestas que transformen efectivamente lo real, que hackeen efectivamente esa abyección sistematizada, que reacomoden efectivamente esa cotidianidad, que descentralicen, descentralicen, descentralicen, descentralicen y descentralicen los privilegios históricamente concentrados.

 

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