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Cinexcusas
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2 de octubre

“Era una película muy deteriorada. Los sonidos no estaban bien. A duras penas si se escuchaba la narración basada en un texto de Fallaci [Oriana, periodista italiana presente en Tlatelolco el 2 de octubre]. Ahora, restaurada, sí se escucha y se ve de manera distinta.” Quien afirma lo anterior es Albino Álvarez Gómez, subdirector de Rescate y Restauración de la Filmoteca de la unam, en entrevista concedida a Columba Vértiz para Proceso, y se refiere al estado en que llegó a la Filmoteca el mítico largometraje documental El grito.

Empero, sus palabras parecieran aludir involuntariamente a la realidad misma, si se considera el modo como el tiempo y la historia determinaron que el movimiento estudiantil de 1968 en México fuera abriéndose paso en la memoria colectiva: la “película” comenzó a ser deteriorada por los mismos perpetradores de la masacre ocurrida el 2 de octubre del ’68, pues el propio Ejército Mexicano dejó las bayonetas, todavía humeantes, y tomó los arreos de limpieza en el intento igualmente criminal de borrar las evidencias de su barbarie. El deterioro no empezó, sino simplemente prosiguió, a través de las voces periodísticas oficialistas que acerca de los hechos acaecidos en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco repitieron una versión oficial extremadamente ofensiva para cualquier mexicano con dos dedos de frente y uno de dignidad, en la que se hablaba de estudiantes armados, “agitadores comunistas” y ¡de veinte muertos!

Dirigido por Leobardo López Arretche y en cuya elaboración participaron, seguramente entre varios más, Alfredo Joskowicz, Francisco Bojórquez, Raúl Kamffer, Federico Villegas y Jorge de la Rosa, El grito es un elemento fundamental para la memoria colectiva de este país. Vaya si, como bien dice Álvarez Gómez, ahora se escucha y se ve de manera distinta, y de nueva cuenta no se habla aquí sólo de la magnífica restauración de la que fue objeto, sino de la dimensión histórica: medio siglo después, el innegable parteaguas sociopolítico y cultural que significó la ensangrentada versión mexicana de lo que en otros países fue considerado “la primavera del ’68”, cuenta ya con un bagaje no sólo denunciante y desmentidor de las falacias gubernamentales propaladas de manera insidiosa durante demasiados años, sino también analítico, reflexivo y útil para articular, asimilados, aquellos hechos –los ocurridos, de manera sintética y simbólica, entre el 26 de julio y el 2 de octubre– hacia atrás y hacia delante en la historia, lo primero para entender el ’68 como parte nodal de una prolongada lucha por los derechos más elementales, tercamente negados desde el mismísimo arranque de la historia moderna mexicana –y desde mucho antes, claro–, que para comprender su función de lanzadera libertaria, no únicamente en busca de una democracia de la que apenas cinco décadas más tarde comenzamos a gustar de su sabor, sino en búsqueda también de la preservación presente, y sobre todo a futuro, de la dignidad individual y colectiva, así como la obtención de justicia por medio del castigo a los culpables del genocidio cometido. Finalmente, para entender la gesta juvenil de hace medio siglo como el tardío, reprimido, difamado, pero a la vuelta de los años victorioso arranque de una modernidad en la que no hay lugar para ningún tipo de autoritarismo, menos aún para el castigo represivo a la manifestación de las ideas.

 

no se olvida

 

Estas líneas podrán ser leídas cuando ya tuvieron lugar varias exhibiciones no sólo de El grito, sino de otros trabajos fílmicos igualmente indispensables. No obstante, aún quedan proyecciones y pueden consultarse en el sitio www.arcadia.unam.mx Arcadia es el nombre de la Muestra Internacional de Cine Rescatado y Restaurado, cuya primera edición incluye, entre otros títulos, Dos de octubre, aquí México, así como Historia de un documento y Únete pueblo, los tres de Óscar Menéndez, quien recibirá un merecido homenaje. Pero hoy, a las 20:15, si está en Ciudad de México, deje lo que esté haciendo y vaya a la Plaza de las Tres Culturas a ver Olimpia, de José Manuel Cravioto.

 

 

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