Usted está aquí: Portada / Cultura / Fernando del Paso: trazos para dibujar a un poeta
Usted está aquí: Portada / Cultura / Fernando del Paso: trazos para dibujar a un poeta
Fernando del Paso: trazos para dibujar a un poeta

1

 

Viste muy elegante y de manera llamativa, ya sea en sus presentaciones en público o al recibir amigos en casa. Su estilo conjuga corbatas finísimas y coloridas; sacos de color rosa, verdes, rojos o a cuadros; calcetines de tonos y trazos cercanos al escándalo y zapatos siempre impecables. Su apostura, que incluye barba y lentes, le otorga un aire de dandi que, no me queda duda, lo enorgullece.

En la ropa del escritor, según Elena Poniatowska —citada por Carmen Villoro— están “los verdes que te quiero verde, los amarillos de copa de oro y el lila de las jacarandas que florean en marzo. Como una inmensa flor, Fernando del Paso levanta su corola hacia los primeros rayos de la mañana”. La imagen distintiva de un autor sin par.

 

2

 

Fernando del Paso habla ahora más lento, pero con la misma lucidez. Hace apenas tres años, un accidente cerebrovascular lo privó de la voz, pero la terapia y su voluntad hicieron el milagro. Hubo otros milagros antes, aquellas tantas veces en que salió victorioso de cada una de las intervenciones quirúrgicas que le han practicado; o aquella otra, cuando derrotó un infarto agudo, por el año 1995.

 

3

 

Desde hace un cuarto de siglo radica en Guadalajara, aunque nació en Ciudad de México el
1 de abril de 1935 y vivió su infancia en esa urbe. Después, becado, estuvo en Iowa, Estados Unidos, becado fue a Londres y se quedó a trabajar allá por catorce años; luego siguió París, donde fue agregado cultural y cónsul general por siete años más. Una ausencia larga que concluyó cuando decidió regresar a su país, en 1991, e instalarse en Guadalajara, donde la Universidad de Guadalajara lo invitó a dirigir la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz, cargo que aún desempeña.

En la Perla de Occidente, Del Paso es muy querido. Tiene amigos y cariño familiar. Su esposa Socorro y sus hijos Alejandro y Paulina están muy cerca de él. En la Universidad se reconoce su excelencia. Hace casi un año, el entonces rector, Tonatiuh Bravo, creó la cátedra que lleva su nombre, y la doctora Patricia Rosas, académica y funcionaria universitaria, dio vida a la colección de narrativa “Fernando del Paso” que ha publicado veinte títulos, en tirajes de diez mil ejemplares, para repartirlos entre los estudiantes.

Coincidencia de la amistad: la cátedra que lleva su nombre se creó mediante el mismo dictamen que le dio vida a la Cátedra Hugo Gutiérrez Vega, poeta que fue gran amigo de Del Paso por más de medio siglo, y con quien compartió muchos momentos de sus últimos años. En uno de sus postreros encuentros, ambos en silla de ruedas, Hugo retó a Fernando a “echar unas carreritas” y Del Paso respondió “órale”. Imposible no reír.

 

4

 

La colonia donde habita el ganador del Premio Miguel de Cervantes 2015 se llama La Calma y da la impresión de tener siempre el cielo claro. Arbolada y pacífica, al sur de la ciudad, parece evadir el tráfico tapatío, cada vez más intenso. Desde ahí, el maestro continúa sus labores de académico y escritor, al ritmo de su frágil condición.

Su casa mira hacia la calle de Andrómeda con un breve jardín exterior y una cochera. Al ingresar, todo está en orden y en las paredes del recibidor, la sala y otros espacios, cuelgan al menos dos decenas de cuadros de su autoría. En las repisas y los libreros laqueados lucen retratos familiares, que el maestro estima, junto con esculturas creadas por su mano. Ahí, en la sala, recibe a sus amigos aunque cada vez con menor frecuencia. Se cansa más ahora. Uno de ellos, Orso Arreola, es hijo del maestro de la perfección, Juan José Arreola, quien le publicó al entonces joven Del Paso, de apenas veintitrés años, sus primeros poemas en la colección Cuadernos del Unicornio, bajo el título Sonetos de lo diario.

Muchos años después, en 1994, Del Paso publicaría Memoria y olvido. Vida de Juan José Arreola, donde interroga al maestro zapotlense sobre los temas fundamentales de su vida y de su obra. El libro es muy disfrutable y, en alguna forma, corresponde a aquella antigua publicación de sus primeros versos en la colección arreolina.

 

5

 

Cuando uno le pregunta cómo es posible tanta creatividad, Del Paso explica casi sonriendo: la mano derecha es la que escribe, así que la mano izquierda perpetra su venganza pintando. Hay un video en el que el escritor aparece redactando con la mano derecha mientras dibuja con la izquierda; al mismo tiempo, como si cada mano respondiera a órdenes cerebrales distintas o como si tuvieran vidas independientes.

La respuesta de Del Paso tiene gracia pero en realidad no explica, ni remotamente, de dónde ha sacado tiempo y energía para, además de su amplio trabajo plástico, escribir obras como José Trigo (Premio Xavier Villaurrutia 1966), Palinuro de México (publicada en 1977 y premiada con el Rómulo Gallegos en 1982, entre otros galardones) y Noticias del Imperio (1988, también multipremiada), y eso sin contar otras libros de narrativa, su amplísima obra ensayística, y sus libros para niños.

Quizá las palabras de la poeta Carmen Villoro, quien dirige la Cátedra, iluminen el punto: “Fernando del Paso es un ejemplar destacado de esa especie superior: el Homo ludens. El hombre que juega es aquel que ha integrado los dones del pensamiento, el afecto y la imaginación para crear una realidad interna rica que se despliega en la obra de arte.”

Si consideramos su múltiple trabajo, podemos decir que Fernando ha sido siempre un niño. Inagotable, entusiasta, vital, imaginativo. Aún ahora, cuando la edad lo obliga a utilizar silla de ruedas y a incrementar sus horas de reposo, consigue energía, de alguna parte, para acudir, siempre elegante he dicho, a las actividades de su Cátedra. Hace un par de semanas se presentó ante un auditorio repleto para conversar con su antigua amiga Elena Poniatowska, quien afirmó, entre otras cosas: “Fernando del Paso sabe de todo, de todo. Ningún escritor de México en nuestros días, de todos los tiempos, de todos los siglos pasados y futuros tienen su erudición.”

Por algo su trabajo ha obtenido numerosos reconocimientos. Baste agregar, a los galardones ya mencionados, el Premio FIL en Lenguas Romances, el Premio Nacional de Ciencias y Artes, el Premio José Emilio Pacheco que le otorgó UC Mexicanistas, y el más reciente, este mismo año, que recibió de manos de la rectora del Claustro de Sor Juana, Carmen Beatriz López-Portillo, en el Hospicio Cabañas de Guadalajara. Al terminar el acto, Del Paso, pacientemente, aceptó decenas de selfies con sus admiradores. Feliz y juguetón.

 

6

 

Además de ser un narrador excepcional, Del Paso ha escrito teatro, ensayo, crónica, cuento y poesía. En este último género, no obstante, es aún poco conocido. Su obra poética no es extensa; en cambio, reúne elementos que la convierten en un trabajo digno de conocer, estudiar y comentar.

Sus primeros poemas, entre ellos los publicados por Arreola, fueron reunidos en 1997 bajo el título Sonetos del amor y de lo diario. En 2002 publicó Castillos en el aire, una obra en la que dialogan y se interrelacionan veintiún textos poéticos breves y diecinueve obras visuales del autor. En este libro, según la académica Carmen Vidaurre, “la acumulación de recursos poéticos produce un efecto de intenso barroquismo”. Nada extraño.

Finalmente, en 2004 publica Poemar, una serie de textos que, en realidad, constituyen un extenso poema al mar y, simultáneamente, una manifestación de los poderes del lenguaje, que, como el océano, en calma a veces, agitado otras, se manifiesta en un movimiento incesante. En él palpitan las corrientes marinas, las mareas lunares, el relente impetuoso, el intenso oleaje y el poderío de las aguas que buscan, en constante devenir —como el lenguaje— el sitio que en verdad les corresponde.

 

7

 

En su obra poética resulta impresionante la forma en que Del Paso retuerce la sintaxis, desconstruye el significado y somete frases y palabras a sus propios designios. Si la poesía nos permite ahondar en lo insondable y traer lo indecible al ámbito de la conceptualización, los textos poéticos de nuestro autor lo consiguen a partir de un manejo técnico impecable y de un ímpetu creador que no reconoce barreras ni límites.

Los poemas de Fernando del Paso se sustentan en un flujo verbal limpio, libre y poderoso. La magia de la oralidad brota como un torrente que se derrama cautivante en los imaginarios del receptor del texto, para obligarlo a entrar en un ritmo distinto al cotidiano, en un lenguaje, tal vez, a veces, áspero, pero siempre capaz de cobijar un abanico de nuevas percepciones; nuevas formas de aproximación al misterio de la vida. Para muestra, el primer poema de “Nuevos sonetos marianos”:

 

Que te acaricie yo, tus pechos, ave,

como rezar las cuentas de un rosario.

Y que mi amor badajo y campanario

te lo repique yo, que yo te clave.

 

Que sean mis manos, de tus muslos, llave.

Tus rosas, de mis dedos, relicario,

y en su fronda la lengua de un canario

con mi lengua, la sal, que yo te lave.

 

Nada más eso pido, quiero, ruego.

A eso me dedico, y a adorarte.

A quererte, y a eso, me consagro.

 

Y te juro, las manos sobre el fuego,

que volveré otra vez a codiciarte

cada vez que me cumplas el milagro.

 

No sólo se trata aquí del hecho gramatical, perfecto, trazado por la estructura del soneto, con sus ritmos y su desarrollo; hay que ver cómo somete a la semántica para que del poema surja ese halo de erotismo perfectamente delineado por un encadenamiento de imágenes que también se vinculan con el culto a la divina Madre, como lo sugiere el título y lo confirma el desenvolvimiento de los textos subsecuentes.

Del Paso es sorpresivo, original, único. El toro que toma por los cuernos es el lenguaje, y en sus poemas nos permite ver cómo lo retuerce para obligarlo a bufar. Más allá del momento, Fernando del Paso ha buscado y construido una obra monumental; una obra que es un legado para las futuras generaciones, que se ha clavado en el corazón para obligarnos a mirar al espejo y preguntar, al menos, quiénes somos l

 

 

1233
comentarios de blog provistos por Disqus