Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Prosaísmos
Usted está aquí: Portada / Arte y Pensamiento / Prosaísmos
Prosaísmos
Por Orlando Ortiz

¡Qué diferencia!

 

Aquel Jueves Santo de 1850, don Juan de Dios Cañedo, que ocupaba un cuarto del hotel La Gran Sociedad, se hallaba escribiéndole una carta a un su amigo, cuando oyó que llamaban a la puerta. Supuso que sería su criado, al que le había dado permiso de salir para mirar a la gente cumpliendo con el rito de la visita a las siete casas, pues era costumbre que ese día los católicos estrenaran ropa, calzado, sombrero, alguna prenda de vestir. Con paso lento —más por fastidio que por cansancio o edad excesiva— fue a abrirle, pero antes de conseguirlo irrumpió en la habitación un sujeto malencarado y andrajoso, que puñal en mano intentó herir al señor Cañedo. Éste era un hombre entrado en años mas no valetudinario y logró salvar el primer tajo. Presto puso de por medio la redonda mesa en la que escribía poco antes. Se inició así una desigual lucha, pues el intruso intentaba alcanzarlo y él se escabullía dando zancadas alrededor de la mesa.

¿Quién era aquel hombre que buscaba salvar el pellejo? A la sazón representaba a Jalisco en el Congreso Nacional y era un respetado y distinguido militante del Partido Liberal. Su trayectoria política era muy amplia, pues en 1813 había sido diputado en las Cortes españolas. Había sido rabioso conservador y partidario de Agustín de Iturbide; sin embargo, en 1824 se hizo republicano federalista.

Con Guadalupe Victoria fue ministro de Relaciones Exteriores y con Anastasio Bustamante, ministro de Gobernación. Embajador en varios países de nuestro continente, y ferviente admirador de don Antonio López de Santa Anna, al grado de representarlo en la ceremonia mediante la cual Santana Anna contraería matrimonio con doña Dolores Tosta. (En ese momento el controvertido personaje se hallaba en su hacienda el Lencero, guardando riguroso luto a su recién fallecida esposa, doña Inés García.) Este episodio le valió a don Juan de Dios Cañedo el mote de “el casado sin novia”, y seguramente hubo otros, pues para los apodos los mexicanos nos pintamos solos.

Regresemos al Jueves Santo de 1850. El cuchillo del facineroso había alcanzado ya en varias ocasiones a don Juan de Dios, que no obstante seguía corriendo alrededor de la mesa y pidiendo auxilio a gritos, que se confundían con las maldiciones y soeces amenazas del maleante. El agredido se desangraba por las más de veinte heridas que le había infligido su atacante. Finalmente cayó al suelo, exangüe casi, y el intruso descargó la puñalada treinta y uno en el corazón. El cadáver lo encontró un empleado del hotel horas después.

No entraré en detalles, baste decir que el botín del asesino y sus cómplices (porque los hubo) fue miserable y mucho se especuló el motivo, los autores materiales y los intelectuales; se manejó que había cuestiones políticas y... en fin, todo lo que “usos y costumbres” hacen aflorar en hechos de este tipo. Los maleantes huyeron y terminaron ocultándose en Temascaltepec, pues la policía ya les pisaba los talones. Fue inútil pues hasta ese pueblo llegaron a aprehenderlos.

Durante el juicio se conocieron los detalles, tanto el motivo (creían que el señor Cañedo tenía tres talegas de oro en su habitación), como que sólo uno de ellos era el homicida. A éste, de nombre José María Avilés, lo sentenciaron a muerte; los otros dos, a diez años de cárcel y a presenciar la ejecución de su compinche, que se realizó colgándolo del balcón al que daba la habitación en la que fue asesinado don Juan de Dios Cañedo. Todavía más: se ordenó que fuera realizada el Jueves Santo de 1851, es decir, exactamente un año después de los sangrientos hechos.

Esto vino a mi memoria porque han pasado más de quinientos días de que fueron asesinados Miroslava Breach y Javier Valdez, y no encuentran a los homicidas y por lo mismo siguen sin recibir castigo; por si fuera poco, ahora que las investigaciones forenses cuentan con numerosos artefactos y recursos para la investigación, tampoco han logrado esclarecer la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, sólo se tiene la “verdad histórica”, en la que se han gastado más de mil 200 millones de pesos, y varios detenidos que no han sido juzgados.

 

 

comentarios de blog provistos por Disqus