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Bitácora bifronte
Por Jair Cortés

El deseo que perdura en la memoriaUn poema de Konstantinos Kavafis


"PERMANECER", un breve e intenso poema de Konstantinos Kavafis (Alejandría, 1863-Atenas, 1933), publicado en 1919, aborda el tema de la experiencia erótica y de su permanencia en la memoria: “Debe haber sido la una o la una y media./ En un rincón de la taberna, tras la división de madera, aparte de nosotros, nadie./ La lámpara apenas iluminaba./ El mesero dormía cerca de la puerta./ Estábamos tan excitados que nada nos importaba./ Nuestras ropas entreabiertas... –no usábamos mucha/ por el excesivo calor del mes de julio–/ Goce de cuerpos semidesnudos, contacto rápido de pieles/ visión de lo que ocurrió hace veintiséis años/ y que ahora permanece en el poema.” Lo que atrae del poema es la manera en la que el poeta aborda, por medio de rápidas y condensadas descripciones, la anécdota, permitiéndole al lector utilizar una de las fuerzas más poderosas del erotismo: la imaginación; no sabemos, por ejemplo, entre quiénes se da este íntimo encuentro, no se mencionan ni el género, ni los nombres, ni las edades, ni rasgos distintivos de los involucrados porque en el fondo, en su substancia, el deseo es inherente a todas las personas. Por otro lado, la memoria juega un papel fundamental en el poema: han pasado “veintiséis años” y el poeta recuerda casi la hora exacta y ciertos detalles necesarios para arengar nuestra curiosidad: la madrugada, la lámpara que “apenas iluminaba”, el mesero dormido como símbolo del cuerpo que está presente pero distante en el territorio del sueño y la puerta como el espacio de entrada y salida del onírico mundo de la sensualidad. Este encuentro erótico, este “Permanecer”, se presenta siempre en un estado fronterizo (de ahí la importancia del uso de los tres puntos) entre dos zonas: la luz y la penumbra, la vigilia y el sueño, la desnudez y el vestido, lo cerrado y lo abierto, lo fugaz y lo inolvidable, todo ello circunscrito en la “división de la taberna”, y en esa ambivalencia entre “nosotros” y “nadie”, de tal manera que el poema rememora una ensoñación estival tan intensa que no se ve agotada en la satisfacción sexual y que permanece viva. Así, este maravilloso poema es encarnación del deseo en el lenguaje y la experiencia del placer se vuelve eterna, no sólo por ser evocada sino por haber sido nombrada desde la Poesía.

 

 

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