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La otra escena
Por Miguel Ángel Quemain

Paradojas de la crítica a las artes escénicas

Parece que varias instituciones coinciden en reconocer la necesidad de impulsar la crítica teatral, la meditación sobre la dramaturgia, el ejercicio de un aspecto del periodismo poco valorado, muy mal pagado y que en ocasiones parece relleno de secciones y suplementos culturales de los periódicos. En los portales de internet se valora aún menos y si en los diarios se paga mal, en los espacios electrónicos la mayoría de las veces no se remunera.

Muchos artistas escénicos han vivido de la crítica teatral y no son exclusivamente periodistas; narradores, dramaturgos, poetas, directores de escena han completado su ejercicio con una atención al teatro, antes de ser linchados o duramente criticados por sus colegas por ser una especie de juez y parte imperdonable para quienes encuentran conflictos de interés en todos lados.

Algunos de los más prominentes fueron y son: Malkha Rabel, Olga Harmony, Rafael Solana, José Antonio Alcaraz, Gonzalo Valdés Medellín, Esther Seligson, Rodrigo Johnson, Tomás Urtusástegui, Víctor Hugo Rascón Banda, Germán Castillo, Estela Leñero (quien no sólo es dramaturga sino tallerista y periodista), desde el ámbito de la investigación y la edición, Jaime Chabaud, David Olguín, Edgar Ceballos.

Esta lista por supuesto es muy incompleta y se le suman periodistas de muy alta calidad, como Luz Emilia Aguilar Zínser, Alegría Martínez (periodista, editora y promotora), Rodolfo Obregón (investigador, ensayista y reseñista), Armando Partida (investigador), Alejandro Ortiz Bullé Goyri (investigador), Denise Anzures (periodista y promotora) y, cada vez más, un conjunto de jóvenes académicos con maestrías y doctorados muy nutricios que suelen reflexionar sobre las obras que han visto seis, ocho y hasta dieciocho meses después de asistir al montaje para elaborar un fino ensayo sobre la puesta en escena, el texto, la retórica de la representación y un sinfin de categorías sobre la lingüisticidad de lo escénico que mucho iluminan el pasado de las puestas y sus cadenas de intencionalidad.

Decía Héctor Azar que en México las instituciones son las personas y no se equivocaba. Las iniciativas más sólidas han venido de la Secretaría de Cultura de CDMX (comandada por un poeta que hace crítica de poesía, Eduardo Vázquez) y de Ángel Ancona, un hacedor escénico que si bien no escribe, su oficio añejo lo convierte en una figura que pondera con justeza el quehacer escénico que programa y apoya.

De la UNAM vienen muchas cosas fascinantes pero atomizadas y sin efectividad. La Facultad de Filosofía y Letras, su Colegio de Teatro, el Centro Universitario de Teatro, no sólo son espacios donde se genera una enorme sabiduría y conocimiento, sino también donde tiene lugar una forma de hacer teatro que ya es histórica por la manera de hacerse preguntas en consonancia con un quehacer que no se desvincula de la investigación y la creación.

Por otra parte, en su búsqueda de nuevos públicos, la Dirección de Teatro ha implementado un programa de “entusiastas” espectadores que se arriesguen con reseñas, en concursos que premian hasta con cinco mil pesotes (cuatro a cinco veces más de lo que puede ganar por una reseña un crítico profesional).

Tímidamente, la crítica y sus valores ganan espacios a través de iniciativas como la Convocatoria de Artes Escénicas en el Sistema de Teatros de CDMX, en la que se inscribe la creación del Premio de Dramaturgia Joven Vicente Leñero y dos programas radiofónicos (Escenarios que se escuchan y Las músicas desde el Teatro de la Ciudad), así como el reconocimiento y apuesta por la crítica a través de la creación del Primer Premio de Crítica Teatral Olga Harmony para incentivar la creación artística, promover un modelo crítico y reconocer uno de los trabajos interpretativos más sólidos y de mayor continuidad profesional.

La Secretaría de Cultura federal convocó, en el marco del bicentenario del nacimiento de Ignacio Ramírez El Nigromante, al Encuentro por la Crítica Cultural para impulsar a nuevos críticos culturales interesados en las artes escénicas, para que un jurado seleccione textos en música, danza y teatro que serán publicados en la página del Festival Internacional Cervantino al cierre de su edición XLVI. Sea todo esto una manera de entrar en materia en torno a la crítica.

 

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