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Literatura alemana actual: todas las lenguas

 

La escritora alemana Terezia Mora, de raíces húngaras, acaba de ganar el Premio Georges Büchner, el Cervantes de la Literatura en ese idioma. Y otra escritora, Tanja Maljartschuk, nacida en Ucrania en 1983, se hizo con el Premio Ingeborg Bachmann. Extranjería, mujeres, poesía… ¿Qué está pasando con la literatura alemana en estos tiempos? Tanja Dückers y Martin Jankowski, dos escritores residentes en Berlín, ensayan sus respuestas. Tanja Dückers, nacida en Berlín (Occidental) en 1968, es una de las narradoras más reconocidas e incursiona sin más en los diversos géneros, publica tanto novela como cuentos, ensayo periodístico o poesía. Tampoco le teme a la exposición pública, opinando y comprometiéndose activamente con el feminismo y la pobreza, y el influyente semanario Cicero la ha elegido entre los intelectuales más influyentes en lengua alemana. Martin Jankowski nació en 1965 en Greiswald, en la extinta República Democrática Alemana (rda), y en los años ochenta formó parte activa de la escena de la oposición política del régimen en Leipzig como poeta y cantante. Desde mediados de los años noventa reside en Berlín como escritor y activista cultural. Creador de diferentes salones literarios, este lírico y ensayista también es narrador y coordina Stadtsprachen –lenguas de la ciudad– un movimiento que reúne expresiones literarias de escritores de idioma no alemán que residen en la capital alemana. Estas son sus opiniones con respecto a las nuevas tendencias, temáticas, el futuro del libro y las expresiones literarias.
1. Nuevas y viejas tendencias en la literatura alemana actual
Tanja Dückers
Una tendencia fundamental fue la Nueva narración, nueva épica de los noventa. Parecía que repentinamente los alemanes podían escribir como los americanos –incluyendo aquí tanto el norte como el sur de América–; ya no solamente se trataba de juegos cerebrales o expe­rimentos con el lenguaje sino, sencillamente, de contar libremente. Hubo diferentes tesis para fundamentar este cambio. Pienso que una razón para “el regreso a narrar” tiene que ver con la “visibilización” de los autores de la rda. Como el Estado comunista rechazaba formas experimentales –así como en la plástica, el realsocialismo era hostil a la abstracción–, se consolidó una tradición narrativa.
Durante un buen tiempo –y hasta hoy– muchos libros se ocuparon de la elaboración de la historia de la rda. En general la literatura dio más importancia al este y a Europa Central.
Numerosos libros se ocupaban detalladamente del nazismo, entre ellos mi novela Himmelskörper –Cuerpos celestes, 2003–, también porque después de la unificación se tuvo acceso a los archivos del Este. Al mismo tiempo llegó la moda verdaderamente a lo grande de “novelas berlinesas” que tematizaban el proceso de reunión de las dos partes de la ciudad. Mi novela Spielzone –Zona de juego, de 1999– cayó también ahí. Tuve la suerte de que mi novela fue una de los primeras “berlinesas”, porque, como ocurre con las modas, después de un tiempo los críticos no quisieron leer más novelas de ese tipo.
Otra tendencia fue la irrupción de numerosos autores jóvenes. Había gran interés por las voces de la nueva generación que habían vivido el tiempo de cambio tanto del este como del oeste. También se crearon los primeros institutos de escritura creativa en Leipzig y en Hildesheim, y comenzó a pensarse la escritura como algo que se puede aprender y enseñar.
Entre los numerosos autores había también muchas mujeres. De qué manera el mundo literario estaba dominado por hombres y qué rol jugaban las mujeres, estaba definido claramente bajo el despectivo concepto de Señorita Milagro. Así catalogaba Volker Hage, redactor de Der Spiegel, a cada autora joven (yo entre ellas) que, en los años noventa, tuviera un debut exitoso. Consideradas “moscas de un día”, las jóvenes, como Judith Hermann, Julia Frank, Jenny Erpenbeck, Karen Duve y mi modesta persona, consiguieron consolidarse. Y todo esto a pesar del viento en contra.
Martin Jankowski
Durante un tiempo coexistieron pacíficamente la vieja y la nueva época. Christa Wolf y Günter Grass siguieron escribiendo sus libros, mientras surgía una nueva generación dentro de la cual dominaban los alemanes del este, por razones de su experiencia histórica.
Hacia 1995 se volvió importante la forma clásica de la narración, se habló del “regreso del autor”, grandes novelas tuvieron nuevamente demanda, y la prosa de vanguardia, el relato corto y la lírica, de pronto ya no estaban más en primer plano.
En 2000 dominó la escena por un corto tiempo la llamada “pop literatura”, en la que un estilo de vida, marcas, la identificación con cierta música y determinados hechos jugaban un rol, así como un tono ligth, pero fue un fenómeno de marketing más que una corriente artística. Entretanto, las novelas voluminosas dominan completamente tanto el mercado del libro como los concursos literarios.
Al mismo tiempo, y desde el año 2000, hay un auge de literatura en vivo: Poetry Slams, salones de literatura, escenarios de lectura, foros de lectura, y son tan populares que nutren a los autores, más que el mercado del libro. Gracias a la digitalización hay un retorno a la oralidad, al performance, y un autor tiene que ser bueno en la presentación pública, casi como un actor, o un músico.
Al mismo tiempo, los medios digitales contribuyeron a la crisis de la crítica, que se ha vuelto muy superficial. Hoy ya no existen los grandes críticos a quienes el público sigue; en cambio, hay muchos pequeños y miles de amateurs en la crítica literaria.
La novísima tendencia actual es la escritura de novelas con situaciones en el futuro cercano –tanto utopías como distopías light–, que se conectan con situaciones cotidianas conocidas y son levemente fantásticas. Una mezcla de literatura contemporánea y ciencia ficción filosófica.
De igual manera, en el ámbito comercial del libro hay un aluvión de novelas policiales (¡también series!) con referencias a un determinado lugar, región, incluyendo tradiciones locales, dialectos y costumbres… Muy influyente desde hace unos quince años es la literatura producida por migrantes que llegaron a Alemania y que no escriben en alemán; entre ellos están los jóvenes de la Europa del Este.
2. ¿Literatura para elaborar el pasado? Literatura de la memoriao literatura egocéntrica?

Tanja Dückers
La literatura de la memoria es y permanece como el tema central en la literatura alemana. Después de la unificación se produjo una verdadera ola de novelas y relatos que se ocupaban del nazismo, tantos libros como nunca antes sobre el tema. Con el proceso de unificación se hizo cada vez más presente un pasado extremadamente difícil, con su carga y sus traumas. Antes, ambas partes alemanas habían tratado cada una por su lado de arreglarse con el futuro y diferenciarse en el presente. Ahora, el pasado común se transformaba en un tema de acuerdo, ofrecía una historia común de sufrimiento y culpa, sobre la que no se había podido conversar durante años.
No solamente escritores, también sociólogos como Harald Welzer, con su libro de irónico título El abuelo no era nazi, así como Fischer Verlag, historiadores y periodistas como Sabine Bode, muy buena periodista de la Radio de Colonia que publicó los libros Kriegskinder (Hijos de a guerra) y Kriegsenkel (Nietos de la guerra) se confrontan críticamente con el nazismo y la historia de los victimarios alemanes y las causas del Holocausto.
Martin Jankowski
Tanto el nazismo como la segunda guerra mundial son los temas número uno preferidos por la literatura alemana contemporánea, seguida de cerca por la historia de la ex RDA..
¿Literatura del yo? ¡Eso fue en los años setenta y en los ochenta! Desde la caída del Muro son muy populares las novelas familiares que relatan la vida de varias generaciones.
Notable es, que desde mediados de 2000, existe un renacimiento de la lírica, acompañada por una szene muy vital –urbana, minoritaria– de pequeñas editoriales, gracias al control alemán del precio del libro.
3. Sobre los grandes premios literarios: Georg Büchner, Premio Alemán del libro, Premio de la Feria Internacional del libro (Leipzig/Frankfurt)

Tanja Dückers
Muchos escritores nos opusimos a la creación del Premio Alemán del Libro. Algunos autores, como yo misma, intentan que sus libros se publiquen en primavera para que, al menos de esa forma, permanezcan medio año al alcance del público sin haber sido catalogados como “no aptos” para la long list de los elegidos. Es conocida la arbitrariedad con que se otorgan los premios. Yo misma fui jurado a veces y me horroricé de lo poco que se argumenta y fundamenta una elección. Así experimenté que alguien no podía recibir el premio porque ya el año anterior alguien de la misma editorial lo había recibido, de manera que ahora le tocaba el turno a otra editorial. O también: “Nos gustaría esta vez elegir una cara fresca, joven, y mejor si es mujer.” Otra vez se trataba de “ya tuvimos una mujer el año pasado, ahora tiene que ser un hombre”. O “nos gustaría elegir un migrante”. Como los premios pueden ser tan injustos, no está bien que llamen tanto la atención y que los autores sean valorados como buenos o menos buenos de acuerdo con el premio que se les otorgue.
Martin Jankowski
En Alemania hay muchos premios literarios y becas que aseguran la sobrevivencia de muchos autores. Los más importantes corresponden a las respectivas Ferias Internacionales (Frankfurt y Leipzig), con jurados de periodistas y críticos. Estos premios influyen en el mercado muy fuertemente. Gracias a su renombre, el Premio del Libro de la Feria de Frankfurt de la noche a la mañana hace de un autor una persona que jamás vuelve a tener preocupaciones de dinero.
Al margen de eso, existe una literatura muy exitosa y muy popular más allá del académico Premio del Libro. Fantasía, policiales, literatura juvenil, libros de actualidad. Aquí son los lectores quienes deciden, no los periodistas...
4. El futuro del libro: ¿Fin de la era de papel? ¿Libro electrónico? ¿O ninguno de los dos?
Tanja Dückers
En efecto, en los últimos dos años hay una tendencia regresiva del libro electrónico. Sobre todo se trata de libros de entretenimiento. La lectura como entretenimiento parece menos popular, sobre todo por la gran competencia de cine, radio y televisión, y en los últimos años se amplió a las llamadas redes sociales. Aumentan las ventas de libros de consulta y especializados. El conocimiento no se puede reemplazar tan fácilmente, pero en cambio disminuye la venta del libro de ficción.
Martin Jankowski
El libro electrónico no tiene ninguna importancia en este momento, su venta fue siempre muy baja. Los alemanes adoran el libro en papel. En el Metro la mitad lee las noticias en el teléfono, la otra mitad lee libros de bolsillo. Gruesas novelas se siguen vendiendo, pero no se leen. La tendencia es menos libro, menos literatura y más medios digitales. Se lee, pero se leen textos actuales, no ficcionales, de divulgación.
5.El futuro de la lectura, futuro de la escrituras
Tanja Dückers
No obstante el pesimismo de muchos colegas sobre el futuro del libro, les argumento que la invención del libro impreso también significó el retroceso de la narración oral y que el libro de bolsillo socavó el libro como objeto de valor. Sin embargo, nada cambió: a las personas les gusta contar historias y que le cuenten historias, reflexionar sobre su vida, identificarse con los pensamientos de otros. Soy optimista en lo que hace al futuro de la narración.
Martin Jankowski
El teatro, el performance y las artes plásticas han absorbido parte de la energía de la literatura y lo incorporaron o integraron a sus prácticas. Especialmente en la escena cultural se ha formado una suerte de mundo paralelo con autores propios, editoriales, festivales, etcétera. En esos espacios dominan otras condiciones del mercado; pienso que esa tendencia puede llegar a ser más influyente e importante en el futuro.
La literatura pura y la existencia del autor se diluyen. Los autores son también editores, diseñadores gráficos, organizadores culturales. Cine, teatro, multimedia, social media… hacia allí se encaminan los nuevos textos hoy día l
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